FICHA TÉCNICA



Título obra Cartas de la monja portuguesa

Autoría Mariana Alcanforado

Dirección Salvador Flores

Elenco Martha Verduzco

Espacios teatrales Foro Stanistablas

Referencia Bruno Bert, “Mancuerna de calidad”, en Tiempo Libre, núm. 903, 28 agosto 1997, p. 17.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Mancuerna de calidad

Bruno Bert

Cuando nace un foro independiente suelo aplaudir la iniciativa y recomendar que haya un gran cuidado en la calidad de la programación. Es eso en definitiva lo que marcará el espacio como una verdadera alternativa teatral o lo condenará a ser sólo un refugio para proposiciones amateurs, voluntariosas a veces, pero sin verdadero destino artístico.

Ahora Patricia Reyes Spíndola ha inaugurado oficialmente su foro Stanistablas en la colonia Juárez, Dinamarca esquina Londres, y por supuesto los ojos convergen hacia la sala. El pequeño foro se nos presenta, desde la primer mirada, en su exterior y en sus instalaciones internas, como una apuesta hacia un teatro profesional, por lo cuidado, lo funcional y también lo cálido. Allí se están presentando tres espectáculos simultáneamente y me tocó ver Cartas de la monja portuguesa, que bajo la dirección de Salvador Flores nos muestra Martha Verduzco en forma de monólogo.

La sala es semicircular con un escenario reducido pero cercano y suficiente para las necesidades de trabajos de cámara como el que ahora podemos gustar. La acción sucede en el interior de la celda de esta monja del siglo XVII: un espacio austero, despojado, con apenas un jergón, una columna para las flagelaciones místicas y un par de elementos más que incluyen una puerta de gruesos barrales de madera que pueden sugerirnos la cárcel, como espacio análogo al conventual en la vivencia torturada del personaje.

Es una historia de amor desdichado, en un siglo que gustaba escribir sobre monjas pasionales y contrariadas. No es mucho lo que narra. Son apenas cinco cartas a un guerrero francés, noble por añadidura, que de paso por un Portugal en guerra con España, la enamora, posee y rápidamente abandona para regresar a Francia. Cartas de reclamo donde la pasión dicta estrategias contradictorias y el reproche se mezcla con la súplica, para ser inmediatamente sustituida por el agradecimiento y en seguida por el odio.

El gran ausente es Dios, en este siglo donde paradójicamente la Inquisición levanta más hogueras que nunca y las mujeres podían terminar en un convento no por convicción sino por mera imposición familiar y social. No olvidemos que en definitiva Mariana Alconforado es contemporánea a nuestra Sor Juana... claro que en países con distinta realidad en lo que a religión hace. Pero si no está Dios, a cambio de él encontramos el talento literario, la cultura vuelta palabra elaborada y pensamiento profundamente articulado y poético. El programa de mano nos informa que Madame de Sevigné admiró esta correspondencia y popularizó el término de "portugués" como sinónimo de corresponsal apasionado. Y realmente se justifica la admiración de alguien de tan difícil maestría en el arte epistolar como Madame de Sevigné, porque indudablemente si no la sobrepasa al menos la iguala, empujada tal vez tanto por su talento como por las urgencias de su sentimiento y condición.

Es decir que lo que se nos propone como materia teatral tiene "que básicamente encenderse en una actriz para dar vida a esas páginas, que son como una prueba de las contradicciones humanas cuando están sometidas al amor.

No vamos a seguir grandes ideas, no vamos a encontrar complicadas acciones ni laberínticas tramas. No hay más que una pasión al desnudo, azuzada por el encierro y el abandono. Y un lenguaje florido, con los matices necesarios para expresar cumplidamente todas las variables del dolor y el placer, aquí tan vinculados, tan estrechamente unidos. Cinco cartas en un espacio despojado y una buena mancuerna entre dirección y actuación, para poder alcanzar directamente a ese público, que está apenas a unos pocos metros del escenario.

La alianza entre Salvador Flores y Marta Verduzco parece innegable y los resultados son como para compartirse. El trabajo del director se esconde en la gama de pequeñas acciones, en el uso medido del espacio y sobre todo por supuesto en el manejo de la actriz, siempre cambiante y sin embargo idéntica, encerrada interiormente en una prisión tan estrecha como la celda. El desempeño de Marta Verduzco confirma otra vez la capacidad de esta actriz para convencer, para manejar esa verosimilitud que no siempre el espectador encuentra en los intérpretes de un espectáculo.

En definitiva, que nace un foro con el pie derecho. Vale la pena apoyarlo con nuestra presencia.