FICHA TÉCNICA



Título obra En el balcón de Palacio

Autoría Jesús Romo Raventós

Elenco Pepita Embil, Jesús Freyre, Adelina Ramallo, José María Martí, Consuelo Monteagudo, Plácido Domingo, Manuel Castell, Charito Leónís Floren (Torcuata)

Notas de Música Antonio Rosado / director concertador

Grupos y compañías Compañía de zarzuelas españolas de Pepita Embil

Espacios teatrales Teatro Arbeu

Referencia Armando de Maria y Campos, “Invitación a la zarzuela. Estreno en el Arbeu de En el balcón de Palacio del maestro Jesús Romo. Éxito rotundo de esta preciosa zarzuela”, en Novedades, 20 octubre 1949.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Invitación a la zarzuela. Estreno en el Arbeu de En el balcón de Palacio del maestro Jesús Romo. Éxito rotundo de esta preciosa zarzuela

Armando de Maria y Campos

Andará por los cuarenta años; es discípulo, y discípulo predilecto, del maestro Conrado del Campo, con quien estudió composición, y del maestro Joaquín Turina, con quien aprendió armonía. Con tan excelentes andaderas, bien pronto aprendió a andar solo por el mundo de las notas. Jesús Romo Raventós, madrileño de ascendencia catalana. Antes de cumplir la edad de Cristo alcanzó el primer premio de armonía y composición en el Conservatorio de Madrid. Ya para entonces el medio musical de la Villa del Oso y del Madroño le había abierto amplio crédito como compositor de vuelo de altura por un puñado de canzonetas y pequeños ballets que había escrito antes de cumplir los 18 años. Por esos mismos años de su edad se aficionó al teatro y, adolescente curioso, visitaba noche a noche el teatro Eslava madrileño, que dirigía Martínez Sierra, observando, estudiando y aprendiendo movimiento escénico.

Hacia 1942 estrenó en Madrid su primera zarzuela titulada El mesón del Pato Rojo. Se advierte en él, desde luego, al compositor que sabe componer música y que, además, trae un mensaje de inspiración y de responsable buen gusto. En 1944 estrena, en el Coliseo, de Barcelona, su segunda zarzuela grande, libreto de Martí Alonso, Casas Bricio y Méndez Herrera. Se titula En el balcón de Palacio y sitúa la acción en el Madrid de 1906, meses en que Alfonso XIII hace su esposa a la rubia princesa inglesa Victoria Eugenia de Battenberg, mientras la severa reina madre hacía discreto mutis y actuaba como director de escena, presidiendo el banco azul, Segismundo Moret. Dos voces nuevas, prometedoras, la de Pepita Embil y la de Antonio Medio cantaron las partes principales de En el balcón de Palacio, cuyo éxito inmediato y sólido reveló la gran compositor original que ya era Jesús Romo Raventós. Después siguieron los estrenos de las zarzuelas Los cachorros –con un libreto viejo, pero interesante, de Benavente; Bolodia y Un día de primavera, que afirmaron la calidad madura del músico inspirado y erudito. Está a punto de estrenarse –o ya se habrá estrenado– su más reciente zarzuela, El gaitero de Gijón.

La eminente cantante Pepita Embil no olvidó nunca el gran suceso que alcanzó cantando la protagonista, Lola la de Jerez, de En el balcón de Palacio, y cuando planeó la magnífica temporada que está desarrollando en el Arbeu, pensó en estrenar la preciosa y rica zarzuela de Jesús Romo, y como lo pensó lo ha hecho, y ya ha ofrecido al buen público zarzuelero de México una de las más bellas, inspiradas y fecundas zarzuelas españolas de última hora, y con ella la afirmación de un gran músico español con calidad y capacidad creadora suficiente para hombrearse con los maestros del género, desde Gatzambide, Hernando y Marqués, hasta Sorozábal, Alonso y Moreno Torroba de los actuales.

Para un libreto con sus ribetes de folletín, fluido, interesante y gracioso, compuso Jesús Romo trece números, preciosos, inspirados y ¡originales!, en los que asoman las ambas orejas de un gran instrumentista que domina con seguro pulso la composición, la armonía y el contrapunto. Nutren el primer acto los siguientes números: "exposición de la obra", presentando a la manera antigua los personajes y algunos temas que desarrollará después. En seguida, un vals para la entrada de la tiple ligera que refleja el ambiente madrileño del Madrid de las bodas reales. A continuación un dueto cómico, en tiempo de tanguillo, muy gracioso. Y ya metido el autor en un maravilloso mundo de melodías crea la preciosa romanza de la tiple dramática: Capullito: "de mi rama / te arrancó una mala hora / ¿En dónde estarás ahora / que ya tu voz no me llama?", pródiga en melodía dulcísima y dramática y sembrada de frases musicales resueltas con gallarda elegancia. Asciende la problemática de la composición con el número de la "lección de música", que evoca las cajitas musicales de principios de siglo y la famosa lección de Eslava: do-mi, do-mi, sol-do, etcétera, en tiempo de gavotilla, y culmina el primer acto con el dramático dúo entre el barítono y la tiple, a la manera de los grandes dúos de Gatzambide: "Dile, dile al clavel que no es suyo / el borbotón de dolores / que le nació en su capullo...; dile a la mar que se entere / que no era suya la igera que enriquece el acto postrero: `A un bravo y marcial capitán / la espada se le perdió; / una niña enamorada, / sin duda se la encontró". Se llega al final de la obra con el ritornello de la romanza del barítono: "¡Hija! ¡hija! / palomita blanca / mi bien querido sin calor de madre / está tu nido".

Gran zarzuela de estos días, como las mejores de ayer, o de antes de ayer. Lo tiene todo: libreto lógico, gracioso y entretenido. Música magnífica. Y el hallazgo de un gran personaje femenino: Lola, la de Jerez: "mujer de muchos alardes, / veleta de muchos vientos, / guitarra de muchas coplas / alma de muchos reflejos", que encuentra en Pepita Embil su envoltura carnal insustituible.

La temporada de zarzuela del Arbeu ha encontrado la obra que, cualquiera que sea el resultado de sus funciones, la justificará dignamente. La Embil, que siente especial cariño por la magnífica partitura de Romo, presentó con responsabilidad e indiscutible decoro esta zarzuela en la que, cada cual de sus intérpretes, en su sitio y en su jerarquía de cantante –Jesús Freyre, Adelina Ramallo, Consuelo Monteagudo, Charito Leonís, José María Martí, Plácido Domingo y Manuel Castell–, obtiene un éxito no inferior a la que por derecho propio, temperamento excepcional y garganta privilegiada, alcanza Pepita Embil y todos, bajo la sabia, cálida y, en ocasiones, insuperable batuta del gran maestro mexicano Antonio Rosado.