FICHA TÉCNICA



Título obra El mar y sus misterios

Autoría Emilio Carballido

Dirección Ricardo Ramírez Carnero

Elenco Ángeles Marín, Carlos Cobos, Antonio Algarra, Surya McGregor

Escenografía Arturo Nava

Coreografía Silvia Unzueta

Música Lorena Orozco

Vestuario Jorge Reyna

Espacios teatrales Teatro Julio Castillo

Referencia Bruno Bert, “Piélago enigmático”, en Tiempo Libre, núm. 857, 10 octubre 1996, p. 17.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Piélago enigmático

Bruno Bert

Ricardo Ramírez Carnero ha sido en estas últimas temporadas quien básicamente estrenó las nuevas producciones de Emilio Carballido. Su último trabajo en conjunto Escrito en el cuerpo de la noche incluso resultó multi premiado por la crítica. Ahora han emprendido una nueva aventura conjunta con la Compañía Nacional de Teatro en el julio Castillo llevando a escena El mar y sus misterios.

Se trata de una comedia musical que tiene por tema al mar, observado desde una perspectiva poética capaz de hacer hablar a las olas, los peces y las rocas. Si los elementos —incluyendo la luna y el sol— se apropian de la posibilidad vital, lo hacen con la con-ciencia de relativizar al hombre, sus sentimientos y pequeñas actitudes, al interno de los componentes cósmicos. Allí tanto importa un perro y una gaviota como una mujer o un hombre. De hecho desconocemos cómo se llaman, sólo son seres —misterios develados— que transitan por un pequeño espacio de la playa creando circunstancias que se vuelven escenas de una cotidianidad que todos reconocemos. Trece escenas para ser precisos, que no hilvanan una historia en particular, sino sólo momentos y relaciones entre los distintos componentes.

Poesía y humor, ya que este último es un elemento básico de esa visión del mundo, que sólo tiende a provocar una sonrisa, a jugar levemente al asombro y compartir una reflexión fugaz, o la poética de un amor, entre objetos, personas o animales, como una gran celebración vital y unitaria.

No hay que esperar de la obra de Carballido ni profundidad ni densidad, sino más bien la coherencia con esas olas constantes que se muestran: espuma que 'refresca y desaparece de inmediato. Un momento grato, fugaz y popular, como una canción o una broma.

Y es sobre esta línea que construye Ricardo Ramírez Carnero, tal vez incluso forzando la mano del autor, dando cuerpo colorido a la evanescencia de ciertos textos. Aquí elige como estilo uno que se halla muy cercano al kitsch, con sus estridencias de color, el valor de contravención cultural por banalización de imagen y el "mal gusto" lanzado con descaro al escenario.

Arturo Nava, responsable de la escenografía e iluminación, mucho más creativa esta última que la primera, ha diseñado el artificio espacial como algo imponente y falso donde telones y efectos se desplazan y realizan a la vista, como comedia de pueblo, sobre la sugerencia básica de un murallón frente al mar, la playa y las rompientes, que acaban a los pies del público.

No resulta fácil ni espontáneo este maridaje de estilos, donde uno aporta el soplo de las palabras con poca sustancia de imágenes aferrables, fuera de la libertad poética de la escritura, y el otro se lanza a poner peso, iridiscencia, densidad y ocupación del espacio por los cuerpos, los trajes (peligroso y pesado elemento que oscila entre el juego infantil, la comedia musical brillante y el esperpento en plástico y hule espuma, a cargo de Jorge Reyna), las voces y el desplazamiento escénico. Sin embargo, es la dirección, con todo su riesgo, quien hace espectáculo lo que de otra manera tal vez quedaría sólo en un juguete cómico-poético.

El elenco es numeroso y pasa de los veinticinco elementos, que suelen rotar papeles según las necesidades de cada uno de los sketches.

Destaca Ángeles Marín, sobre todo en "Venus", tanto por su belleza física como por su capacidad histriónica; Carlos Cobos, un cómico capaz de asumir las más inverosímiles posibilidades —roca, pez, perro, amante...— y Surya McGregor, también capaz de diversas identidades que conduce con simpatía.

El resto del equipo danza, canta y pasa constantemente del elemento coral al pequeño destaque personal en esta o aquella escena. Lo hacen bien, aunque esto no signifique el deslumbramiento de la sincronía, el asombro de la limpieza de movimientos o el impacto del talento y la habilidad. Se los ve con gusto y se los disfruta a lo largo de ésta no muy típica comedia musical. En fin, un mar que posiblemente dará de qué hablar.