FICHA TÉCNICA



Título obra Ángeles caídos

Autoría Noel Coward

Dirección Mercedes de la Cruz

Elenco Jacqueline Andere, Patricia Reyes Spíndola, Gustavo Rojo, Roberto D'Amico

Escenografía Roberto D'Amico

Vestuario David Antón

Espacios teatrales Teatro del Polyforum Cultural Siqueiros

Referencia Bruno Bert, “Moral a la carta”, en Tiempo Libre, núm. 848, 8 agosto 1995, p. 17.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Moral a la carta

Bruno Bert

Hacía tiempo que no iba al Polifórum Siqueiros, espacio que ocupa televiteatro. Acabo de reincidir con Ángeles caídos, una obra de Noel Coward que se presenta bajo dirección de Mercedes de la Cruz. Se trata de una comedia escrita en 1925 y a decir verdad ya no sólo se le notan los años sino incluso las décadas, aunque se la vista de contemporaneidad tanto en la adaptación de Roberto D'Amico, como en la escenografía y el vestuario de David Antón.

Claro, aquellos eran los años crepusculares del imperio británico, con influencias de un Wilde más o menos reivindicado por la modernidad, y el éxito de Bernard Shaw a través de sus seguidores inmediatos. El tiempo de las pièces bien faites, ligeras, profundamente burguesas pero de crítica a los tabúes de esta clase, burbujeantes de palabras, interpretadas por los actores de moda y a veces levemente escandalosas en relación a la moral imperante. Un teatro digestivo que aquí y hoy se halla vinculado a una platea esencialmente femenina, cuyo promedio de edad es superior a los cincuenta, que sigue gustosamente esos devaneos textuales en una aceptación de reglas morales difícilmente practicada en lo personal, pero entendidamente lógico para las clases "superiores". Un público telenovelero, para ser sintéticos.

El tema es simple: la apetencia de sensualidad de dos mujeres, al interno de muy ricos matrimonios, ya mayores, donde el erotismo ha dejado paso a la costumbre y la ausencia, y la rutina es sinónimo de felicidad. Recuerdan entonces a un antiguo amante latino que ambas han conocido en un viaje a Italia, antes del casamiento por supuesto. Y frente a la perspectiva de su sorprendente y casual llegada a Londres, espacio de la acción, traman una simultáneamente temida y deseada aventura galante que las enfrentará como competidoras del banquete amoroso. Esta pequeña estructura permite todo los lugares comunes del género en una trama que pretende ser juguetona, brillante, sumamente educada y divertida; pero que en definitiva es infinitamente intrascendente, absolutamente carente de originalidad, tediosamente recurrente a las taras de la burguesía y de un convencionalismo elevado al absurdo.

Por supuesto que nunca pasará nada que roce, ni siquiera ligeramente, la moral a la carta tanto de los protagonistas como de los asistentes al espectáculo. La infidelidad, la necesidad de erotismo en la pareja, los valores de la amistad, el egoísmo como herramienta primaria justificada hasta sus últimas consecuencias entre las amigas durante la aventura, son varios de los temas que aparecen lanzados al ruedo, pero quedan muy pronto mediatizados por la mediocridad del soporte, que ni siquiera conserva aquella mordacidad hiriente que fue propia de este tipo de obras al momento de su éxito. Tal vez en aquel entonces pensar y reír de las alternativas del pensamiento, era un deporte más o menos usado. Hoy eso ha caído en total descrédito y este tipo de puestas lo pone claramente en evidencia.

No puede hablarse totalmente de un trabajo de dirección, sino más bien de un decoroso mantenimiento del ritmo de juego en un plantel un tanto desigual. La protagonista es Jacqueline Andere, única que en realidad maneja ese mundo con fluidez. La acompaña Patricia Reyes Spíndola, una excelente intérprete con una fuerte personalidad que aquí se halla completamente fuera del agua. Cumple con el trazo y las réplicas, pero la estupidez innata que exige el papel no logra posesionársela por más esfuerzos que realiza al respecto. Gustavo Rojo se muestra más bien como un envarado maniquí sonriente y maquillado y Roberto D'Amico fuerza en un rol que parece tomar más bien como director que como actor.

Los demás son sombras que intentan sugerir el mundo de los criados, pálidos reflejos mixtos entre de la comedia musical y la comedia del arte.

En fin, Ángeles caídos que no dan ni para la más mínima diablura.