FICHA TÉCNICA



Título obra La rodaja

Autoría José Ramón Enríquez

Dirección José Ramón Enríquez

Elenco Eugenia Leñero, Jesús Ochoa, Antonio Crestani

Espacios teatrales Foro Sor Juana Inés de la Cruz

Referencia Bruno Bert, “Tajada en escabeche”, en Tiempo Libre, núm. 840, 13 junio 1996, p. 17.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Tajada en escabeche

Bruno Bert

En los últimos años José Ramón Enríquez ha estrenado lo suficiente como para que todos los que vemos teatro con asiduidad hayamos podido advertir las constantes manejadas en sus obras. No sé si esto llega realmente a constituirse en un estilo —pensando, además, que con cierta frecuencia también incurre en la dirección, sobre todo de obras suyas o de Ignacio Solares—, pero al menos es fácil advertir cuáles son sus preocupaciones fundamentales que se reiteran con variantes tanto en lo formal como en lo conceptual.

Ahora, en el foro Sor Juana de la Universidad, acaba de estrenar La Rodaja, y en ella volvemos a constatar estas recurrencias en su doble rol de director y dramaturgo.

Le atrae el pensamiento dual, posible herencia de un cristianismo que también le seduce, pero entra en combate místico con él, tal vez por las tribulaciones ideológicas inherentes a una preocupación sobre lo social que es una de sus constantes más arraigadas. Así, la bipolaridad cielo-tierra aquí se ve representada en la elección de sus personajes —tres lúmpenes— y en el sesgo "iluminado" que da al extremo femenino del triángulo, una especie de mártir violada y santa sin la mochería convencional que se presentaría al caso (el otro par: cuerpo-alma). Tres entonces, como número cabalístico vinculado a la Virgen y a las visiones religiosas.

Por otra parte, como adición a esto, se encuentra la preocupación social y mexicanista que tantas veces ha expresado a través de otras obras. Es claro que esto se encarna no sólo en la extracción social de los personajes, sino incluso en el juego de valores simbólicos de los mismos, que nos habla de los arreglos y desarreglos en los meandros del poder, de los padrinazgos y contubernios en un lenguaje "tepiteño" sumamente sugestivo. Y siguiendo la enunciación de los estratos incorporados a la obra, hallamos otra fuente de sugestión que Enríquez gusta de incorporar a sus trabajos: el teatro mismo, como elemento especular, que aquí, por supuesto, enraíza en la picaresca, desde Rinconete hasta el Licenciado Vidriera, y en infinidad de juegos verbales y corporales que evocan abiertamente al Siglo de Oro Español.

Por último (aunque por supuesto siempre cabe hallar algo más) y siguiendo el juego de los opuestos, se marca fuertemente la imbricación entre lo culto y lo popular, a través de la mezcla de lenguajes, la suma de referentes, la incorporación de citas directas o indirectas, volviendo al producto entero un fresco abigarrado, de un barroco encendido y al mismo tiempo deformante, como imágenes del Greco. El Enríquez director —y una vez más en la dualidad— opone a esta exuberancia el vacío, despoja la escena de cualquier elemento escenográfico y casi hasta de utilería (apenas si deja un espejo, un anafre encendido y una especie de huacal-ataúd, con un valor de re simbolización que hubiera fascinado a cualquier intelectual de la época de Calderón) y allí lanza a los actores, caricaturas casi de sus propios personajes.

Estos son Eugenia Leñero en La Rodaja; Jesús Ochoa como "El Armadillo" y Antonio Crestani como "Cocolete", mientras en un rincón Raúl Zambrano toca en vivo la guitarra acompañando climáticamente algunos momentos o jugando contrapuntos abiertos bajo provocación de cualquiera de los intérpretes, alternando música del siglo XVI y composiciones absolutamente contemporáneas. El trabajo actoral es sólido en cualquiera de los que componen el equipo, pero destaca Eugenia Leñero a la que hemos visto crecer significativamente en sus últimos trabajos.

Todo parece excelente, pero el exceso no siempre es virtud y aquí, al menos por momentos, se vuelve como un pastel excesivamente condimentado que logra distanciarnos de la propuesta. Abunda de todo y en cantidad, tal vez cabría dosificar y agregar una mayor definición de estilo.