FICHA TÉCNICA



Título obra Ardelia o la Margarita

Notas de Título Ardele ou la Marguerite (título en el idioma original)

Autoría Jean Anouilh

Dirección José de Jesús Aceves

Grupos y compañías Compañía Mexicana de Comedia Proa

Espacios teatrales Teatro Caracol

Notas Con motivo del estreno de Ardelie o la Margarita, el autor comenta sobre la obra teatral de Jean Anohuil

Referencia Armando de Maria y Campos, “Presentación informal de Jean Anouilh, autor de Ardelia o la Margarita, comedia con la que se presenta el nuevo teatro experimental El Caracol, de José Aceves”, en Novedades, 9 noviembre 1949.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Presentación informal de Jean Anouilh, autor de Ardelia o la Margarita, comedia con la que se presenta el nuevo teatro experimental El Caracol, de José Aceves

Armando de Maria y Campos

Uno de los tres éxitos teatrales de París durante la temporada 1948-1949 que siguen interesando a los parisienses como la primera noche –Le soir de Bernstein, Ardele ou la Marguerite de Anouilh, y Les maines sales de Sartre–, ha sido elegido por el joven director mexicano José Aceves, recién llegado de Francia, para inaugurar una temporada de comedia en el flamante teatro experimental Caracol –llamado así porque se llega a él descendiendo por una escalera de ese tipo–. Aceves estuvo en París becado por la embajada de Francia en México, vio y estudió teatro, y el resultado de su viaje será, por lo pronto, presentar la pieza de Jean Anouilh Ardele ou la Marguerite.

De los tres éxitos señalados, el más popular es el de obra de Bernstein La sed, en la que el viejo autor reverdece los felices años en que rivalizaba con Bataille, porque recuerda mucho su primera "manera" –situación, efecto–, pero sin dejar de hombrearse con sus más recientes piezas, de diálogo vivísimo, con certeros toques psicológicos. Interpreta La sed –amor tardío, ardiente, sediente, de un pintor solitario– el gran actor Jean Gabin. Con Las manos sucias, Sartre cautiva la atención de los parisienses por la intriga que, aparte de su intención, interesa casi con angustia a su auditorio. Ardelia es una comedia de amor apasionado, mitad rosa, mitad negra, con sus ribetes de extravagante, que satisface a los intelectuales por su fondo y agrada al público en general por su forma. Quienes siguen a Anouilh desde L'Hermine, la pieza con la que este autor debutó en el teatro en 1920, advierten el ascenso notorio en una calidad y en una profundidad que han de llevar al comediógrafo de Antígona muy lejos.

Hubert Gignoux publicó en París, en 1946, una biografía: Jean Anouilh; en ella dice el propio Anouilh: "Yo no tengo biografía y estoy satisfecho de ello. Nací el 23 de junio de 1910 en Burdeos y vine joven a París y fui a la escuela primaria Superior Colbert, en el colegio Chaptal. Un año y medio en la Facultad de Derecho de París, dos años en una casa de publicidad donde tomé lecciones de precisión y de ingenio que me han tenido alejado de los estudios poéticos. Después de L'Hermine, decidí no vivir más que del teatro y un poco del cine. Era una locura que yo por mí mismo había decidido. Yo renuncié a hacer jamás periodismo y no tengo sobre la conciencia en el cine sino dos vodeviles y algunos "melos" olvidados y no firmados. El resto es mi vida, y mientras el cielo quiera que ésta sea aún de mi personal incumbencia, me reservo los detalles".

Aunque Jean Anouilh resulte para muchos un escritor difícil de encasillar en el devenir del teatro francés contemporáneo, no es arbitrario derivarle de ese feliz hallazgo que Jean Giraudoux supone en la escena francesa. Tiene la finura, la intención del autor de Sodoma y Gomorra, y en sustitución de aquel sentido lírico formidable, una gran capacidad para simbolizar las negaciones y los deseos modernos. Su teatro se opone a la riqueza y al conformismo burgués en Le voyageur sans bagaje. Levanta su tinglado interesantísimo en Eurydice, alrededor del problema del amor. Subraya con su arabesco inteligente, la virtud y la perfección moralizadora en La sauvage. Llegando con su Roméo et Jeannette y principalmente con Antígona, a la madurez de lo que pudiéramos llamar la fórmula expresiva teatral.

