FICHA TÉCNICA



Título obra Cuarteto

Autoría Heiner Müller

Dirección Ludwik Margules

Elenco Laura Almela, Álvaro Guerrero

Espacios teatrales Foro Teatro Contemporáneo

Referencia Bruno Bert, “Visión apocalíptica descarnada”, en Tiempo Libre, núm. 838, 30 mayo 1996, p. 16.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Visión apocalíptica descarnada

Bruno Bert

"No trafico con narcóticos ni con esperanzas"
H.Müller

Las artes muchas veces se toman a sí mismas como referenciales para nuevas interpretaciones de su espacio social de acuerdo a los tiempos. Y así como Picasso reinventaba a las Meninas de Velázquez, Heiner Müller, el gran dramaturgo germano recientemente desaparecido, re trabajó la única obra importante de Choderlos de Laclós Las relaciones peligrosas, creando una particular versión que llamó Cuarteto. Resulta doblemente interesante, porque por un lado no es frecuente en nuestro medio el montaje de las polémicas obras de carácter prácticamente experimental de este autor; y por otra parte Las relaciones peligrosas han sido llevadas a escena en México en temporadas aún no demasiado lejanas, al calor del éxito de la versión fílmica, por lo que el público está en condiciones de comparar no tanto las puestas sino, sobre todo, la lectura que de un mismo material de base hacen dos autores tan disímiles como un francés en los momentos agónicos del siglo XVIII y un alemán de la ya extinta República Democrática.

Lo primero que advertimos en el cotejo es cómo lo biótico adquiere un matiz absolutamente tanático. La novela de Laclós se basó en una crítica visión del "Ancien Régime" y la descomposición de los valores que lo sustentaba. Fue escrita en 1782, es decir muy pocos años antes del estallido de la Revolución a la que se adhirió pero con la que tuvo serios y frecuentes problemas.

Cuarteto, a su vez, fue compuesto en 1980, casi celebrando centenarios con la primera, y también a escasos años de la caída de ese socialismo al que Müller también se adhirió críticamente, creándose variados inconvenientes con la dirigencia del partido. Dos mundos en transformación como matriz para estas obras.

A esto hay que agregarle el interés que significa que sea Ludwik Margules el encargado de llevar a escena este Cuarteto que ya ha conocido la mano de directores del prestigio y talento de Bob Wilson (1987), por ejemplo. En este caso Margules opta por sólo dos personajes (Wilson prefirió la presencia de 5 actores en su puesta), que esencialmente toman los papeles de la Marquesa de Merteuile y el Vizconde de Valmont. Sólo que a los grandes espacios barrocos que presupone el cine, se les contrapone una pequeña caja metálica, casi como una vitrina oxidada, de apenas un metro de profundidad por cuatro o cinco de longitud. Allí no hay nada salvo dos sillas modernas, también metálicas y cromadas. Y así como ha sido descarnado el ambiente, también lo es lo externo de los personajes, con un vestuario que sugiere el siglo XVIII, pero sólo en puente a lo más estrictamente contemporáneo. Y allí estalla el juego del riesgo, la inversión, la invasión y la muerte, donde el erotismo más brutal se vuelve filosofía y ésta intenta la encarnación viva de los cuerpos sin lograr más que la áspera frustración de las palabras, que siempre están un poco más allá de la vida misma. Un desencanto ácido que por momentos puede llegar a irritar profundamente no sólo a los actores sino hasta los mismos espectadores del juego. Excelente y peligroso manejo de Margules que se multiplica en la calidad de sus actores: Laura Almela y Alvaro Guerrero, capaces de recorrer ese desfiladero donde la impotencia da alas a un deseo incapaz de satisfacerse en ningún abismo de brutalidad. La capacidad de acercar al "espíritu alemán" el texto del decadente francés es mérito de Müller, y dar a esa visión la sensación desgarrada de nuestro momento histórico es virtud del equipo y director.

Un material que genera sus propios obstáculos a la complacencia y elegirá un público maduro para compartir su descarnada visión apocalíptica.