FICHA TÉCNICA



Título obra Patriota y amante de usted

Autoría Gilda Salinas

Dirección Alejandro Ainsle

Elenco Edith Kleiman

Espacios teatrales Teatro Helénico

Referencia Bruno Bert, “Honestidad artística”, en Tiempo Libre, núm. 866, 14 noviembre 1996, p. 17.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Honestidad artística

Bruno Bert

Hay ciertos personajes femeninos de la historia de nuestro continente capaces no sólo de ser tema de una obra de teatro, sino incluso de superar la fantasía a través de la energía y el talento que pusieron en su vida, generalmente trágica y al servicio de un claro ideal libertario. Uno de ellos, indudablemente, fue "La Manuela", como comúnmente se llamó a Manuela Sáenz, la militar independentista nacida en lo que hoy es Ecuador, condecorada en su momento por el General San Martín, y amante de Simón Bolívar; además, por supuesto, de compañera suya en batallas y avatares políticos. Salvadora incluso de su vida en 1828: "Libertadora del Libertador", como la proclamaron entonces sus admiradores. Ni qué decir que terminó en la miseria y el destierro, en un puerto de Perú, paralítica y exilada forzosa, muriendo a consecuencia de una epidemia casi treinta años después del fallecimiento del propio Bolívar.

Bueno, ni qué decir que el tema surge a partir de la puesta de Patriota y amante de usted, la obra de Gilda Salinas que bajo la dirección de Alejandro Ainslie se encuentra en temporada en el teatro Helénico.

El material histórico en este caso es tan abrumador, que lo difícil para un autor es, en realidad, poder abarcar a un personaje de esta envergadura desde una perspectiva concreta que señale un determinado perfil y no se pierda en una vaga admiración anecdótica. ¿Dónde poner pie para poder, desde ese ángulo, reconstruir la imagen evocada? Aquí la autora toma a la protagonista en las horas inmediatas a su muerte y —desde la vejez, la parálisis y la miseria— intenta hacer confluir en la imagen evocada a los contrarios de ese presente: la mujer joven, guerrera y amante que se anuncia desde la elección misma del título, para formar la unidad formidable que fue en el pasado Manuela Sáenz.

La idea es correcta pero la dificultad está en plasmarla. En primera instancia, para nuestro público, La Manuela es un personaje borroso, se la conoce apenas de referencia, lo que obliga a un particular trabajo al dramaturgo: hallar una síntesis que sin dejarnos a oscuras de acciones y circunstancias, sea capaz de escapar a la pieza didáctica y biográfica que generalmente resulta muy aburrida porque sustituye acciones por narración. En este sentido Gilda Salinas logra momentos de efectividad, pero no alcanza la unidad necesaria para que toda la estructura tenga la misma efectividad e interés para el espectador. El segundo problema se halla en la dirección, que si bien es dinámica, no consigue cancelar a nivel de puesta los inconvenientes que recién marcábamos para la autoría. Los dos son parejos en este sentido, y también visualmente, a escenas atractivas se le suman otras que no logran ensamblarse con efectividad para crear como una ola donde se sucedan la agitación y el remanso en la atención y el interés de quien está en platea. Es decir que tanto en un área como en la otra hay una fragmentación que hace muy desigual el producto. Rico en materiales, pero imperfecto en la administración y el ensamblaje de los mismos.

En cuanto al espacio, no hay un concepto previo que le dé vida: es sólo el lugar que alberga los elementos para la puesta. Es funcional pero no intenta —o no logra— aportar significación teatral. Tal vez entregue más la música, de Reynaldo Arenas, un actor y músico peruano que ejecuta en vivo, pero fuera de escena, algunos temas que hacen a los climas que maneja la obra. Creo que incluso podría aumentarse esta aportación. Finalmente está Edith Kleiman —de quien además es la idea y planteamiento original— como Manuela Sáenz Aispuru. En ella hay potencia, hay entrega, pero también dificultades con la dicción por los frecuentes errores de texto y necesidad de una más cercana acotación por parte del director, que le permita manejar mayores matices en sus emociones.

En definitiva, un material que es bienvenido por lo que intenta más que por lo que logra, donde la honestidad artística lucha con las limitaciones visibles, y finalmente nos deja una sensación contradictoria pero admirativa de esta patriota y amante de un hombre y de la libertad.