Aparte Antígona, su comedia más famosa –que dio a conocer en México el Instituto Nacional de Bellas Artes en su primera temporada de teatro universal, con Beatriz Aguirre como debutante, traducida y dirigida por Villaurrutia–, en la que Anouilh injerta en el conocido cañamazo clásico inquietudes y preocupaciones de primera categoría al aire de una eficacia lírica y teatral interesantísimas, cuenta con sus comedias "negras" –L'Hermine, La sauvage (traducida al castellano por Félix Ros; estrenada en Barcelona el 8 de octubre de 1949; Antígona lo fue en Madrid, traducida por Julio Gómez de la Serna, el 9 de mayo de 1947; Le voyageur sans bagage (de repertorio desde hace años en Buenos Aires); Eurydice y Roméo et Jeanette, estrenada en París en 1947; con sus comedias "rosas" –Le baldes voleurs, Le rendez-vous de Senlis, Leocadia (estrenada en Madrid, según traducción de José Riera Claville el 11 de marzo de 1948), La invitación al castillo, uno de los dos éxitos auténticos de la temporada teatral parisiense de 1948; el otro fue Le maître de Santiago de Montherlant. A L'invitation au chàteau, sigue, cronológicamente, Ardele ou la Marguerite.

En Anouilh se halla lo más interesante acaso del teatro francés actual, que es tanto como decir el teatro europeo de hoy. Ocupa sin duda el primer puesto de los autores contemporáneos franceses. Su teatro anuda una fantasía esclarecida, con un mensaje inteligente cuajado de sutilezas y de inteligente verdad, y "muy antiguo y muy moderno", como exigía al artista verdadero el gran liróforo de Nicaragua, el autor de Jézabel y Médée, es clásico por dentro y contemporáneo por fuera.

Según la crítica francesa Ardele ou la Marguerite es una comedia "mitad negra, mitad rosa". Anouilh califica de "negras" a sus obras en oposición a la serie quizá arbitrariamente calificada de "rosas", porque no todo lo que en ella sucede es precisamente de ese color, amable e inocente. Desde luego, que nadie incurra en la confusión de poner las obras "rosas" de Anouilh en el mismo anaquel de lo que en librería de todos los países se designa con la etiqueta de "novelas rosas".

En un rico estudio de Charles de Peyret-Chappuis, publicado en Cándide (París, 1940) sobre "El teatro y la inteligencia", a propósito de que el teatro francés se hallaba en decadencia, se recogen estas palabras del crítico Lucien Dubech: "No, una época en la que se tienen obras como las que producen Salocrou, Passeur, Giraudoux, Anouilh y Mauriac, no es una época pobre (para el teatro). No se trata más que del teatro. Pero se puede ver una razón más para adherirse a esta civilización de la cual el teatro es un elemento", y refiriéndose al teatro de Jean Anouilh le señala la difícil característica de "inteligencia mezclada a la fantasía", refiriéndose concretamente al reciente estreno de El baile de los ladrones.

"Cuando fue creada esta obra –afirma Peyret-Chappuis– se insistió, un poco en todas partes, sobre la gran dificultad técnica que presentaba, independientemente de todo otro mérito, sobre el acierto excepcional que señalaba. Siendo yo un poco también de la partida, no ignoro que fue una hazaña. Añadiré que ese es su mérito menor, pues decir que una cosa es difícil de hacer no agrega nada la verdad de que ha sido hecha. En arte sólo cuenta el resultado. Lo excepcional en el modo de hacer teatro de Anouilh es que uno nunca se da cuenta de que es una hazaña".

Estos son, lector, algunos de los muchos antecedentes del gran autor que dentro de algunas horas interpretará el grupo de teatro experimental El Caracol del inteligente animador y director José Aceves.