FICHA TÉCNICA



Título obra Anatomía de lo femenino

Autoría Cecilia Lemus

Dirección Cecilia Lemus

Elenco Gustavo Muñoz, Édgar Alexen, Marta Sánchez, Ricardo Montaño, Mario Balandra, Fernando Briones, Úrsula Pruneda

Espacios teatrales Escuela Nacional de Pintura La Esmeralda

Productores Cecillia Lemus

Referencia Bruno Bert, “Con aire anacrónico y recuerdo vanguardista”, en Tiempo Libre, núm. 850, 22 agosto 1995, p. 17.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Con aire anacrónico y recuerdo vanguardista

Bruno Bert

Cecilia Lemus produce espaciadamente espectáculos seducidos por la imaginería medieval. Obras en sordina generalmente ubicadas en espacios alternativos. Ahora acaba de estrenar Anatomía de lo femenino, en un pequeño espacio de "La Esmeralda", la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado dependiente del Centro Nacional de las Artes.

El tributo al bajo medioevo está dado por el estilo de las ropas -libres reinterpretaciones en general, con elementos modernos, pero con un aire del tardo "trecento" o mediados del "quattrocento"- por la admiración hacia las pinturas del Bosco y el Brueguel, de las que se extraen no pocas sugerencias; por el manejo críptico de los significados, relacionados con la alquimia; por la recurrencia de lo escatológico, dentro de los planos tanto material como místico; por el placer hacia lo abiertamente teatral con sabor de feria (escotillones, bocas de infierno- aquí, sexo femenino- planos altos y bajos, visión de los cambios, etcétera), e infinidad de detalles más que hace del escenario un espacio de abigarradas sugerencias.

Como debe ser en todo espectáculo, la imagen no es portadora de un mensaje sino que es el mensaje mismo, y las palabras son a su vez como esas cartelas medievales que se agregan a las figuras. Sin embargo, éstas abundan, porque otra de las sensibles influencias en Cecilia Lemus es Michel de Ghelderode (1898-1962) un traductor semi expresionista del medioevo que tuvo su auge en los veinte-treinta y que irradió al mundo entero a partir de su Bélgica natal. Él es el filtro a la actualidad para la autora y directora de Anatomía de lo femenino, a través de la triada sexo-demonio-crueldad, tan típico en toda su literatura.

Quiero decir con esto que el espectáculo tiene en realidad tres firmes puntos de apoyo: los siglos pasados y su imaginería; el teatro de Ghelderode y su manejo de la palabra, más las obsesiones de este presente concreto en el que se asienta tanto la creadora como los espectadores. Por todos lados campea un aire anacrónico que en lo personal me atrae.

El resultado es desafiante. Indudablemente ya no es un trabajo para grandes públicos -como podría pretenderse por sus raíces- sino para pequeños núcleos como a los que en realidad se dirige, estrechamente vinculados con el hecho escénico. Es más, hasta hay una vocación de Guignol, que no logra realizarse y queda en juego teatral pero contrastando con la intención de que los jugos humanos broten a la vista, frente a las herramientas de hierro sonoro y punzante a las que se echa mano en busca de la síntesis alquímica.

Es interesante. Los actores parecen seleccionados por una escuela artoniana, donde la exasperación, el rito y la transgresión, junto con el placer por la teatralidad más notoria se hacen presentes, son un grupo de cerca de una decena en el que reconocemos a Gustavo Muñoz -que asumió un papel de similares características formales en el último trabajo de Cecilia Lemus- y a Edgar Alexen, a quien hacía tiempo no veíamos en escena. Los restantes son Marta Sánchez, Ricardo Motaño, Mario Balandra, Fernando Briones, Ursula Pruneda y Natsu. Todos ellos orquestados con habilidad por la directora.

En definitiva, si usted gusta rememorar lo que alguna vez fueron las vanguardias; si le agradan los espacios y grupos alternativos; si le interesa el compromiso de los creadores con un producto evidentemente discutible pero seriamente elaborado, pues entonces ver Anatomía de lo femenino, puede ser una experiencia, no sé si grata, pero sí al menos movilizadora para usted. Los demás tal vez sea mejor que se abstengan.