FICHA TÉCNICA



Título obra Hamlet

Autoría William Shakespeare

Notas de autoría Luis Mario Moncada y Martín Acosta / adaptación

Dirección Martín Acosta

Elenco Doménico Espinosa, Mario Oliver, Juan Carlos Vives, Francis Laboriel

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Bruno Bert, “Entre el acierto y el error”, en Tiempo Libre, núm. 867, 8 mayo 1997, p. 17.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Entre el acierto y el error

Bruno Bert

Asomarse al universo de Shakespeare es encontrar tal vastedad de materiales y sugerencias que indudablemente cada director halla un ángulo desde donde seleccionar y organizar su propia visión. Es pertinente, es natural y, por supuesto, también es peligroso porque implica la posibilidad de traicionar sin fecundidad al original. Y esto —aunque no ocurre en totalidad— es lo que por momentos advertimos en la adaptación que de Hamlet realizan Luis Mario Moncada y Martín Acosta en la sugestiva y desigual versión que ahora podemos apreciar en El Granero.

El retrabajar los materiales literarios para una lectura contemporánea los lleva a cortar, interpolar, prosificar y sobre todo cotidianizar buena parte de los textos. Hecho que a su vez se repite y complementa en la puesta, en las imágenes portadoras de esos textos o de ciclos de acciones sin ellos, pero que siguen un espíritu parejo al de la adaptación textual. Como el espacio que aquí disponemos para el análisis es breve, trataré de sintetizar focalmente aquellos elementos que considero acertados y enriquecedores, separando otros que por el contrario se me hacen reductores del potencial textual shakespereano.

Bien el atreverse a un trabajo de más de tres horas y lograr entretener (en la mejor acepción del término) a los espectadores a pesar de algunas caídas. Bien el mezclar tiempos (históricos y presentes) sin una apelación unívoca de discurso e imagen. Bien el hallar la capacidad y creatividad para montar una obra de esas dimensiones en un foro de tan reducido tamaño. Y hacerlo sin tropiezos en el manejo y significación de los espacios. Bien el realzar lo sonoro en detrimento de lo objetal y rechazar casi completamente cualquier proposición de carácter escenográfico. Bien la intención de relectura de alguno de los personajes.

Ahora. Dudas en relación a una adaptación —textual y de puesta— que pretende incluir demasiadas lecturas. Algunas incluso bastante jaladas de los pelos y que van en detrimento de la puesta (la escena final de las muertes, por ejemplo, que así resulta totalmente anticlimática). Dudas sobre el tono global empleado, que quiebra la tragedia acercando el producto a un drama burgués, narrado como confidencia de café en más de una ocasión por el protagonista a los espectadores. Dudas respecto a la heterogeneidad de los actores, varios de ellos de bastante bajo rendimiento. Dudas respecto a la inclusión de ciertos exotismos que no se comprenden fuera de una lectura efectista o simplificadora (como la elección de una actriz negra para Gertrudis). Y ya que hablamos de los actores, ampliemos el renglón. Indudablemente el trabajo más sugestivo es el de Guillermina Campuzano, una Ofelia excelente cuya reinterpretación por parte del director es todo un acierto. Interesante también la labor de Doménico Espinosa en Hamlet, aunque con quiebres y muy reducido en sus dimensiones de personaje arquetípico por la propia dirección. Fuerte en la imagen y los enojos (sólo en esto) Francis Laboriel como la madre. Fértil en el manejo histriónico Jorge Avalos en sus distintas personificaciones. También interesa la presencia y el trabajo de Marco Pérez, que tensa muy bien a las contrapartes con las que actúa, incorporando además un sesgo de lectura "inquietante". Los demás se hallan muy cercanos a un gris de ausencia. A veces por ellos, en otras posiblemente por indicación del propio director.

Por fin, dudas también en relación a la necesidad de una mayor exploración en el montaje de ciertas escenas (las últimas entre otras) que sugieren posibilidades que quedan sin desarrollar, como apenas esbozadas, debilitando climas y resultados. Bueno. El saldo de esta contabilidad artística debe sacarlo cada quien, y para eso lo mejor es que se acerque a El Granero, ya que después de todo es indudable que se trata de un trabajo polémico porque ha sido encarado con seriedad por un director que no carece precisamente de propuestas... aunque éstas sean más o menos acertadas. El riesgo también vale y el arte lo agradece.