FICHA TÉCNICA



Notas El autor hace un balance crítico del teatro en 1996

Referencia Bruno Bert, “Recordando sin ira, I”, en Tiempo Libre, núm. 868, 26 diciembre 1996, p. 11.




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Referencia Electrónica


Teatro

Recordando sin ira / I

Bruno Bert

Y aquí nos encontramos, casi en el umbral del socorrido pero temible nuevo milenio. ¿Y nuestro teatro? Un poco mejor, gracias. Sin grandes materiales aún pero con algunas alternativas que nos hablan de un comienzo de definiciones en aquello que es más importante:el tema de las identidades, a partir del cual seguramente se podrá llegar a hablar de verdaderos nuevos creadores, estilos, poéticas y también formas de acercamiento a maneras de producción alternativas, ante un Estado cada vez más actualizado en esta corriente continental de cierre de puertas a todo lo que signifique apoyo pleno (o de cualquier tipo) a la cultura.

Aunque sin embargo, en este sentido México —a pesar de sus contradicciones y penurias— todavía es una excepción en una América Latina donde el teatro no logra ni siquiera mínimos espacios de encuentro con la necesaria responsabilidad que los distintos gobiernos deben ejercer, en respaldo al desarrollo de sus artistas y de un arte que los defina e identifique. Hoy, continentalmente, lo que priva es el criterio de cultura como simple mercancía, en el espacio global de este neoliberalismo "salvaje" imperante.

Aquí todavía hablamos de la posibilidad de una política cultural; el problema es la formulación de la misma de una manera coherente, tema justamente del seminario internacional que recorrió a la Muestra Nacional de Teatro de este año en Monterrey, donde vimos un panorama escénico no digo que alentador (aún las cuotas de calidad son bajísimas) pero sí al menos mejor y más aireado que en los últimos dos o tres años.

Algunos productos —como En la sombra del viento, de Tehuantepec, por ejemplo— nos hablan de un esfuerzo de la provincia por hallar lenguajes y perfiles, no tanto por el lado de la novedad, sino por el de la identidad y sus orígenes.

Aquí en México, la temporada 96 comenzó tardíamente, pero luego se desbordó en cantidad de propuestas de las cuales podemos rescatar algunas por su interés, independiente esto del suceso o falta de público que haya seguido al trabajo. Tal vez las más interesantes tuvieron a autores extranjeros por ejemplo, el caso de Cuarteto, de un Heiner Müller escasamente conocido hasta su muerte en toda nuestra América Latina, y ahora tema de interés de los grupos y directores más destacados del continente (acabo de ver una soberbia y muy original puesta de Máquina Hamlet en la Argentina, mientras en Chile lleva a escena una Medea material sumamente polémica). Aquí ha sido Margules el que lo montara, despertando un interés que tiene que ver con las modas culturales, pero también con la excelencia del resultado, discutible en cuanto a interpretación, pero sólido en tanto recreación escénica.

Otro material interesante pero esta vez muy poco frecuentado por los espectadores, ha sido Resencrantz y Ghildenstern han muerto, ese trabajo de Stoppard, tampoco nada nuevo (en este caso ya cumple 30 años), pero sin duda inteligentemente jugado por Juliana Faesler. Se advierte que tal vez casualmente —o no tanto— las dos obras que estamos mencionando tienen al teatro y a la identidad como ejes básicos de lectura, en un año donde insistimos que la búsqueda de perfiles resulta fundamental. Es decir que los mejores intentos pasan por preguntas similares aunque formuladas de muy distinta manera y con respuestas también muy diversas.

En un tono más local y sobre preguntas que sí hacen a la identidad y también desde la creación, hallamos a Visitas inesperadas, una obra de Verónica Lánger que lleva a escena la fantasía de Remedios Varo y Leonora Carrington, buscando en las raíces y bajo las baldosas del patio de nuestro pasado, las claves que permitan asumir el presente desde tiempos inciertos. Esta vez ha sido Martín Acosta el creador escénico, en un producto cargado de afectuosa artesanía.

Desde mi perspectiva, son los tres estrenos que más lograron interesarme, aunque ninguno de ellos sea tan efectivo como para no presentar algunas sombras. Materiales recurrentes desde creadores de distintas generaciones y con sensibilidades e intereses a veces radicalmente distintos también, que se dibujan sobre un fondo de inquietudes similares: nuestra contradictoria realidad. Pero hay bastante más para decir sobre la actividad de este año y mejor lo dejamos para una segunda nota en la próxima semana.