FICHA TÉCNICA



Título obra Los perdedores

Autoría Vicente Leñero

Dirección Daniel Giménez Cacho

Elenco Jorge Zárate, Silverio Palacios, Moisés Manzano, Emilio Echevarría

Referencia Bruno Bert, “Sketch de perdedores”, en Tiempo Libre, núm. 851, 29 agosto 1996, p. 17.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Sketch de perdedores

Bruno Bert

Como para atizar la memoria reciente de las olimpíadas y los resultados que en ellas tuvieron nuestros atletas, se estrenó en El Galeón una obra de Vicente Leñero llamada Los perdedores, bajo la dirección de Daniel Giménez Cacho.

Se trata de una suma de sketches que tornan la fiesta olímpica corno base simbólica y contenedora de una fauna deportiva anclada en la mediocridad, el fatalismo, la manipulación y por supuesto el fracaso más absoluto corno constante acción.

El Galeón se transforma en el estadio, donde las gradas rodean una pista que puede ser cancha o ring según el caso. En ella los representantes mexicanos construyen sus figuras acrobáticas de apertura -con despliegue de bandera y triunfales marchas de reconocible acento en la cercana política del país- y se enciende (o intenta encender) la llama olímpica en un alto pebetero... que en realidad es uno de los ceniceros de piedra del teatro o de la escuela adjunta. Es que la concepción del espacio y sus elementos -a cargo de María y Tolita Figueroa, además de Gabriel Pascal está preñado de ese estilo de club de barrio, donde "la buena voluntad es lo que cuenta", y los amateurs sueñan con ser profesionales de manera milagrosa. Así, las distintas historias no necesariamente suceden en un mismo tiempo y lugar, sino que se desgranan a través de estructuras donde incluso el deporte es, en última instancia, una excusa para hablar de esa "vocación" perdedora que, como tema, sustenta a toda la obra desde su título mismo.

Lo que Leñero señala como reiterante, son las circunstancias que permiten que el fracaso permanezca. A veces esas causas están fuera de los hombres que sufren sus efectos; pero en general, a un entorno institucional de desidia, corrupción, violencia y falta de apoyo, le corresponde una postura de ausencia de rigor, de amateurisme, de "¿A qué le tiras mexicano..."?, en fin, de falta de consistencia en las propias acciones para hacer frente a ese aparato social y modificarlo a partir de una revisión de la propia identidad y del espacio que en ella ocupa el sentido de la pérdida y del auto menosprecio.

A esta interesante propuesta temática, que a través de lo deportivo intenta una lectura mucho más profunda sobre el carácter del mexicano y su momento social, no le corresponde sin embargo una estructura formal -ni en lo dramatúrgico ni en la puesta- que se halle a la altura de la idea lanzada.

Las escenas se suceden sin el vuelo necesario, cercanas ellas mismas a esa pobreza criticada, carentes de la elaboración imprescindible que las destaque, como un elemento de reflexión a partir de algo no solamente claro, sino también logrado formalmente. En el autor termina por primar lo anecdótico y la redondez del sketch; y en el montaje se tiende a la ilustración primaria del material. Cierto es que se trata de una "opera prima" en lo que a dirección se refiere, así que tal vez aquí lo que se necesite es tiempo y otras obras.

El equipo cuenta con interesantes elementos, como Emilio Echeverría por ejemplo, que abarca distintas polaridades en los personajes que asume, y lo hace convincentemente; o Jorge Zárate, correcto aquí, pero que bajo una conducción más acotada suele mostrarse como un actor dúctil. Los demás, una decena de intérpretes, juegan a un gris que se parece demasiado al carácter de los deportistas convocados por Leñero como personajes. Y no estoy seguro si esto es un problema sólo de ellos o de una falta de experiencia por parte de la dirección.

En síntesis, un material desigual que ojalá sirva de fogueo a Giménez Cacho en una carrera de director que auguramos logre, con el tiempo, la calidad que ya posee como intérprete.