FICHA TÉCNICA



Título obra Ley fuga

Autoría Jorge Celaya

Dirección Octavio Trías

Elenco Marco Antonio García, Guadalupe de la Mora, Antonio Zúñiga

Escenografía Carlos Trejo

Iluminación Valentin Orozco

Grupos y compañías La Otra compañía

Espacios teatrales Casa del Teatro

Referencia Bruno Bert, “Teatro bizarro, pleno de ira”, en Tiempo Libre, núm. 845, 18 julio 1995, p. 15.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Teatro bizarro, pleno de ira

Bruno Bert

Incluido dentro del tercer ciclo de "Teatro Clandestino" se está presentando el dramaturgo sonorense Jorge Celaya (Voces, Lobo, Cercados y Bar y desierto, también en temporada en estos momentos) con la obra Ley Fuga, asumido por el grupo "La otra compañía", bajo la dirección de Octavio Trías.

Todos los que conocen el escenario de Casa del Teatro, saben de sus reducidas dimensiones. Y es así, es un lugar que no tiene más de cuatro a cinco metros de frente por apenas tres de fondo, donde se concentra un simbólico ángulo del polémico muro que constituye la frontera de Estados Unidos con México en los sectores más asediados por los emigrantes ilegales. Está visto, dentro de un estricto realismo constructivo, como la esquina de una cloaca, con un breve talud hacia el público, una zanja intermedia y una cañería de desagüe que desemboca en territorio norteamericano. Todo en cemento y lámina, de un gris impersonal. Esta escenografía de Carlos Trejo, efectiva, concluyente, complementada por la iluminación de Valentin Orozco, enmarca la obra de Celaya que toma el instante dilatado del cruce —o del intento de hacerlo— de una prostituta y una especie particular de cronista que se propone experimentar en sí la materia sobre lo que escribe. Los acompaña un "pollero" ("ambulante" o "vaquetón", como él prefiere definirse) en decadencia, que se la juega con ellos hacia resultados que con seguridad habrán de cerrarse trágicamente.

Todo el trabajo se nutre de la exasperación, tanto en lo textual como en la puesta. Los diálogos tienen esa inmediatez de la trinchera, golpeados, caracterizados por expresiones muy locales, casi vueltos un metalenguaje carcelario. Y las historias de vida que se filtran en la espera, se tiñen con la misma estructura trunca, como fragmentos que contagian esa incapacidad de unidad que se halla presente en cada uno de los narradores a consecuencias de la historia social que han debido asumir.

Naturalmente se trata de un teatro de denuncia y contiene algunos elementos que son característicos a este tipo de formulaciones, pero logra evadir lo panfletario e incluso ciertas cercanías a lo que podría traducirse como melodrama por lo truculento de las circunstancias.

Celaya y Trías ensamblan hábilmente sus proposiciones logrando un teatro bizarro, en el sentido italiano del término: pleno de ira. Y esto tiñe de identidad un cierto aspecto áspero, incluso un tanto tosco, de las acciones y los personajes, en cuanto a la forma de ser asumidos por los actores. Estos son Marco Antonio García, como el pollero; Guadalupe de la Mora en Thesia y Antonio Zúñiga como David. Rodolfo Guerrero complementa con un par de papeles de coyuntura. Destacan las composiciones de la mujer —con un fuerte despojo de todo elemento accesorio, casi esencial en su precariedad— y del escritor, con un sesgo homosexual, sumamente atractivo por la combinación que logra entre lo emocional y lo ideológico.

Todos ellos poseen un grado de energía y entrega que les permite saltar (bizarría por medio, para seguir usando un término que pienso los contiene) esa cierta falta de pulimento en el oficio, dejándonos igualmente comprometidos con la acción e interesados por el conjunto como grupo, un ejemplo indudablemente interesante del teatro del interior.

Al paso de las obras y los directores, el "Teatro Clandestino" va definiendo mejor en la práctica sus intenciones y modificando incluso los alcances a partir del andar. Un ciclo que crece en importancia y en interés para los espectadores.