FICHA TÉCNICA



Título obra María Estuardo

Autoría Fredrich Schiller

Notas de autoría José Ramón Enríquez / versión libre

Dirección Raúl Quintanilla

Escenografía Carlos Trejo

Iluminación Carlos Trejo

Vestuario Mariestela Fernández

Espacios teatrales Teatro de las Artes

Referencia Bruno Bert, “Complicidad creativa”, en Tiempo Libre, núm. 832, 18 abril 1996, p. 17.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Complicidad creativa

Bruno Bert

El tema del enfrentamiento entre la Reina Isabel I de Inglaterra y su prima María Estuardo de Escocia, los 18 años de cautiverio de esta última en las cárceles de la primera y su fin en el patíbulo, han sido frecuente tema de inspiración para literatos, dramaturgos, pintores y hasta músicos. De hecho ha sido Federico Schiller, uno de los grandes maestros del primer romanticismo alemán, el que a través del teatro ha desarrollado más extensa y popularmente su imagen trágica. Ahora, en el Teatro de las Artes del CNA, Raúl Quintanilla ha estrenado una versión libre de esta obra debida a José Ramón Enríquez.

El original de Schiller es una exaltación a la grandeza moral del héroe —aquí María Estuardo, golpeada por lo fatídico de su destino— y desarrolla el tema de la libertad individual como un eco a aquella libertad general que la época (la obra fue escrita en 1800) buscaba denodadamente a través de movimientos como el de la revolución francesa. Gran belleza en su lenguaje poético, gran pertinencia a su circunstancia histórica e incluso un fuerte aliento de vanguardia en la imposición de un estilo corno el romántico, que en Alemania recién comenzaba a forjarse justamente en las obras tanto de Schiller como de Goethe, otro gigante que fue amigo y protector del poeta que hoy nos importa.

Como es natural, el original está pensado para un gran elenco (no menos de treinta intérpretes), que aquí el adaptador reduce a seis personajes claves que sintetizan la acción y la aligeran para el espectador moderno. Ese difícil trabajo de reducción y actualización realizado utilizando el alejandrino castellano, cercano en sonoridad a la prosa, nos habla de una madura y muy inteligente labor de Enríquez dentro de un terreno donde el fracaso por banalización es casi norma.

Este material es recibido por Quintanilla, que establece una interesante complicidad creativa con Carlos Trejo, responsable de la escenografía e iluminación. Este, se encarga de rescatar el aire de grandiosidad operística, claramente teatral, al mismo tiempo austero, majestuoso y despojado; a través de una proposición espacial que maneja grandes volúmenes que aíslan y dan realce a la soledad de los protagónicos, al mismo tiempo carceleros y encarcelados, en una idea de poder que justamente es La que Schiller pone en cuestionamiento.

En este acotamiento, de un romántico-contemporáneo, se desplazan los actores a los que se ha trabajado en lo externo como figuras de engarce en esos amplios tonos de fondo. De allí la importancia de la belleza en los trajes y tocados, recreaciones a cargo de Mariestela Fernández, que manteniendo la evocación histórica, están mucho más cerca de lo climático que de lo documental. Y también el manejo rítmico y coreográfico en el que intervino como asesor Marco Antonio Silva: los amplios movimientos van conjugándose con el valor de lo textual, formando oleadas de silencio y musicalidad contrapunteadas siempre por el cuerpo. Esto nos habla de un equipo muy compacto y coherente, al menos en los resultados del trabajo que nos presentan. Por supuesto la labor de dirección, es decir la concepción general —en este caso seguramente discutida y emparejada con la del adaptador— es la responsable de esta cuidada presentación. Y no es de extrañar, ya que Quintanilla es un director no muy prolífico pero sí generalmente dado a una elaboración minuciosa y creativa en sus montajes. En esto, destaca la labor de individualización, dentro de un claro estilo contenedor, en cuanto a los actores.

Margarita Sanz en el papel de Isabel de Inglaterra reafirma la calidad que siempre le hemos conocido, y en este caso sobre todo por el manejo de una energía formalmente contenida tanto en el cuerpo como en la voz, que logra un efecto de especial dilatación en la figura de la "Reina Virgen". Contraponiéndosele, como María Estuardo, encontramos la figura de Inés Somellera en lo que al parecer es su debut teatral. Una interesante y difícil confrontación de la que sale airosamente. Creo que valdrá la pena seguirla en su trabajo, sobre todo si continúa eligiendo a directores inteligentes y hábiles como Quintanilla. Guillermo Gil, Juan Carlos Colombo, Joaquín Garrido, Bruno Bichir y Alejandro Vélis completan el breve elenco asumiendo al entorno inmediato de ambas reinas. Casi todos ellos son actores que hemos gustado en muy variados y también fértiles retos escénicos, por lo que logran un equipo compacto que nos hace pasar muy rápidamente las dos horas a las que ha sido sintetizada ésta versión de María Estuardo.

En definitiva: un material que seguramente habrá de tener una excelente repercusión y también una permanencia mucho más extensa que la anunciada en el programa de mano. En la temporada del 95 los clásicos habían tenido éxito de público, pero a costa de su simplificación.. En este caso, aunque la indudable calidad existente no signifique un desborde de talento, se trata de una puesta considerada para un público algo más adulto y exigente.