FICHA TÉCNICA



Título obra Reporte meteorológico

Autoría Pablo Mandoki

Dirección Pablo Mandoki

Elenco Gustavo Muñoz, Juan Ybarra, Nathalie Côté, Elizabeth Guindi, Edgar Alexen

Escenografía Mauricio Gómez Morin

Iluminación Valentin Orozco

Espacios teatrales Teatro Juan Ruiz de Alarcón

Referencia Bruno Bert, “Experimentar en Babel”, en Tiempo Libre, núm. 899, 31 julio 1997, p. 15.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Experimentar en Babel

Bruno Bert

Hacía cierto tiempo que no veía un espectáculo construido por Pablo Mandoki. Se trata de un creador con un interesante grado de originalidad que gusta de un trabajo más bien despojado de palabras e inserto en una estética medianamente vinculada al cómic de fines de los setenta, con sus corroídos ambientes post-nucleares y un cierto nivel de desesperanza existencial. Ahora ha estrenado Reporte meteorológico en el Juan Ruiz de Alarcón.

Una vez más la propuesta le pertenece en globalidad (no existe un dramaturgo externo) y él llama a este ejercicio —si no mudo al menos hermético— "cuento para representar". El espacio que nos entrega, es un fragmento de desierto arenoso, con algunos sectores acuáticos, donde se levanta un extraño monumento que bien podría pertenecer a aquella estética de "Metal Hurlant" a la que hacíamos referencia, o salir de uno de los viejos cuadros de la pintura metafísica de Giorgio De Chirico. Algo así como una caracola marina, de alrededor de cinco metros de altura, aún sin terminar. Especie de Babel en ruinas.

Del suelo, en medio de espasmos, como vomitado por la tierra en un parto de insecto, nace el primero de los cinco personajes que habrán de poblar la obra. Todos son aproximadamente iguales, hombres y mujeres, calvos y vestidos con una ropa que más bien parece una continuación del propio cuerpo; como caparazón del mismo color pardo del suelo, que les da un aspecto de mutantes o proto-hombres. Claro, aquí podemos hablar de los comienzos del ser humano, o de lo que sigue al final de cualquier apocalíptica coyuntura, de esas tan barajadas hace veinte años, y de alguna manera aún vigentes a pesar de los deshielos políticos. Sin definir si evolucionarán, en el sentido tradicional y positivista del término, o más bien involucionarán hasta reintegrarse a esa tierra de origen de la que salen.El discurso de Mandoki parece desentenderse de este "antes" o "después". Más bien examina al hombre con cierta ironía, ni siquiera demasiado cariñosa, y lo muestra atado a sus costumbres aun cuando éstas recién nacen. Cercano al refranero, lo encuentra "hijo de sus hábitos", sean éstos el trabajo, el juego o el amor-pasión por el otro sexo. Haga lo que haga siempre terminará angustiado y con sentido de culpa. En última instancia bastante insignificante en relación a la naturaleza y sus mudanzas, dadas aquí por el juego de las luces sobre un ciclorama que dibuja las horas del día y las fluctuaciones del clima como los dominantes sobre el ánimo de los pequeños hombres a los que cubre con su manto multicolor.

La visión es muy ambigua, y más nos permite gozar del trabajo de los actores, del escenógrafo y el iluminador, que sacar conclusiones sobre una postura final del propio Mandoki. Por momentos asume el pesimismo y hasta un cierto rechazo por el hombre, y en otros le otorga a los seres que inventan la capacidad de aprender, y también la cualidad proteica de treparse hasta los dioses y sus misterios como si en este caso Babel hubiera realmente servido para tomar al cielo por asalto.

La escenografía es de Mauricio Gómez Morín y tiene la belleza de lo estático, de lo pictórico, pero deja de funcionar cuando se vuelve cinética y en vinculación con los actores, que cargando piedras de hule espuma parecen salidos de una película de cine mudo por más esfuerzo que hagan para otorgarles peso y consistencia. La iluminación está en manos de Valentín Orozco y por momentos su trabajo asume una relevancia protagónica, aunque supongo que ésa es justamente la idea. En cuanto a los actores, trabajan Gustavo Muñoz, Juan Ybarra, Nathalie Côté, Elizabeth Guindi y Edgar Alexen. Detrás de cada uno —a dos de ellos los hemos visto en varios y polémicos trabajos de experimentación— se advierte un serio trabajo para la organización de su personaje y resultan verosímiles y convincentes.

En definitiva, Reporte meteorológico se muestra como un material de interés, dentro de una línea de identidad poética que define a Pablo Mandoki (y en este caso también a su equipo) como una opción a tenerse en cuenta dentro del espacio de los lenguajes independientes.