FICHA TÉCNICA



Título obra Delirio de amor

Dirección Gerald Huillier

Elenco Elsa Aguirre, Marco Uriel

Espacios teatrales Teatro Ramiro Jiménez

Referencia Bruno Bert, “A media agua”, en Tiempo Libre, núm. 871, 16 enero 1997, p. 14.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

A media agua

Bruno Bert

Uno de los últimos estrenos de la temporada pasada, ya casi sobre el fin de año, fue Delirio de amor, de Pablo Salinas, bajo la dirección de Gerald Huilier, en el teatro Ramiro Jiménez.

Son apenas dos personajes —un hombre y una mujer— tomados una tarde cualquiera, en el departamento de ella, viviendo una extraña vinculación amorosa. Extraña porque ella no sólo duplica la edad de su ocasional pareja, sino que además él esempleado de una agencia de"compañía" para seres solitariosen ejercicio de su trabajo...aunque ella no lo sepa desde un principio.

Temáticamente lo que la obra toma son varias vertientes colindantes: la soledad de una solterona traumada por una necesidad sexual que se niega; la inseguridad personal en un hombre joven que comienza a ser maduro, y tal vez una confrontación entre la validez del amor y la pasión en la relación de una pareja, ya sea ideal o real.

AM., un poco en abstracto, suena temáticamente atractiva. Sin embargo existen ciertas dificultades en el libreto: una caricaturización de los personajes, casi colindando la comedia, sin atreverse sin embargo a salir de la pieza; cortes demasiado bruscos en las circunstancias historiadas; contracciones narrativas en el desarrollo delos personajes y en definitiva un cierto aire de inverosimilitud que posiblemente se salvaría sólo a través de una mayor poetización o por el uso más desenfadado del humor.

Así andando, el soporte dramatúrgico está a media agua entre una propuesta interesante y un desarrollo convencional con bastante de teatro comercial, entendiendo por tal al que se halla más preocupado por los recursos de captación de público que por el valor realmente artístico del producto. Esto último se ve acentuado por una escenografía e iluminación sin carácter, de tipo estándar, que en lugar de dar realmente vida al espacio, complementándose y tejiéndose junto a las circunstancias de la historia, sólo sirve de sostén primario a los objetos.

Gerald Huilier, como director con mucha experiencia, intenta sobre todo poner el acento en el ritmo, en el juego de algunos efectos que den simpatía a las situaciones y el trabajo de los actores —Elsa Aguirre y Marco Uriel— sin incidir demasiado en las estructuras narrativas, bastante débiles, que recibe del autor. El resultado se consigue a medias, y así el producto solo interesa por momentos, cayendo con frecuencia en espacios poco seductores. En lo que hace a la labor de los dos únicos intérpretes, tenemos a una Elsa Aguirre que maneja al personaje con un cierto esfuerzo, bastante quebrado, sobre todo en el primer acto, para ir luego ganando confianza poco a poco, haciendo propia la figura de la protagonista, generando ese necesario cambio entre la envarada profesora de buenos modales del comienzo y la mujer que asume las necesidades eróticas de una edad ya un tanto tardía para las iniciaciones, al final del trabajo. Las dificultades, más que dadas por la actriz, se hayan implícitas en lo poco verosímil dela estructura, y la obliga —tanto a ella como al director— a ciertos malabares actorales para evitar la descolocación. En cuanto a Marco Uriel, encarna un personaje de por sí bastante increíble, cargado de palabras, que en el segundo acto se vuelve un disquisidor teórico completamente fuera de la estructura no sólo del personaje primero bosquejado, sino de la dirección y tono que la obra había cobrado, sin lograr sin embargo generar una propuesta diferente. De nuevo y al igual que la actriz, no es suya la responsabilidad, pero en definitiva lo obliga a una falsa espontaneidad que pesa bastante en casi todo el espectáculo. Es interesante esta dificultad, porque el cuerpo y sus derechos es uno de los hilos fundamentales de la propuesta, y sin embargo, y a pesar de los semidesnudos, lo que no hay en escena es justamente el erotismo que debiera estar soterrado bajo los prejuicios de ella y detrás del "profesionalismo" sexual de él. Tal vez el tratamiento conceptual pueda sorprender a algún espectador, sobre todo si es femenino y más o menos conservador en sus valores; sería sin embargo interesante haber llevado las posiciones ideológicas al plano del impacto emocional a partir de transgresiones perceptibles como "reales" por el espectador.

En definitiva, un delirio con elementos contradictorios, valiosos algunos y no tanto otros, pero que puede llegar sin embargo a encontrar a su público.