FICHA TÉCNICA



Título obra El caballero de Olmedo

Autoría Félix Lope de Vega y Carpio

Dirección Luis de Tavira

Elenco Guillermo Gil, Arcelia Ramírez, Rodrigo Murray, Álvaro Guerrero, Luisa Huertas

Espacios teatrales Teatro El Galeón

Referencia Bruno Bert, “Lope, eternamente”, en Tiempo Libre, núm. 890, 29 mayo 1997, p. 17.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Lope, eternamente

Bruno Bert

Nuestro medio no es muy afecto a los clásicos del siglo de oro. Tal vez podemos ver dos o tres puestas por temporada. Algo así como el 1 por ciento de la producción anual de nuestra dudad, y con frecuencia son montajes que se hallan relacionados a procesos de estudio en escuelas teatrales o a situaciones efemérides en ámbitos universitarios.

Hoy trepa al entarimado Lope de Vega a manos de Luis de Tavira con la Compañía Nacional de Teatro. Se trata de El caballero de Olmedo una tragicomedia muy conocida que para muchos está entre las mejores de Lope en lo que hace a factura dramatúrgica y habilidad narrativa. Es una historia de amor e intriga con un marco vagamente político, en las épocas del reinado de Don Juan II, y en ella se respira la influencia —abierta y en homenaje— a La Celestina de Fernando de Rojas, de la que se toman ideas, personajes y situaciones. Aquí el director ha sido además adaptador, creando una versión que él mismo no duda de calificar como "libérrima". Lo cual nos indica que las situaciones han sido parcialmente modificadas, el lenguaje actualizado y la estructura posiblemente estilizada en función de un montaje contemporáneo. Pienso que lo que Tavira intenta, es rescatar el espíritu de ese teatro original de poesía y aventura, y tender un puente entre la sensibilidad y el gusto del siglo de oro y un similar apetito de intriga, romanticismo y despliegue escénico que caracteriza no pocos productos actuales, especialmente en el lenguaje del cine.

Así, esta versión de El caballero de Olmedo, es sobre todo imagen y efecto. Para esto Tavira incorpora al plantel a Philippe Amand, que asume la escenografía e iluminación realizando un complejo manejo de aparatos en el espacio, destinados por supuesto a crear los distintos ámbitos de la historia, pero también el clima nocturno y laberíntico propio de las callejas, plazuelas y balcones donde habrán de darse la serie de lances, encuentros, esperas y emboscadas propias de este tipo de teatro y narrativa. Esto sin dejar de lado la evocación de la pintura barroca española y flamenca, casi siempre a través de las composiciones y elección de la paleta de colores en los trajes, paredes y filtros de la iluminación, pero en otras también con explicaciones formales que bastante tienen que ver, como en juego de espejos con los que realiza Lope en el texto, con el homenaje a pintores, especialmente (aunque no de manera única) Velázquez, contemporáneo a Lope y gigantesco como él. Entonces, es claro que la creación de Amand, tejida con los efectos tan propios y reconocibles de Tavira, se mantiene intencionalmente en un primer plano, con tanta fuerza de expresividad y significación como la que ponen los actores, en una complementación muy lograda tratándose de un espectáculo de "capa y espada", donde toda lectura por debajo de la estructura anecdótica se halla muy asordinada. Y esto último nos lleva al uso del tiempo, ya que es un montaje con más de cuatro horas de extensión, y por momentos tino se pregunta si esto no es excesivo, tratándose en definitiva tan sólo de tin buen divertimento. Hay caídas, claro, y la atención oscila entre segmentos brillantes y otros no tan logrados. El trabajo de los actores posiblemente resulte polémico, pero en lo personal me parece sostenido y bastante homogéneo. Es un elenco que entre bailarines y actores oscila en los veinticinco integrantes. Marco Antonio Silva se hace cargo con el grupo Utopía de los elementos corales. Su labor y la de Tavira encuentran una relación estrecha y el resultado es un conjunto no diferenciado de intérpretes asumiendo parejamente la narración escénica. Un buen acoplamiento creativo, Guillermo Gil es Don Alonso y Arcelia Ramírez asume a Doña Inés. Tal vez mi imagen interna, de recreación literaria de estos personajes, no concuerde demasiado con la que se aprecia en la puesta, sobre todo en lo que hace a perfiles vinculados al sentido del "honor hispano" y los arquetipos derivados de él; pero de todas maneras la impuesta por los intérpretes es perfectamente congruente y válida. Destaca Luisa Huerta en Fabia y Alvaro Guerrero como Tello, ambos emparentados a la ironía de la picaresca y diseñados casi como referentes.

En definitiva, un divertimento mucho más sustancioso que los ahora propuestos a partir de la importación cultural.