FICHA TÉCNICA



Notas El autor hace un balance crítico del teatro en 1996

Referencia Bruno Bert, “Recordando sin ira, II y última”, en Tiempo Libre, núm. 869, 2 enero 1997, p. 9.




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Referencia Electrónica


Teatro

Recordando sin ira / II y última

Bruno Bert

En el número anterior mencionábamos aquellas obras que nos parecieron más relevantes del 96, sobre todo como manifestación de una búsqueda de identidad en un momento socialmente crítico. Pero no abordamos otros temas que complementan el panorama teatral de nuestro medio, y es lo que haremos hoy.

Con las líneas que ya exploráramos en la temporada pasada, podríamos advertir, por ejemplo, lo poco que se han arraigado en nuestro medio expresiones artísticas de carácter grupal e independiente, aun cuando todo indicaría que esa podría ser una interesante alternativa a la actual crisis de producción. A pesar de las manifestaciones de la década de los ochenta (Ítaca, Contigo América, etcétera), hoy prácticamente no existen expresiones relevantes sostenidas por una cierta trayectoria.

Quedan algunos nombres de grupos, aislados, bastante estériles creativamente hablando, y más bien obras interesantes generadas por artistas que alguna vez frecuentaron estas líneas de trabajo y organización y hoy van por "la libre". Ejemplo de esto podría ser Anatomía de lo femenino, un material sugestivo producto de la alquimia de Cecilia Lemus y que marca un seguimiento de búsquedas muy personales con algunos elementos humanos que se repiten. O también El bárbaro, esa interesante creación de Sonia Páramos con Jesús Díaz, que nos habla de los mejores momentos del lenguaje que manejara cierta corriente del teatro de grupo.

Otra vertiente interesante se da dentro del espectáculo gay. Creo que éste ha sido uno de los años más fértiles en cuanto a materiales de ese tipo. Son variadísimos los títulos y las maneras de aproximación a esta temática —desde Naturaleza muerta y Marlon Brando hasta El vals de los buitres; pasando por La fiesta; P. D: tu gato ha muerto; Una noche con Diego; El beso de la mujer araña; Culpable o inocente; Quiéreme como hombre; Anécdotas eróticas...; Retroceder... ¡nunca! y muchos títulos más, en su mayoría de muy baja calidad.

Pareciera que estuviéramos ante un destape inacabable que no termina por generar una identidad por más que paseen desnudos, complacientes en muchos casos. Finalmente seguimos a la espera de un verdadero teatro gay, con su correspondiente poética, que ya había comenzado a esbozarse con cierta timidez en las anteriores producciones de Martín Acosta.

Otro renglón que importa mencionar es el regreso de la realidad a los escenarios, de manos de un teatro que intenta un cuestionamiento a la misma, en lugar de huir de ella sumergiéndose por los meandros de lo sicológico o sobrevolarla a través del hedonismo voyeurista. Un teatro "político" (aunque todo teatro sea en definitiva político) que ya no puede volver por los caminos utopistas de hace veinte años y que sin embargo sigue siendo estrictamente necesario.

Un regreso de la denuncia y cierta "epicidad" sin ortodoxias, tratando de hallar nuevas herramientas de aferramiento y presentación del fenómeno social. Tal vez el ciclo más coherente de búsqueda se dé a través del "teatro clandestino", en Casa del Teatro, donde hemos visto algunos ejemplos interesantes tanto de la capital (Por los caminos del sur, por recordar uno), como de provincia (Ley Fuga, sería una muestra válida). Pero también fuera de ese ámbito se han dado variados montajes que ratifican esta búsqueda global de un teatro capaz de dialogar con la realidad de manera directa. Recuerdo Krisis, de Sabina Berman o Avalancha, de María Cristina Ribal entre varias más. Sin embargo aún no se da un "neobrechtianismo" capaz de sustentar una crítica social desde una determinada posición ideológica. Sólo intentos de acercamiento a una nueva plataforma discursiva que muchas veces se vuelve teatralmente anacrónica aunque denuncie injusticias muy concretas. En definitiva, que esta temporada ha significado un acercamiento a ciertos límites, a ciertas fronteras que tienen que ver con lo social, lo organizativo y lo marginal. Aun no hay respuestas, pero por lo menos comienzan a clarificarse las preguntas, base indispensable para esas identidades que todos buscamos en nuestro teatro. Por ahora importan las señales en esta noche que lucha, mitad por mitad, con una deseable mañana.