FICHA TÉCNICA



Título obra Foro de México, el drama de una comedia

Autoría Tomás Perrín

Elenco Tomás Perrín, Leopoldo Ortín, Leopoldo Ortín hijo (Polito), Eduardo Vivas, Emilio Brillas Roberto Meyer, Elvi Salcedo, Pituka de Foronda, Aurora Cortés

Espacios teatrales Teatro Esperanza Iris

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno en el Iris de Foro de México de Tomás Perrín. Por los otros teatros”, en Novedades, 26 octubre 1949.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno en el Iris de Foro de México de Tomás Perrín. Por los otros teatros

Armando de Maria y Campos

Llena, cubre y rebasa la actualidad teatral de México –durante la última semana– el espectáculo teatral que se presenta en el teatro Esperanza Iris del viernes último a estos días, misma fecha en que volvió al escenario de la Sala Latina la pieza policíaca de John Boynton Priestley Ha llegado un inspector. La presentación en el teatro del Palacio de las Bellas Artes del ensayo dramático El pasado de Manuel Acuña, exhumado con motivo de la celebración del centenario del bardo de Coahuila, y la reposición en el Ideal de una pieza del género "astrakán", ¡Que se case Rita!, que firma el autor español Antonio Paso en unión de otros poco conocidos colaboradores, no disputan interés, ni distraen la curiosidad que ha despertado la creación teatral del periodista, actor cinematográfico y autor de teatro Tomás Perrín, titulada Foro de México, el drama de una comedia. En otra línea de espectáculos, en la dedicada a un público que gusta de las truculencias y de los argumentos en que intervienen policías y ladrones, el "respetable" ha podido disfrutar al lado de las piezas señaladas, de la representación de una pieza del género "misterio", Invitación al crimen, del autor norteamericano Raffus King, presentada e interpretada con una dignidad superior a la calidad literaria y teatral de la obra.

La pieza de Tomás Perrín me recuerda un popular aforismo de Gautier, el que asegura que "no hay nada más nuevo, como no sea lo viejo". En efecto, la pieza de Perrín, con ser tan novedosa en su tema, desarrollo y personajes, es más vieja que el teatro, y, por esto precisamente, y no se tome a paradoja la afirmación, es teatro, mucho teatro, y muy buen teatro. Como que su pieza Foro de México, comedia en tres jornadas, tiene sus raíces en el nunca viejo, por más que parezca mucho, teatro de Aristófanes. Y todavía podrían señalársele más remotos orígenes, lo que no tiene nada de extraño en autor como Perrín, que no desconoce a los clásicos.

Tomás Perrín, universitario, autor, periodista, columnista de epigrama diario en el que comenta y critica los sucesos de todos los días, tiene un sueño: ¡Sueña que escribe una obra de teatro, y que esta obra llega a un escenario metropolitano, y principia a ser ensayada! Aquí en donde aparece el autor universitario que, recordando a sus clásicos, usa el viejo molde para construir, como ya lo han hecho grandes autores contemporáneos en Italia, Inglaterra o Francia, una pieza si no nueva, distinta de lo que es común y corriente en nuestros escenarios comerciales.

Vuelve al Ágora ateniense, a la comedia antigua, alegre y audaz, que lo juzgaba y criticaba todo, designando al vicioso por su nombre, presentándolo con su propia fisonomía, y si acudía al teatro, señalándolo con el dedo, y proponiendo, además, reformas y medidas de carácter político o social, que le han dado a la comedia antigua, ahora resucitada por Perrín, cierta semejanza con la prensa periódica moderna.

Como los actores anteriores a Aristófanes, como Aristófanes mismo, Perrín autor y actor, se presenta para decirles a sus compatriotas –el pueblo convertido en público– cuanto cree oportuno sobre los más graves asuntos del Estado o de la vida social, moderno corifeo que, quitándose la máscara, no es ya un simple actor que se dirige a los concurrentes de un espectáculo, sino un orador, que usando del fino estilete del epigrama, arenga a una asamblea con el ambicioso propósito de que la república mexicana llegue a ser una teatrocracia verdadera, como designó Platón a la ateniense con ironía que manifiesta el extremo a que la influencia de los cómicos llegó en aquel remoto entonces.

No han faltado severos Aristarcos que han exigido a este moderno Aristófanes un plan bien ideado y regular, una acción ligada, bien seguida y acabada, sin pensar que el probable propósito de él no debe ser otro que el de lograr que su comedia sea un simple juego de fantasía, humor e ingenio, sin más objeto aparente que la alegría; y la alegría sólo existe –lo han dicho Shoel y Müller– cuando se rechaza todo plan y toda traba; cuando se desarrollan de un modo inesperado todas las facultades de nuestra alma; cuando el pensamiento abandona sus trilladas sendas y vuela por la región de lo imprevisto; cuando se reúne lo extraordinario, lo maravilloso y lo imposible, con los recursos más conocidos y los usos más familiares; cuando se inventa una fábula atrevida y fantástica, con tal de que sea capaz de sacar a la luz caracteres extravagantes y situaciones ridículas; cuando con la rapidez del rayo –¡el epigrama!– se arranca su máscara al vicio y se disimula la indignación bajo una incontenible carcajada; cuando, en una palabra, se toman como a juego las cosas más graves y se presentan bajo el disfraz de divertida chanza. Eso y no otra cosa es lo que ha hecho Tomás Perrín en su Foro –o Ágora– de México.

En la comedia de Perrín no hay que buscar el desarrollo de la acción, nudo, intriga ni desenlace, pues no es más que una serie de cuadros y animadas pinturas, llenas de alegría, de chistes de distintos calibres, de sales cómicas y de verdad, usando, las más de las veces, del molde, difícil, sobrio y estricto –pero qué picante– de epigrama. Cómo se hace teatro en México y cómo no debe hacerse; cómo hacen política los "influyentazos" y cómo no debieran hacerla; cómo hacen la caridad en México algunas damas –nuevas ricas de novísima élite social– y cómo no deben hacerla...

Perfectamente persuadido Tomás Perrín, como su antecesor Aristófanes, de la alta misión del autor de teatro, lleno de ardiente patriotismo y amante de la justicia y la virtud ciudadana, ataca, como Cervantes hace siglos, como Pirandello, o Shaw, o Lenormand, o Benavente (cada uno en su sitio), todos los vicios y abusos, las trácalas y los recursos de demagogia que minan nuestra política, la sociedad mexicana, nuestro agonizante teatro.

Es natural que tan alegre y amarga comedia, auténtico torrente de ingenio mordaz y... sano, no haya "caído bien" a nuestro público en general y a algunos comentaristas de nuestra actualidad teatral. No pocos de quienes se han sentido aludidos se muestran indignados al verse pintados tan al vivo y con tan fuertes colores. De éstos pudiera decirse con Quevedo:

Arrojar la cara importa,
Que el espejo no hay por qué

Un largo reparto de actores y actrices de diversas categorías fue preciso reunir para interpretar la comedia Foro de México de Tomás Perrín. Todos cumplieron, secundando al autor, y destacando del conjunto, porque poseen recursos para ello, Leopoldo Ortín y su hijo Polito; Eduardo Vivas, Brillas, Méyer, Elvia Salcedo, Pituka de Foronda, Aurora Cortés, etc., etc. Como la escena simula el desolado escenario de un teatro durante un ensayo, la postura de la obra no requirió de mayores esfuerzos.