FICHA TÉCNICA



Referencia Armando de Maria y Campos, “Inauguración de un teatro en Celaya y debut de un autor celayense ”, en Novedades, 4 noviembre 1949.




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Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Inauguración de un teatro en Celaya y debut de un autor celayense

Armando de Maria y Campos

La progresista ciudad de Celaya, Guanajuato, cuenta ya con un moderno y cómodo teatro, cuya inauguración oficial –31 de octubre próximo pasado– sirvió para presentar al público celayense a un hijo de la propia localidad, Salvador Jaramillo, quien ofreció a sus coterráneos las primicias de su labor teatral, con el drama, en tres actos, titulado Las salvajes criaturas.

El teatro auditorio pertenece a la Escuela Preparatoria y Profesional de Celaya, dependiente de la Universidad de Guanajuato y se encuentra anexo al propio plantel en la esquina de las calles de Abasolo y Manuel Doblado. El teatro auditorio de Celaya ocupa un terreno de ochocientos metros cuadrados y cuenta con quinientas treinta butacas. Su escenario es amplio y cómodo y su embocadura es de quince metros, doce y medio para aforar, por ocho de profundidad, aparte de un amplio espacio para transitar detrás de las decoraciones, amplitud que permitirá hacer llegar al escenario camiones con decorado y utilería, etcétera, sin estorbar las construcciones escenográficas. Tiene, además de servicios sanitarios para ambos sexos, dos camerinos privados y dos colectivos y espacio aprovechable para utilería o bodegas. Fue construido por la Escuela Preparatoria y Profesional de Celaya, la que aportó el treinta por ciento del costo total, cubriendo el setenta por ciento el gobierno del doctor Rodríguez Gaona, por conducto de la Universidad de Guanajuato, de la que es rector el licenciado Eugenio Trueba Olivares. El teatro cuenta con todos los recursos modernos indispensables para que un local de esta índole se diga que esté bien dotado, y no se ha descuidado detalle en él, inclusive el necesario declive en el amplio y cómodo lunetario. La decoración es sobria y elegante en rojo y gris. El teatro auditorio de Celaya se levantó en pocos meses, bajo la dinámica dirección del doctor Alfonso Marín Z., director de la preparatoria celayense, quien declaró que pudo realizarse este proyecto gracias a la ayuda de la iniciativa privada, cuyos donativos encauzaron dos ilustres guanajuatenses: el ex gobernador Aguilar y Maya y don Agustín Arroyo H. Salvador Jaramillo, el autor celayense de Las salvajes criaturas, nació el 6 de febrero de 1936 y con su drama indicado revela sorprendentes posibilidades.

En la actualidad cursa segundo grado de bachillerato de leyes, pero no obstante su juventud, su breve carrera teatral es fecunda; estudió arte dramático en el Instituto Cinematográfico de la ANDA durante cuatro años recibiendo lecciones de Prudencia Grifell, Antonio Monsel y Fernando Wagner, y de Seki Sano después. Tiene breve experiencia como actor, porque ha actuado en el Teatro Fantástico de Enrique Alonso, por el canal 2 de TV e hizo un pequeño papel en Cada quien su vida de Basurto, cuando esta comedia fue estrenada en el Lírico. Durante ese tiempo escribió teatro, un juguete cómico en un acto, una comedia en dos inéditos y ese drama en tres, con el que, sin exageraciones, inicia triunfalmente su carrera de dramaturgo.

Las salvajes criaturas es un drama bien construido, bien desarrollado y lógicamente resuelto, aunque con los titubeos naturales en todo principiante. Su argumento es de palpitante actualidad como se ha dicho siempre que el autor presenta en un escenario una tajada de vida de sus contemporáneos. Las salvajes criaturas son los rebeldes sin causa, estudiantes que así mismos se califican de desaprovechados, y que han formado un club con el propósito de no estudiar y divertirse y entre los que no faltan los jóvenes de instintos perversos o que se encuentran desorientados frente a la vida por las situaciones molestas o injustas que confrontan en sus respectivos hogares. Se reúnen en un local al que está limitado el derecho de entrada y se imponen una disciplina de rebeldes verdaderamente impresionante. A este club concurren jovenzuelos de ambos sexos. Fuera de la escena ocurre un hecho no por insólito menos frecuente, los jovenzuelos desmantelan el coche del director de la escuela, quien los castiga privándolos de exámenes, con la amenaza de expulsión del plantel. Esto rebela aún más a los jovenzuelos, y cuando reciben la visita de un catedrático de literatura lo secuestran para así vencer la autoridad del director del plantel. Diversos incidentes bien conducidos y de un dramatismo en verdad patético conducen a una escena, que los "rebeldes sin causa" llaman la danza de las navajas y se ciegan de tal manera los enardecidos estudiantes, que resuelven asesinar al profesor, pero como se interpone el más joven de los miembros del club, es muerto de certero navajazo. Después, el autor encauza la acción en forma y escenas que desembocan en lógica y moral conclusión: los padres son los grandes culpables del descarriamiento, de la desorientación de la juventud contemporánea en... Celaya –algunas de las salvajes criaturas arrancadas de la realidad celayense–; en el Distrito Federal –donde tanto abundan los malditos cantonianos–, o en cualquier lugar del mundo, particularmente en los Estados Unidos, que llevan sus películas sucesos semejantes en busca de remedios heroicos.

El director de la Preparatoria celayense me dijo, en un intermedio: "Esta obra de Jaramillo será, sin duda, muy discutida y escandalizará a muchos pusilánimes. Pero, tampoco podemos dudarlo, edificará a quienes quieran comprenderla, a quienes les interese la suerte de sus hijos y a quienes verdaderamente los amen, pues tras el conflicto crudo y la palabra ruda del diálogo, Jaramillo ha escondido, quizá sin darse cuenta, el más jovial y tierno mensaje de amor"... Y así es, en verdad.

Todos los actores que participan en Las salvajes criaturas, en su mayoría preparatorianos celayenses, tienen su primera experiencia en el teatro; participan también cinco personas ajenas al plantel entre ellas, la señora Tavana G. de Ocampo, que hace el papel de la madre de Pepe Toño, el menso (Octavio Ocampo) y el que tiene en la vida real. Intervienen un periodista y locutor local, Pedro León Chau, otra dama celayense, la señora Aurora Mondreal y el señor Angel Sánchez. Destacan con posibilidades histriónicas Jorge León y la señorita Angélica Arce. El autor Jaramillo se reservó el papel del profesor, y lo creó con tan apasionada veracidad, que sufrió la luxación de una clavícula.

La velada de inauguración del teatro auditorio de Celaya fue un éxito social y artístico y, sobre todo, la revelación de un talentoso autor celayense, Salvador Jaramillo, quien dará honra y provecho en un futuro no lejano a Guanajuato y a México.