FICHA TÉCNICA



Título obra Confesiones de mujeres de 30

Dirección Lía Jelin

Elenco Zaide Silvia Gutiérrez, Laura Luz, Ana Karina Guevara

Escenografía Laura Rode

Iluminación Laura Rode

Espacios teatrales Foro El Telón de Asfalto

Referencia Bruno Bert, “Loa al “bienamado macho”, en Tiempo Libre, núm. 831, 10 abril 1996, p. 17.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Loa al "bien amado macho"

Bruno Bert

Telón de Asfalto, foro vinculado a Antonio Serrano su fundador, nació como un espacio alternativo, posiblemente destinado a ser lugar de puestas en escena de un humor no convencional. Después de cerca de dos años de reiterados fracasos escénicos, pasó a manos de productores decididamente comerciales y ahora lo que vemos en ese espacio se caracteriza sobre todo por una búsqueda directa de público —hecho que todos deseamos— aunque a veces esta natural urgencia pueda significar cierta complacencia formal e ideológica, y un resentirse en la calidad de los productos presentados.

Después de "diez meses de éxito" de La Fiesta, "la comedia gay de los 90", acaba de estrenarse Confesiones de mujeres de treinta, un material cercano al cabaret o al café concert, basado aparentemente en un similar originado en Brasil, que actualmente funciona con gran éxito en los escenarios argentinos. Digamos que se trata de un acontecimiento internacional que aquí fue llevado a escena por Lía Jelin luego de cuatro semanas de ensayos, según comentara ella misma al público el día del estreno.

El tema es esencialmente la edad y el sexo —de las mujeres de treinta en relación de lo que el público piensa y espera de ellas— presentado desde una perspectiva preferentemente convencional, machista y cargada de un humor supuestamente crítico a los tabúes morales.

Entonces, allí entrarán las cremas y los usos y abusos del maquillaje; las histerias con su constante recurrencia a los apoyos sicológicos; las relaciones paternas y filiales, los infinitos conflictos con la imagen del propio cuerpo... pero por sobre todo la sensación de una plenitud llena de peligros, por ser la edad del "ahora o nunca". Y allí en el centro, casi como un absorbente agujero negro, amado y odiado, objeto de burla y reverencia, pero siempre infinitamente valorado: el MACHO.

Elemento esencial, sobre todo a partir de ese pito que todas las mujeres desean, y más si es de tamaño "extra-large", según se bromea al repartir condones entre los asistentes. Resulta curioso, porque al término del espectáculo la sensación que nos queda no potencia la imagen de la mujer sino la del hombre en ausencia, ese siempre adorable "canalla bienamado".

Así que no es de extrañar que en sociedades tan machistas como la argentina o la brasilera la obra haya tenido éxito: tres bellas mujeres (iba a escribir "hembras") se afanan durante más de una hora por mostrarse desenfadadas, gustar, complacer y seducir al hombre —el público aquí es totalmente masculinizado, aunque se tenga la delicadeza de también dirigirles la palabra a las acompañantes femeninas—mostrándose en definitiva como seres débiles, pequeños y dependientes. Claro que con simpatía y bajo la apariencia contraria: como de crítica y burla al contrincante erótico, pero ésa es una mera convención, un leve velo que no se lo cree ni el que lo hace ni el que lo escucha.

Resulta al menos significativo que Confesiones... sólo contenga actrices, sea una mujer quien lo dirija y también otra —Laura Rode— la que se encargue de la escenografía e iluminación, curioso.

En la escena se hallan Laura Luz, Ana Karina Guevara y Zaide Silvia Gutiérrez. Las tres son por demás conocidas y en lo personal suele gustarme su trabajo, esencialmente porque manejan una presencia muy enérgica y saben jugarla con habilidad e histrionismo a partir del humor y la comedia, el "punto fuerte" donde casi siempre las ubican. También aquí hacen muy bien lo suyo. Aclaro, no es el rubro actoral aquello que no comparto, sino la debilidad de una estructura que se basa sobre todo en el poder de supuestas y frecuentes transgresiones verbales —que terminan aburriendo por reiteradas— y una visión general bastante reaccionaria sobre la mujer.

¿Qué más decir? Se ha prescindido de cualquier intención de soporte espectacular. No hay grandes escenografías ni elaborados vestuarios, no se convocaron grandes números coreográficos ni se llamó a la destreza en canto y baile: sólo tres actrices, algo de luz, un juego dinámico de desplazamientos y su capacidad de manejo de un texto vinculado siempre con el público presente. Sin embargo la pobreza está en el contenido y no en el oficio.