FICHA TÉCNICA



Título obra La bella y la bestia

Autoría Linda Woolverton, Alan Menken, Howard Ashman y Tim Rice

Dirección Robert Jessroth

Elenco Roberto Blandón, Norma Herrera, Lolita Cortés, Sergio Zaldívar

Espacios teatrales Teatro Orfeón

Referencia Bruno Bert, “Superproducción aunque ... no la merecemos”, en Tiempo Libre, núm. 894, 26 junio 1997, p. 17.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Superproducción, aunque... no la merecemos

Bruno Bert

Y finalmente se estrenó en México La Bella y la Bestia, una superproducción de Walt Disney que se está presentando en nueve países simultáneamente. Se trata del "concepto Broadway", con un despliegue que opaca a todos los antecedentes locales. Se habla de cifras millonarias (en dólares) y por supuesto que "todo México" asistió al estreno, desde industriales a políticos, pasando por todas las gamas de la intelectualidad, los funcionarios y el periodismo.

Para esto se inauguró el Orfeón, que de cine pasó a teatro equipándoselo con lo más sofisticado de la tecnología al servicio del espectáculo.

El fenómeno global resulta, naturalmente, más interesante que el espectáculo en particular, ya que se trata simplemente de un cuento montado para adultos (las entradas oscilan entre 90 y 450 pesos) sin más pretensión que deslumbrar por el lujo y los recursos que las mágicas computadoras son capaces de imponer.

El estilo americano de la gran comedia musical es lo que está detrás con infinitos antecedentes, sobre todo aquellos que nacen de su época de oro entre los treinta y los cincuenta. Y si de asombrar se trata, digamos que lo logra plenamente. Por supuesto en el renglón que corresponde: la visión del Show business en su mayor esplendor. Han tomado la estética de Disney básicamente bidimensional por provenir de sus películas, y la han tridimensionalizado conservando su sistema de lenguaje, su estructura de montaje y sus recursos, que pasados al teatro parecen magia con sólo ubicarse de la platea veinte para atrás.

Entonces, la factura de los trajes, siempre soberbios, la grandiosidad de las escenografías, lo inagotable de los trucos tecnológicos, lo sofisticado de las luces y la sincronía perfecta de los actores y bailarines, efectivamente recrea en vivo y en México aquello que sólo veíamos hasta hoy en el exterior de nuestro vecino primer mundista o a través del cine y el video. Fantástico, el continente del teatro es capaz de albergar todas las posibilidades de expresión. También ésta, claro.

Sin embargo no es precisamente este tipo de espectáculo aquello que me sensibiliza. Y pienso en un país en crisis como el nuestro donde la gran empresa internacional invierte ingentes sumas para generar un lujoso teatro de evasión propuesto como modelo insuperable de la importación cultural. Posiblemente beneficio (?) de las actuales circunstancias socio-históricas. Claro que esa gran empresa ya está presente en otros teatros y proyectos escénicos, a veces incluso de la mano de afamados artistas locales, y resulta pertinente hacer un seguimiento de este proceso de transformación y relevo donde el Estado se eclipsa al compás del ingreso de estos nuevos conceptos del negocio del espectáculo.

Pero volvamos a La Bella y la Bestia. Los protagónicos se hallan en manos de Roberto Blandón y Lolita Cortés. Efectivo él y dúctil ella, sin que el trabajo de ninguna de los dos destaque por encima de un cuidado profesionalismo. El elenco es evidentemente muy extenso, pero dentro de él —al menos a mi Personal gusto— es bien visible la Presencia de Lenny Zundel, como Lefou, el incondicional acompañante del apuesto Gastón, el villano de la obra. Tal vez porque sabe agregar a su personaje un toque de individualidad capaz de diferenciarse del muy cuidado esquema de contención que abarca a todos los demás, identificándolos con el "estilo Disney". Pero evidentemente aquí no hay malos actores, como tampoco existe deficiencia alguna en ninguno de los renglones que abarca el espectáculo, y esos que son muchos y variadísimos.

En definitiva, Broadway es un concepto muy claro de trabajo, pensamiento y también de acercamiento al arte del espectáculo que todos conocemos desde hace mucho tiempo. Hoy está entre nosotros sin deficiencias de subdesarrollo. Por lo tanto, los que gustan de él y de la poética del autor del Pato Donald, y tienen los dineros suficientes para pagar las entradas, quedan invitados con la seguridad que no saldrán defraudados en sus expectativas. Los demás aún pueden encontrar otras posibilidades en las carteleras locales.