FICHA TÉCNICA



Título obra Noches florentinas

Autoría Marina Tsvatejeva

Dirección María Pankova

Elenco Emma Delgado, Paola Amaro, María Pankova

Espacios teatrales Teatro Orientación

Referencia Bruno Bert, “Pirotécnia verbal y visual”, en Tiempo Libre, núm. 852, 5 septiembre 1996, p. 17.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Pirotécnia verbal y visual

Bruno Bert

Desconozco completamente la producción literaria de Marina Tsvatejeva, figura base de un espectáculo que acabo de ver y que el programa de mano califica como "la más grande poetisa rusa de todos los tiempos". Al parecer, su vida transcurre entre 1892 y 1941, año en que se suicida después de algunos trágicos sucesos vinculados a su familia y a la revolución de octubre, que fusilará a su esposo —quien militaba en el ejército blanco— luego de viajes, dificultades y exilios.

Además de poemas, también incursionó en otros géneros, entre ellos la novela corta y la escritura epistolar, de la que se nutre justamente este montaje que lleva por nombre Noches florentinas, en recuerdo del libro homónimo de Heine, que acercara a la autora el amado destinatario de estas cartas vueltas novela primero y ahora obra de teatro. El espectáculo abarca entonces la historia de una relación, basándose en el epistolario de la mujer, complementado con una especie de epílogo que muestra irónicamente la muerte de la vinculación afectiva y un posterior encuentro casual con el hombre.

La adaptación de los textos y la dirección del trabajo corren por cuenta de María Pankova, y son tres las actrices que reconstruyen la unidad esencial de Marina Tsvetajeva a través del desgrane de las palabras contenidas en esa decena de cartas que estructuran la historia. En realidad, la femenina protagonista es el alma (¡palabra mística y desacreditada!) de la escritora, tomada en el terreno impalpable de su emotividad. De allí que la ambientación del trabajo consista en un gran tapiz de fondo, color que se prolonga hacia la escena cubriendo tanto el piso como los pocos muebles que organizan tres ámbitos de acción. Y sobre el tapiz, en blanco, algo así como nubes o breves corrientes de agua. Me recordó a Bachelard, cuando analiza las imágenes poéticas del espacio acuático, en El agua y los sueños.

Las actrices visten largos camisones también blancos y la luz siempre tiende a lo focal, como el destaque de pequeños puntos en una corriente que fluye. Indudablemente la imagen de lo femenino —en su sentido más tradicional— impregna el trabajo: lo no anguloso, lo blando, lo líquido, lo penumbroso, lo nocturno. Y en este contexto un fluir de las palabras que se transforman en agua y se vuelven una corriente hipnótica e inaprensible. No hay acciones, sólo sensaciones, en un debatir lánguido, tal vez un poco perverso, como si nada tuviera huesos sino que toda esa interioridad húmeda —entre alma y vagina— latiera sin jamás exponerse al peligro de la existencia real del otro.

Se trata de textos para ser leídos, no para escucharlos. Es necesario combatir con ellos, detenerse, retroceder, alargar un instante, jamás abandonarse a esa pirotécnia verbal y de imágenes a la que juega Marina con mano experimentada. Es en ese combate desde donde se puede extraer el placer de un alma un tanto enfermita y torturada. Dado así como ahora lo vemos, se transforma en un río de sonido, en un murmullo acallado y variable que en lugar de invitar a esa lucha nos adormece como un seductor canto de sirena. De esas sirenas —las actrices— languidecientes ante nuestros ojos que por momentos se cierran sin poder seguirlas. No estoy hablando de dormirme de aburrimiento, me estoy refiriendo a un hipnotismo que nos involucra, reclamándonos pasivos a un mundo donde Marina es omnipotente y autoabastecida. En el fondo termina siendo como un juego algo masturbatorio entre placer, fuerza, debilidad y morbo en realidad no parece existir ningún lugar verdadero para el hombre, ese gran amado y reclamado que termina quedando como una mera excusa a mano de esas Noches Florentinas, hechas absolutamente de y para la mujer.

Un buen trabajo de dirección y una muy acertada interpretación de Paola Amaro, Emma Delgado y la misma María Pankova, seguramente la más afinada entre las tres.

En fin, si gusta una cita con una poetisa rusa y la quintaesencia de lo femenino, creo que aquí podrá encontrarlo, con un texto bello y una buena puesta... aunque particularmente sienta estas Noches un tanto excluyentes para los hombres.