FICHA TÉCNICA



Título obra Creator principium

Autoría Héctor Mendoza

Dirección Héctor Mendoza

Elenco Angelina Peláez, Julieta Egurrola, Ricardo Blume, Hernán Mendoza

Espacios teatrales Teatro Santa Catarina

Referencia Bruno Bert, “Fenómeno de probeta”, en Tiempo Libre, núm. 841, 20 junio 1996, p. 15.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Fenómeno de probeta

Bruno Bert

Las obras de Héctor Mendoza suelen tener el sello de identificación del autor.

No sé si en realidad hablando de un "estilo", o más bien de la visión, gustos, obsesiones y aún cansancios con los que preña sus obras, aunque no llegue a merecer ese nombre. Sobre todo las que él mismo dirige. En este caso, la referencia viene al caso por el estreno de Creator principium, un material que se está presentando en el foro de Santa Catarina.

Tengo entendido que hace parte de un tríptico, pero como nada de eso se haya expresado en el programa de mano, será preferible tomarlo como unidad. El tema es el teatro mismo, la intención es la defensa de la verosimilitud en la tarea del actor en el contexto sobrevalorizado de la palabra y la anécdota una serie de clases con el propio Mendoza o su alter ego escénico. Es una obra posiblemente destinada al consumo interno de los que manejan el metalenguaje de la formación actoral. Sin embargo, el autor trata de extender un puente para que alcancen la comprensión algunos más, que a partir de un determinado nivel de información y frecuentación teatral pueden seguir la temática discutida.

En coherencia de continuidad con su montaje anterior, Mendoza despoja el espacio de cualquier elemento escenográfico y aun de utilería (salvo una silla por actor); significa básicamente de igual manera el valor del vestuario, y nos dice que el teatro está encarnado en el intérprete, su capacidad de transmitir una "verdad" —más allá de la superficie de la escuela elegida, formalista o vivencial asumiendo a la palabra (enraizada en lo orgánico) como mágico nexo entre la situación imaginaria y el espectador. Es la reiterada negación del valor espectacular, sustituido por una supuesta esencialidad que en tiempos como los presentes bien puede ser discutida desde muy distintos puntos de vista. Pero hay algo que es claro, y es la habilidad de Mendoza para conducir esta clase de obra enlazando los planos de lo personal en los alumnos (actores que actúan a actores) con los ejercicios demostrativos de la tesis que sustenta, hasta generar la ambigüedad que justamente abona lo que desea plantear. Es un juego bien jugado que no pasa de allí, y posiblemente funciona como especie de pantalla capaz de seducir a los más "intelectuales" tan sólo por el eco de su propia habilidad para convocar sombras parlantes que se usan a sí mismas como constantes referentes. Un mundo cerrado donde la verdad y la vida son convocadas para mirarlos como fenómeno de probeta... si lo observamos como espectáculo al público y no como ejercicio de clase. A veces el humor, y también un cierto grado de ironía, sustituyen un cansancio que se expresa en la saturación conceptual, que llega a equilibrar en vacío y hasta a desbordarlo.

Para la puesta, Mendoza convoca a un grupo de actores experimentados que ya han trabajado con él (incluso los hay formados a su sombra), y que funcionan perfectamente en esta "pasarela de las emociones". Son Julieta Egurrola, Hernán Mendoza, Ricardo Blume, Angelina Peláez, Laura Padilla, Luis Rábago, Ana Celia Urquidi y Fernando Jaramillo.

En lo personal comparto la tesis del autor (el creator principium del teatro es la verosimilitud del actor, y ésta se halla un paso antes —o muchos después— de la elección Diderot-Stanislawski), aunque tal vez el producto en sí me remonte un poco humorísticamente a aquella entrevista que una vez hicieron a D'Annunzio preguntando el porqué de la escritura de ciertos discutibles libretos para cine: "Mis lebreles necesitan carne roja", contestó con una abierta sonrisa.