FICHA TÉCNICA



Título obra Round de sombras

Autoría Carmina Narro

Dirección Carmina Narro

Elenco Álvaro Guerrero, Surya McGregor

Espacios teatrales Foro Teatro Contemporáneo

Referencia Bruno Bert, “Una esquina de mala puntería”, en Tiempo Libre, núm. 827, 14 marzo 1996, p. 32.




Título obra En lo oscurito

Autoría Estela Leñero

Dirección Víctor Weinstock y Vladimir Bojorquez

Elenco Mario Zaragoza

Espacios teatrales Foro Teatro Contemporáneo

Referencia Bruno Bert, “Una esquina de mala puntería”, en Tiempo Libre, núm. 827, 14 marzo 1996, p. 32.




Título obra Bajo distintas formas

Autoría Luis Eduardo Reyes

Dirección Luis Eduardo Reyes

Elenco Antonio Brenan, Jorge Brenan

Espacios teatrales Foro Teatro Contemporáneo

Referencia Bruno Bert, “Una esquina de mala puntería”, en Tiempo Libre, núm. 827, 14 marzo 1996, p. 32.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Una esquina de mala puntería

Bruno Bert

Las escuelas de teatro son espacios de prueba y riesgo, y lo que proviene de sus aulas no debe ser visto sólo como producto terminado sino más bien como indicador de procesos. También pueden ser anfitrionas de acciones que nacen fuera de sus puertas pero encuentran cobijo tras de ellas, en aulas adecuadas para el caso porque, al igual que los propios, son productos "de prueba". Este carácter de laboratorio (palabra absolutamente desprestigiada por el uso pero de raíces válidas) nos indica que debemos observar estos trabajos con una mirada distinta a la de espectador habitual. Todo esto viene al caso porque estoy hablando de El Foro, ese espacio presidido por Ludwing Margules, que invita a una especie de match teatral con el nombre de "en esta esquina".

Lo primero que advertimos al presenciar las tres puestas breves que lo componen, es la ausencia de un espacio convencional —escena/ platea— y la utilización del entorno natural de la escuela, apenas justificado para lo que se presenta en él. Esto nos reafirma en la idea primera, que en este caso conlleva una cierta precariedad en la instalación, y nos recuerda que estamos en una escuela de actores y no escenógrafos, ya que no hay reinvención del espacio sino apenas un uso muy limitado del existente, seguramente con una casi ausencia de fondos para la producción. Entonces, todo nos predispone a ver más bien "ejercicios" y, de alguna manera, eso es realmente lo que encontramos. El primero —tal vez el más sólidamente construido— pertenece a Carmina Narro en el doble rol de autora y directora. Tiene por nombre Round de sombras y toma a una pareja en cuyo vínculo se hace frecuente apelación al sadomasoquismo. Dosifica un poco de suspenso, vinculándolo a lo que pinta hacia un como pequeño cuento policial o tal vez de horror, y concluye sin sorpresa pero con eficacia.

Los actores —Alvaro Guerrero y Surya McGregor— se lanzan en un empeño que tal vez supere lo modesto de la propuesta global, y en definitiva nos quedamos, como decíamos recién, con un buen ejercicio que bien podría madurar hacia algo más profesional con sólo re trabajarlo un poco.

La segunda propuesta es mucho más sintética y no parece exceder a una experiencia periodístico-teatral. Aquí el espacio ficticio es prácticamente inexistente y dos chavos-banda violan o intentan violar a una muchacha que acaban de raptar en una esquina cualquiera. A decir verdad no me resulta muy clara la intención a pesar de su documentalismo inmediatista: como flash, incluyendo el verismo del manoseo y la masturbación, resulta distanciado y como de cliché, imagen falsa vista mil veces en el teatro. No sorprende ni conmueve como acto en sí. Podemos entonces tratar de vincular la a intenciones de mayor envergadura, pero no hallamos ni antecedentes, ni desarrollo ni consecuentes que permitan despegarla de esa inmediatez dándole perspectiva y proyección; y dentro del plano dramatúrgico-literario no hay nada que la destaque y justifique. Por último el cierre es totalmente ingenuo, anunciado y precipitado. En fin, Estela Leñero y Víctor Weinstock /Vladimir Bojorquez —autora y directores— tradujeron una idea en ejercicio escolar (práctica de las partes; pero no en obra de teatro (es decir eficacia de conjunto).

Finalmente tenemos a Luis Eduardo Reyes, también él asumiendo autoría y conducción escénica. Aquí la idea parece haber crecido en vinculación a dos actores concretos que son hermanos gemelos, o en caso contrario imagino que la búsqueda de los mismos para su instalación en escena no debe haber sido fácil. En todo caso generan en la acción el desdoblamiento de una misma persona que lanza frente a sí y a través de un juego de realidades virtuales en el corazón de una computadora, a su propio holograma. Posiblemente se trate —más allá de la apelación tecnológica— de un discurso sobre el autor y sus personajes, su soledad y una fantasmal figura que completa un trío de amor, absurdo y nostálgico. Hay dos aspectos en los que detenerse: en lo estrictamente autoral, Luis Eduardo Reyes se engolosina, extiende y ramifica hasta hacer perder eficacia a la idea original, que más bien contiene un clima cercano a ciertos cuentos breves de escritores como Bradbury, por ejemplo. En lo que a dirección se refiere, el rol se diluye en la complacencia por las ideas del autor, y entonces sólo nos quedan actores-per- chas que no logran hilvanar una presencia. O para ser más precisos tratándose de hologramas y fantasmas, una ausencia que no se resuelve a transformarse en ser. Siento que la idea es fértil, pero ameritaría someterla a un nuevo proceso de síntesis y sobre todo entregarla a un director que quiera ocupar él también el espacio con su discurso creativo.

En definitiva, buena intención de maestro Margules, pero bajos resultados si los comparamos con alternativas análogas. Tal vez sólo se trate de perfeccionar la idea y la puntería.