FICHA TÉCNICA



Título obra Mar blanco

Autoría Susana Robles

Dirección Sandra Félix

Elenco Víctor Carpinteiro, Irela Villiers

Espacios teatrales Foro La Gruta

Referencia Bruno Bert, “La Durás, una carga con sabor a mar”, en Tiempo Libre, núm. 854, 19 septiembre 1996, p. 19.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

La Durás, una carga con sabor a mar

Bruno Bert

La muerte de muerte de Marguerite Dúras ha significado para nuestro teatro el nuevo montaje de alguna obra suya y también el estreno de otras donde los aires de su estilo se hallan presentes como un explícito homenaje. Entre estas últimas ubico a Mar Blanco, de Susana Robles, basado en Ojos azules, pelo negro, una novela del 86 que no he leído.

Lo que de la Durás se toma como sugerencia es la morosidad, el tema de la pareja, posiblemente la estructura anecdótica y esa cercanía del mar que tan frecuente es en su literatura. Sin embargo, esto es más bien un telón de fondo, como el ciclorama de un demorado atardecer de verano sobre el que se bordan imágenes y circunstancias que posiblemente sean más bien pertenecientes al mundo de Susana Robles, que en definitiva es la autora real del libreto teatral.

La estructura anecdótica es simple un día en una casa desocupada de la playa, donde dos seres: un hombre que ha contratado a una mujer —tal vez una prostituta— que ha sido amante, apenas la noche anterior, de otro hombre al que el ama a su vez. Lo que quiere de ella es reencontrar las huellas de una pasión que desearía para sí, De esta manera, el cuerpo de la mujer es un puente por el cual pasa el deseo del desconocido sin detenerse, hacia un destino incierto y seguramente la soledad. Las alternativas de un posible encuentro entre ambos son ásperas y el final, brusco y aparentemente conciliador, pierde consistencia volviéndose un tanto increíble.

Siento que la Durás evocada pero ajena al fin— pesa demasiado en el espacio y en cada uno de los componentes del equipo; ni perseguirnos capturar la esencia de su literatura ni queda lugar para una identidad creativa más allá de ella, Solo fuertes fragmentos constructivos.

De los que abordan Mar blanco Antes que nada hay que mencionar la escenografía y la iluminación de Philippe Amand, tal vez lo más logrado y protagónico del espectáculo. Con gran habilidad, logra representar simultánea mente el interno y el externo de una casa en la playa, Un plano con piso de madera, una pared blanca con dos ven-tanas cerradas por persianas que protegen del calor y la luz, Y el mar, con una constancia que a través del sonido se vuelve omnipresente, El manejo del color y la textura, que a partir de la luz, se funde con las ropas y los cuerpos, nos habla de una doble influencia formal: por un lado la pintura de Edward. Hopper, de la que extrae también ciertos climas de irrealidad, apropiados para la literatura de la Durás; y por otro el de algunos artistas del comic de arte, sobre todo americano y de los setenta/ ochenta, de los que aferra —conjuntamente con la dirección— el valor de un movimiento congelado por momentos en los actores, volviendo sus acciones casi corno una suma de fotos o dibujos fijos y yuxtapuestos, como los cuadritos de una historieta. Un fenómeno que tiende a manejar la descomposición del tiempo, sin obviedades. Sandra Félix, responsable de la puesta, se maneja de una manera compositiva que puede acercarse así tanto al dibujo y la pintura como al cine (de nuevo la Durás de fondo), pero su preocupación por la experimentación formal, la vuelve por momentos preciosista, desprendiendo' la belleza de las imágenes logradas de una globalidad significativa, Esto es particularmente claro en el manejo de los actores —Victor Carpinteiro e Irela de Tillers— que se transforman en bellos muñecos que narran una pasión que sus cuerpos (sobre todo en el hombre) está lejos de contener, La forma del drapeado de una sábana descubriendo un seno, la posición de una pierna cubriendo un sexo, el giro de los encuentros y desencuentros, la alteración rítmica y los breves instantes para la captación de los distintos planos compuestos... todo está al servicio de la forma, casi corno uña rememoración de alguna vieja película argumentada por la Durása fines de los cincuenta. Bello, muy bello, pero fragmentado y ajeno.

En fin, no lo creo logrado como producto final, pero todo el espectáculo está tan cargado de proposiciones y sugerencias que vale la pena verlo, discutirlo y también disfrutarlo.