FICHA TÉCNICA



Título obra La domadora y el león

Autoría Martín Morales

Dirección Luis Rodríguez Leal

Elenco Fernando Escalona, Susana Ugalde, Silvestre Ugalde

Espacios teatrales Sala Julián Carrillo

Referencia Bruno Bert, “El león domado”, en Tiempo Libre, núm. 843, 4 julio 1996, p. 15.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

El león domado

Bruno Bert

En la sala Julián Carrillo de la UNAM, se está presentando un espectáculo de Martín Morales Rivera que con el nombre de La domadora y el león, ha sido puesta en escena por Luis Rodríguez Leal.

Se trata de una comedia de un corte que recuerda a aquellas que hicieron las delicias de la clase media de los treinta, mezcla de humor y crítica a la pareja. Aquí son cuatro personajes los que permiten el desarrollo de la trama: el marido, un amigo, la esposa y una compañera. El espacio es el departamento del matrimonio en cuestión, con frecuentes fugas fantasiosas a distintos lugares donde ellos estuvieron o imaginaron estar durante su luna de miel.

Cada uno de los protagonistas pinta su relación matrimonial como un infierno del que el otro es culpable, básicamente por su alcoholismo, frigidez o impotencia. Pero al parecer la verdad es elusiva y ambos más bien se apoyan en una frondosa imaginación de carácter sadomasoquista, que los encuentra aliados en lo básico, para servirse de sus relaciones como soporte de juegos que posiblemente incluyen lo erótico, en propuestas combinadas de infidelidad. La reacción de los invitados en esta especie de comedia de enredos, sus dudas, sus cambios de posiciones e incluso su transformación por momentos en espejos de la pareja principal, es todo lo que sucede en el transcurso del trabajo; que concluye con un tono reflexivo creando ambigüedad en relación a la medida en que ambos pueden aún distinguir locura de realidad.

Como propuesta estructural resulta interesante, pero como realización escénica pierde consistencia y efectividad a partir tanto de la dureza del libreto como de la concepción de puesta. Dramatúrgicamente se repite, cambia de rumbo, retrocede... es como si la idea conductora se diluyera a través de los efectos que propone, volviéndose distante a la necesaria capacidad de provocación al público.

En lo que hace al montaje, es más bien frío, con un manejo de tipo técnico, casi lavado de vida, cercano al mero ejercicio. El espacio y el complemento escenográfico prácticamente no existen en la propuesta de la dirección, que se desarrolla en un ámbito impersonal y a través de movimientos también convencionales, que terminan por homologar a actores y objetos. Y así como son de pobre los segundos, también se vuelven tales los primeros.

Ambos protagónicos se hallan en manos de Susana y Silvestre Ugalde; la pareja invitada es asumida por Carmina Arcos y Fernando Escalona, mientras que un efímero pero reiterado capitán de meseros queda bajo la responsabilidad de Jaime Torija.

El manejo de actores no es claro en cuanto al estilo impuesto. Absolutamente construido y "teatral" en los primeros momentos, va mezclándose progresivamente con un cierto naturalismo hasta perder unidad de propuesta. Así planteado, navega en una media agua incapaz de seducirnos ni por su verosimilitud ni por su habilidad en el manejo de estos muñecos escénicos. Al igual que el resto se nos alejan e impersonalizan dejándonos con la sensación que no es un problema de los actores en sí, sino más bien de la dirección que maneja Luis Rodríguez Leal.

En fin, el programa de mano está acompañado de una cita de Baudelaire: "Se debe estar embriagado siempre, de vino, de virtud, de placer, de lo que sea...". Hay que admitir que en La domadora y el león, a pesar de lo mucho que se bebe en escena, ni el equipo ni el público logran siquiera el más leve de los mareos.