FICHA TÉCNICA



Título obra ¡Ah Machos!

Autoría Roberto Fontanarrosa

Dirección Fabián Ibarra

Elenco Plutarco Haza, Juan José Arjona, José María Yazpik, Fabián Ibarra

Espacios teatrales Foro La Gruta

Referencia Bruno Bert, “Ligero, no tonto”, en Tiempo Libre,núm. 849, 15 agosto 1995, p. 15.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Ligero, no tonto

Bruno Bert

Los espectáculos que pretenden la comicidad suelen ser especialmente complejos. Con frecuencia caen en la obviedad y más provocan pena que risas. Y si tienen al sexo como tema, mucho más. Así que cubrir un trabajo que al estilo del café-concert se llamara ¡Ah Machos! fue un acercarme a La Gruta con un cierto cuidado, prevenido de antemano para el hartazgo.

Y no, ése fue uno de los casos donde la calidad y el humor desbarataron las previsiones.

El trabajo consiste en una serie de sketches en lo que se supone un sintético ámbito de bar, ocupado únicamente por los actores en una mesa y en las restantes por el público, que se funde sin solución de continuidad desde el pequeño escenario hasta la también mínima platea. Son tres los autores responsables. El primero es Roberto Fontanarrosa, con los dos momentos más sólidos del espectáculo: "Mi amigo el sobrecojines" y "Un día perfecto", y los otros son Fernando Toja y Franklin Rodríguez.

Naturalmente, tratándose del tema del machismo, no puede estar ausente el joto, el ligue, los sueños eróticos, el hijo varón y los celos. Pero lo interesante es que a partir de un lenguaje completamente cotidiano y tratando temas archiconocidos, logran igualmente hallar el sesgo que los renueva y el matiz que permite infiltrar el asombro y la sonrisa en el terreno de lo trillado. El lenguaje es uno de los protagonistas indiscutidos, como corresponde a ese espacio de la comunicación directa de la copa y el cigarro, manejado entre la confidencia, la anécdota megalómana, el complejo y una caracterización general que acerca bastante a todo el resultado al "café" argentino. A ese café-bar cantado en los tangos de hace muchas décadas, justamente como espacio de "machos", añorado por todo adolescente de barrio corno graduación de adultez sexual. Sin embargo, no se vuelve un trabajo visto desde la pincelada folclórica de lo extranjero, sino que se amalgama muy bien con los mitos locales, permitiendo asimilarla desde la orilla mexicana con igual placer. En esto seguramente hay una directa responsabilidad de los actores y el director, que justamente es uno de ellos. Visualmente no se dé cuál de los participantes se trata exactamente, porque el programa de mano no es muy específico al respecto, pero al que le corresponda, sepa que su trabajo de amalgama actoral y construcción escénica es interesante y también considerablemente eficaz. Y el elogio incluye su labor como actor, ya que todos se muestran muy parejos en un desempeño que exige una especial ductilidad en cada uno de ellos.

Un grupo de cuatro actores jóvenes, Plutarco Haza, Juan José Arjona, José María Yazpik y Fabián Ibarra, este último también responsable de la dirección, ambientación escénica y adaptación de los textos, jugando un teatro desprejuiciado sobre los valores que rodean al sexo. Tal vez lo más grato del trabajo sea justamente su capacidad lúdica.

Ese representar ciertos estereotipos de comportamiento sin agotarlos, dejando siempre la posibilidad de hallarles algo capaz de hacerlos entrañables, a pesar muchas veces de sus taras evidentes, que en su posibilidad de auto ubicarlas en nuestro propio mundo de acciones despierta la risa del reconocimiento. Un juego que nace de la habilidad de manejar un texto, pero también de complementarlo constantemente con el cuerpo en una composición breve, de trazo muy ágil, llevando cada escena casi deportivamente.

En definitiva, todos los ingredientes para pasar una hora agradable en compañía de un teatro que tiene mucho de ligero pero muy poco de tonto.