FICHA TÉCNICA



Título obra Equus

Autoría Peter Shaffer

Dirección Rafael Sánchez Navarro

Elenco Héctor Bonilla, Roberto Sosa, Mayra Rojas, Claudia Lobo

Espacios teatrales Teatro México, Centro Teatral Manolo Fábregas

Referencia Bruno Bert, “Ejercicio reminiscente”, en Tiempo Libre, núm. 880, 20 marzo 1997, p. 17.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Ejercicio reminiscente

Bruno Bert

Es un lugar común que una obra es hija de su tiempo, pero a veces esto resulta más perceptible a distancias medias, que analizando materiales que por su antigüedad ya han sido revisados desde nuestra actual forma de ver el mundo. Digo esto porque acabo de asistir a la reposición que Rafael Sánchez Navarro ha hecho de Equus, ese espectáculo de Peter Shaffer que tanto diera que hablar a niveles mundiales en épocas de su estreno fue muy interesante enfrentarme nuevamente a temáticas y formas que preocuparon sobre todo a los teatristas de los sesenta y setenta.

La estructura anecdótica está vinculada, como muchos recordarán, a dos personajes: un siquiatra y un adolescente, paciente suyo, acusado de haber cegado a seis caballos en un establo donde trabajaba, siendo particularmente extraño el hecho debido al gran afecto que el muchacho siempre demostró por esos animales. A partir de esto se pone en juego un aparato de análisis que cuestionará a la familia tradicional, a la función de la religión cuando es transmitida de una manera represiva y fanática, la validez de los impulsos sexuales, sublimados por una rígida moral casera, y —sobre todo— la validez de la siquiatría: "capaz de matar una pasión, pero no de crearla". Debemos recordar que estamos en los tiempos de la anti psiquiatría, del Dr. Laing, y de la disolución de los manicomios en grandes fiestas teatrales, de la reincorporación de los "locos" al medio social.

Allí, el teatro se "abre", se "limpia" de las convenciones burguesas anteriores para volverse un espacio donde el viento de la renovación elimina los decorados y deja apenas lo esencial para llevar a cabo una especie de operación en el cuerpo y la mente de los actores y espectadores, cercanamente comunicados por las ruptura de las divisiones tradicionales, en busca ambos de horizontes capaces de catalizar las necesidades emocionales e intelectuales del momento.

Está claro que estoy hablando de lo que se compartía hace 25 años al ver Equus, en un tiempo de vigencia aún del pensamiento y las posturas hippies, donde era bastante natural que Dios tuviera los enormes ojos de un hermoso y terrible caballo blanco. Hoy los tiempos —naturalmente— tienen otras exigencias y aunque parte del discurso sigue vigente, el hombre contemporáneo lo aborda desde muy distintas perspectivas. Lo que Sánchez Navarro ha realizado es un muy respetuoso rescate de aquellas formas y preocupaciones teatrales. Y así comulgamos con lo que interesaba hace más de una generación, pero ya no podemos deslumbrarnos de asombro porque lo que vemos son caminos largamente recorridos y explorados. Aprendemos historia del teatro, recordamos la versión cinematográfica y también otras puestas —locales e internacionales— comparamos distancias...

Pero indudablemente se trata de una puesta prolija, donde Héctor Cabrera en la escenografía e iluminación y Sánchez Navarro en la dirección de escena y actores se esfuerzan para que obtengamos la mayor vivencia posible del trabajo.

Héctor Bonilla asume al siquiatra, y lo hace dentro de su tradicional manera de trabajar: comprometida y al mismo tiempo distante, de grandes formas y voces elocuentes. Alan, el joven "enfermo" es llevado a escena por Roberto Sosa, en un buen trabajo. No lo había visto en teatro desde aquella célebre De la calle, bajo la dirección de Julio Castillo. Maneja correctamente los tonos medios de la partitura y aunque se deja llevar por una cierta complacencia en los picos de crisis muestra ser un buen actor; hecho que mejoraría sobre todo si se le exigiera usar menos las manías del oficio, antes que las confunda definitivamente con herramientas válidas y sentimientos verdaderos. Los demás se muestran en un tono acorde a estos dos conductores y resultan, quien más quien menos, bastante convincentes.

En definitiva, una reposición que vale la pena ver ya sea por darle gusto a la nostalgia o por recordar cómo se planteaban al mundo los que aún no incursionaban por el postmodernismo.