FICHA TÉCNICA



Título obra Hot line

Autoría Guido Rosas

Dirección Cristina Michaus

Elenco Lucía Saldaña, Guido Rosas

Escenografía Valentín Orozco

Iluminación Valentín Orozco

Espacios teatrales Teatro en Espiral

Referencia Bruno Bert, “De una tibieza marginal”, en Tiempo Libre, núm. 879, 13 marzo 1997, p. 17.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

De una tibieza marginal

Bruno Bert

Dentro de las obras que se están presentando en temporada en el foro de Teatro en Espiral, se encuentra Hot Line, de Guido Rosas, llevada a escena por Cristina Michaus.

La anécdota se centra en dos únicos personajes: un "masajista", de los últimamente tan publicitados en todos los medios de información, y una eventual cliente que, luego de su llamada de información, le visita a domicilio a pesar de las reticencias del hombre que hubiera preferido ser él quién buscara a la mujer en un hotel. A su vez, la estructura está compuesta en tres momentos y un final. El primero de los mismos abarca aproximadamente la mitad de la obra y es indudablemente el más sólido e interesante, tanto a nivel de construcción dramatúrgica, como de composición y dirección de actores. En este segmento se traba la relación y se pinta a los personajes: él, de alrededor de 35 años, muy profesional y ella, una burguesa casada pero sola, distante, un poco fría y elusiva. Casi como los prolegómenos de un policial en ciernes, a la espera de una acción desencadenante que aún no ubicamos de dónde procederá —muy posiblemente de ella— pero que sentimos inminente.

Aquí se lanzan algunos cabos que, en medio de la estructura anecdótica intentan tanto la justificación como el juicio a este tipo de prostitución, con su correlato le insatisfacciones vivenciales y sociales. Y hasta aquí íbamos bastante bien.

Luego viene toda una extensa secuencia de vinculación sexual como un insert con carencia absoluta de imaginación. Ya lo hemos dicho en otras oportunidades, si ponemos a dos personas desnudas en escena no podemos fingir una penetración porque el superverismo de los cuerpos entrelazados entra en contradicción con una evidente falta de erección, lo que provoca quiebre no sólo en el estilo empleado sino también en este caso en la función básica del encuentro, dado que él es (por definición de obra) "un pedazo de carne" en acción.

Sólo caben tres alternativas: o se hace pornografía, o se hace el amor sin recurrir a penetraciones imaginarias o se recurre a lo analógico en lugar de lo ilustrativo. Sin embargo, no tengo idea porque, una y otra vez vernos en distintas puestas, la misma fastidiosa limitación sólo "justificada" como simple complacencia hacia el morbo de los espectadores. Es decir que —artísticamente hablando— toda la escena está absolutamente de más. En cuanto a la tercera parte, es como si hubiera perdido el rumbo deslizándose a lo trivial, melodramático y discursivo para terminar en lo inverosímil. El cierre en sí lo callamos por obvias razones de respeto al suspenso.

Entonces, nos hallamos ante un material capaz de despertar la curiosidad y guiarnos por el inicio de un laberinto para luego dejarnos empantanados a consecuencia de la impericia del autor. Cristina Michaus elabora una puesta "de rutina", pero sin embargo evidentemente no está en ella el inconveniente básico del montaje y, por el contrario, se le ve habilidad en el manejo de los actores (dejando de lado las acciones de los desnudos) que resultan en definitiva lo más sólido del trabajo.

El "masajista" se halla encarnado por el mismo autor, y lo hace con solvencia, generando un interesante contrapunto con Lucia Saldaña, que maneja casi una contra actuación que la pone de manera muy inquietante como una observadora crítica de la acción del otro, revelado a su vez como un personaje que es actor complaciente de las fantasías del interlocutor que paga.

Entonces y resumiendo, Hot line pretende un juego que nos introduce al inundo de lo marginal, pero una vez en él no es capaz de llevarnos ni hacia un entretenimiento bien consolidado, como cabría a un policial maduro, ni tampoco hacia la vivencia de una experiencia social importante como es la muestra de lo sexual lejos de las miradas complacientes o críticas pero en definitiva tradicionales. Y creo que esto último —la revisión de la función sexual en nuestro medio— es un desafío que hubiera sido interesante sobre todo desde la perspectiva que sugiere el título. De todas maneras se perfila un autor que puede llegar a ser atractivo en su propuesta con sólo darle tiempo para madurarlas.