FICHA TÉCNICA



Título obra Permanencia involuntaria

Autoría Elena Guiochins

Elenco Adalberto Parra, Julian Tabche

Música NULL 

Espacios teatrales Teatro Sergio Magaña

Referencia Bruno Bert, “El medio es el mensaje...”, en Tiempo Libre, núm. 835, 9 mayo 1996, p. 15.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

El medio es el mensaje...

Bruno Bert

En estas etapas de transición, todos estamos con los ojos puestos en las expresiones artísticas de la generación más joven. Es como esperar vientos nuevos en un espacio más o menos enrarecido por la repetición de esquemas o la falta de ideas. De allí el interés de ver su producto cuando un grupo de teatristas nóveles se reúne bajo el irónico nombre de "Marca Acme" y presenta Permanencia involuntaria. Es una experiencia bastante singular, porque son cinco directores —José Antonio Cordero, Rubén Ortiz, Teresina Bueno, Luly Rede e Ilián González— dirigiendo simultáneamente distintos fragmentos de una misma obra de Elena Guiochins.

Temáticamente abarca, de una manera muy abierta, la visión de la familia clase media contemporánea, en su relación con los estereotipos comunicacionales de la televisión. Se halla dividida en los últimos "minutos" (uno para cada director) de este fin de milenio, pero tiene la unidad suficiente como para ser manejada en la apariencia de un discurso continuo.

Lo que interesa a la autora en primera instancia es la pérdida del referencial masculino: la homosexualidad del padre se duplica en el lesbianismo de la hija que incorpora como pareja a la imagen abandonada de la madre. La locura final de la hija se dará viendo ángeles, es decir seres "superiores" de apariencia masculina pero sin capacidad sexual: la mujer joven del fin de milenio viendo quebrarse el mito falocrático, pero no desde la posible alegría feminista de la generación anterior, sino desde la desesperanza ante las seguridades perdidas.

Entonces, visto globalmente, es el disgregarse de ese núcleo primario al que llamamos familia por efecto de la disolvencia e inmoralidad que manejan los medios masivos en permanente funcionamiento al interno de la casa; la pluri sexualidad abierta de sus integrantes, el sida y, en última instancia, por el deshacerse de las identidades que terminan por conducir a la locura y la muerte a la generación heredera... es decir, la de los hacedores del producto teatral que estamos comentando. Pareciera (fuera de ese giro sobre el valor de lo masculino) que no hay una variación de lo esencial del discurso en relación a expresiones similares que jalonean al teatro de los últimos cincuenta años. Cambian las circunstancias, se actualizan los comportamientos y sus referentes, pero la raíz continúa siendo la misma: la crítica de una estructura en crisis, la añoranza por una verdadera capacidad de vinculación afectiva entre sus integrantes, lo nocivo de la acción de la televisión y sus modelos de "excelencia" y triunfalismo morboso, y la muerte y la locura campeando con distintos nombres según las décadas.

Pero la variación de lenguajes es lo que en este caso también importa, por aquello de que "el medio es el mensaje".. Y ese trabajar de cinco directores para expresar plásticamente una misma idea es un claro indicativo de una forma de acceder a la obra a partir de una unidad de múltiple fragmentación muy propia de nuestro momento histórico que coincide con una tendencia a la saturación que es obvia en los distintos planos discursivos. Por momentos la muerte, no de las ideologías sino de la dogmatización de las mismas, aparece como una añoranza a verdades perdidas, quedando el núcleo sicológico del individuo como eje enfermo sobre el que pivotea toda la pieza.

El trabajo de los directores reconstituye una unidad que casi está en contradicción con tanto aspecto destructivo y disolvente. Tal vez el aspecto vinculador de esta generación no se halla en el discurso externo sino en el lenguaje que subyace; en un hablar de lo mismo que, sin embargo, es distinto e identificatorio. Buen trabajo de equipo que incluye a los intérpretes: Surya Macgrégor, Aurora Cano, Julián Tabché, Juan Carlo Vives y Adalberto Parra, con un acento en la calidad de las dos actrices. Ojala pueda hallar su público, que debata y profundice la voz de estos creadores.