FICHA TÉCNICA



Título obra Visitas inesperadas

Autoría Verónica Langer

Dirección Martín Acosta

Elenco Verónica Langer, Mónica Dionne, Luis Miguel Lombana, Guillermina Campuzano, Guillermo Larrea

Espacios teatrales Teatro Casa de la Paz

Referencia Bruno Bert, “Remedios y Leonora, bordadoras de imágenes”, en Tiempo Libre, núm. 844, 11 de julio 1996, p. 15.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Remedios y Leonora, bordadoras de imágenes

Bruno Bert

La pintura de Leonora Carrington y la de Remedios Varo se caracterizan, en ambos casos, por la presencia de la magia; es decir por la capacidad de superar la razón y dar ingreso a un mundo que las escuelas, con su manía por las etiquetas, suelen llamar "surrealismo".

Las llaves que abren este universo, en Leonora son más afinadas y técnicas, en Remedios, en cambio, más vinculadas a las fantasías de la infancia y con una mayor carga de poesía explícita. Pero en ambos casos sus cuadros son ventanas a mundos contiguos, impregnados de idéntica fascinación. No es de extrañar entonces que en vida hayan sido amigas y que ahora se las convoque juntas en Visitas inesperadas, una obra de Verónica Langer, supongo se trate de su ópera prima en la labor de dramaturga, que bajo la dirección de Martín Acosta se está presentando en el Teatro Casa de la Paz.

La obra no intenta una biografía —aunque no la niega— ni tampoco la ilustración de sus pinturas, aunque navegue por ellas, jugando a una virtualidad que tiene bastante que ver tanto con evanescencia del mundo pictórico de estas dos mujeres, como con las formas constructivas a las que es afecto Martín Acosta. El plano donde se desarrolla la acción consta sólo de un patio y un muro, y en ellos la evocación pictórica del universo de Remedios Varo, por forma, textura y color es clara y sumamente efectiva.

Aquí creo que es difícil y hasta un poco árido dividir la tarea de dirección con la de autoría, porque ambas sugestiones se funden armónicamente. Estamos hablando de creadoras de imágenes y es a eso a lo que esencialmente se atienen autora y director, tratando que las que ellos van "bordando" escénicamente sean portadoras de climas secretos, de complicidades y de todo aquello que pueda otorgar al espectador no sólo el reencuentro con las figuras originales, sino también con la efectividad con que estas pueden transportarnos al interior de nuestro propio mundo... si es que aún somos capaces de destilar un claro de luna con el cariño con que una abuela —de las de antes, claro— fabricaba un incomparable licor de mandarina. Es que ese clima "retro", tan presente en la pintura de Remedios Varo a través de los largos bigotes, las levitas, chisteras y bicicletas, aquí en Visitas inesperadas se transforma más bien en una leve añoranza por mundos perdidos, por sentimientos no vividos, por fantasías deseadas y sin concretar. Es un puente, sobre esencias similares, entre el tiempo de la pintora y los momentos actuales, que permiten rescatar una sensibilidad que dio origen a las telas pero actualizada en su discurso emocional.

Indudablemente tanto Verónica Lánger como Martín Acosta logran esa difícil intimidad pública del juego, que aun participándonos, en definitiva nos deja fuera de unas reglas privadas que atisbamos como niños celosos de no poder ingresar más íntimamente a la partida. El tema de la otredad que tanto nos corresponde.

Y en el juego los jugadores: la misma Verónica Langer como Remedios y Mónica Dionne asumiendo a Leonora. Cuidadas, medidas, siempre un paso más acá de las trampas de la emoción sin dejar sin embargo en frío el tablero de las jugadas. Las acompañan Luis Miguel Lombana, Guillermina Campuzano y Guillermo Larrea: un equipo acorde a las necesidades, que logra muchos momentos gratos para el espectador.

Siento que es volver sobre los mejores pasos de Martín Acosta en cuanto a lenguaje y propuesta. Tal vez no se trate de un espectáculo "para todo público", más bien es para un grupo de desconocidos que puede reencontrarse a la vera de un patio cuadriculado, donde bajo la tercer baldosa se guarda la clave de un recuerdo. Pero de eso se trata en realidad, cuando el teatro es capaz de superarse a sí mismo para volverse un camino hacia el reencuentro entre el espectador y sus tiempos perdidos.