FICHA TÉCNICA



Título obra Pervertimiento

Autoría José Sanchis Sinisterra

Dirección Aline Menassé

Elenco Aracelia Guerrero, Luis Artagnan, José Carlos Rodríguez, María Pánkova

Iluminación Marla Espinosa

Espacios teatrales Teatro Santa Catarina

Referencia Bruno Bert, “Concentrado de aburrimiento”, en Tiempo Libre, núm. 902, 21 agosto 1997, p. 17.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Concentrado de aburrimiento

Bruno Bert

José Sanchis Sinisterra es un autor español con fijaciones obsesivas. Su trabajo me interesa desde hace muchos años, y sus textos puedo pelearlos con gusto si accedo a ellos a través de la lectura. Pero las puestas de sus obras (sean o no dirigidas por él mismo) casi siempre comienzan por fascinarme, para terminar provocando una sucesiva y creciente irritación ante sus reiteraciones impenitentes y desmesura verborrágica. Ahora, en el espacio del Santa Catarina, Aline Menassé ha realizado una adaptación de dos de sus materiales: Pervertimiento y Gestos para nada, creando un producto unitario que contiene ambos nombres en su título.

Una adaptación de este tipo significa necesariamente tijera y cola frente a los dos libretos. Audacia porque Sanchis rechaza generalmente cualquier incursión de poda en los frondosos bosques de sus textos, y posible sentido de la medida que —a pesar del autor pero a favor del público— debiera devolvernos del catalán lo más sustancioso de sus propuestas.

El tema, bueno... con matices, Sanchis hace suyo aquello de que cada autor sólo tiene un tema en su vida y sus obras no son más que circunloquios sobre lo mismo. A él le preocupan el teatro, como fenómeno artístico y detonante filosófico; el trabajo del actor, el director, el autor... es decir los distintos roles que la escena permite y los juegos de ideas que se pueden desarrollar tomando apoyo en este punto, y también la vinculación de esto con lo popular, lo anónimo y la vertiente ideológica que esto implica —ha escrito bastante sobre el teatro ambulante del Siglo de Oro (y también de otras épocas)— en cuanto posición desde la que se aferra la realidad.

Como vemos, todo (y alguno que otro jueguito metafísico) está estrechamente vinculado entre sí formando la posibilidad de un discurso unitario con tantas caras como obras se le antojara hacer. Aquí hemos visto El retablo del Dorado; ¡Ay Carmela!; Ñaque, o de piojos y actores (que creo aún sigue en temporada) y ahora este material del que estamos hablando. Con variaciones y angulaciones diversas claro, todas hablan más o menos de lo mismo.

Uno de los rasgos que lo caracterizan es, además, un incisivo sentido del humor, que a veces lo emparenta con la picaresca, de la que suele abrevar en cuanto anécdotas. Y otra característica es la de diluir las historias de sostén a partir de las reflexiones que le permiten. Quiere decir que muchas veces comienza a contarnos algo y termina divagando sobre lo que ese algo le sugiere. La directora utiliza racionalmente esto y nos entrega un producto que es una suma de escenas vinculadas, sostenidas tanto por la reflexión como por el humor. Así y todo —al menos desde mi humilde perspectiva— sigue venciendo la desmesura de San-chis en contra incluso de su propia efectividad. Aline Menassé pone el acento sobre todo en la conducción de los actores, ya que son al mismo tiempo camino y fin de la obra. Y lo hace bien, logrando un buen desempeño, convincente y fluido, de buen ritmo y con el tono acorde a un texto al que se pretende contener. Pero hay tal vez demasiado respeto. Yo creo que el teatro es corno un acto amoroso y en él, pedir permiso se me hace un tanto contraproducente. Escenas como la mujer que quiere decir un monólogo (María Pánkova) o el director que da indicaciones a sus dos actores (José Carlos Rodríguez, Luis Artagnán y Aracelia Guerrero) para la realización de un momento de pasión contenida son muy sabrosas pero interminables y machaconas. Para no hablar del final que a mi gusto ameritaría una amputación drástica para evitar que el público se ponga a intervenir sin tratarse de una obra realmente participativa.

En definitiva: un grupo de sólidos actores, una directora hábil para conducirlos y además discernir qué es lo verdaderamente esencial en la escena y un autor de excelentes ideas, probado talento... e interminable habladuría vuelta texto de obra.

Un producto contradictorio que tanto produce placer como rechazo.