FICHA TÉCNICA



Título obra Sueños

Autoría Migdalia Cruz

Dirección Otto Minera

Elenco Kitty de Hoyos, Leticia Huijara, Demián Bichir, Alberto Celarié, Lourdes Villarreal, Guillermo Ríos

Espacios teatrales Foro Sor Juana Inés de la Cruz

Referencia Bruno Bert, “Ensoñaciones de la muerte”, en Tiempo Libre, núm. 826, 7 marzo 1996, p. 32.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Ensoñaciones de la muerte

Bruno Bert

Por momentos el mundo que estamos viendo en la escena nos recuerda esos ambientes cerrados y opresivos que son propios de la dramaturgia de González Dávila. Espacio de marginados, soledad y muerte, sólo que con una poética que, aunque igualmente desesperanzada, resulta de un vuelo menos asfixiante. Se trata de Sueños, la obra de Migdalia Cruz que bajo la dirección de Otto Minera se está presentando en el Foro Sor Juana de la Universidad.

Una vez más nos sumergimos en los subsuelos físicos y sicológicos, y el metro se vuelve el espacio donde reptan los abandonados y sus ángeles personales, junto con los cadáveres que pueblan las portadas de las revistas sensacionalistas. Allí el espacio y el tiempo cobran una dimensión diversa porque la normalidad de nuestros relojes estalla ante viejísimos meandros de angustia y la edad se desvanece en una carne que se descompone en la muerte diaria de quien aparenta ser apenas más que un joven. Una historia de amor entre un hombre y una mujer bordada por las parcas empobrecidas de nuestra contemporaneidad y cantada por la sombra aburrida de los mitos personales y colectivos. Una historia de amor que por supuesto termina en la muerte sin haber conocido la luz sino apenas la repugnancia de los cuerpos llagados, vencida a fuerza de deseo y soledad.

Mónica Raya, la escenógrafa e iluminadora, crea un espacio oscuro que huye de las ilustraciones naturalistas. Podría estar mostrándonos la desembocadura de una cloaca, que se pierde en uno de los meandros; o el ingreso a un lóbrego túnel fantasma de un nocturno parque de diversiones. En todo caso también acepta transformarse en ese recodo de un metro desconocido, que es lo que en definitiva resulta querer ser, entre otras cosas. ¿Y por qué no la parte de una arteria ya vaciada de sangre, negra de herrumbre por una gangrena que avanza por sus paredes traslúcidas, a través de las que podemos presenciar las ensoñaciones de la muerte? En este sentido Sueños es una obra en un acto que se ensambla con las fantasías ancladas en lo hondo de la ciudad y del hombre actual, siempre seducido por el lado oscuro de su propia angustia y por la posibilidad de optar por la muerte tal vez como único camino visible. No dejo de recordar otra pieza reciente que incluso creo que continúa en cartelera. Me refiero a Inversión térmica de Luis Mario Moncada, también instalada en la solitaria estación de un metro, vinculada con el suicidio de quienes se arrojan bajo las rudas de lo que bien puede ser nuestra sociedad, y los diablos menores que picotean sus despedazados restos.

Minera, como director, orquesta esta "moralidad contemporánea" apostando a la posibilidad del vértigo en el espectador, al que ubica a la altura de las vías del tren, aún más hondo, aún más cerca del centro oscuro de la tierra. Tal vez reptando como las ratas y a su misma altura. Y maneja la propuesta desde una perspectiva donde la empatización con los miserables —ese hombre y esa mujer que apenas son un nombre desvaído de harapos y mugre— se alterna con la presencia de esos otros seres míticos que mencionábamos al principio, que bien pueden nutrirse de la iconografía clásica, pero sobre todo son tributarios de las páginas de la historieta, del circo y de las ferias baratas de los pueblos. La grandeza del inconsciente colectivo deslavada por el furioso accionar de los medios masivos de comunicación, con sus simplificaciones abrumadoras y sus colores estridentes.

Los actores son Demián Bichir y Leticia Huijara en los protagónicos humanos. Un excelente trabajo de ambos, muy bien combinado por la dirección, que huye de las tentaciones fáciles que llevaría a géneros ajenos a la propuesta. Lourdes Villareal y Guillermo Ríos son el nexo, ya que eran humanos y ahora de ellos no quedan más que despojos tristemente parlantes sobre una mesa de disección; y finalmente Kitty de Hoyos y Alberto Celarie en ángel cuyo nombre —Dolores— nos recuerda otra obra recientísima del mismo nombre, de David Olguín, también poblada de ángeles, parcas y suicidas, (temas y desarrollos que, como ven, atraen fuertemente a nuestros teatristas) y el mismísimo arcángel Gabriel; ambiguos, distanciados, actores y comentadores de una historia repetida hasta el hartazgo. Un plantel tal vez heterogéneo pero que logra ensamblar en este "Sueño" con apenas alguna que otra estridencia.

En definitiva, un material totalmente en la corriente que preocupa a los hacedores de los noventa, con una factura cuidada que invita a la reflexión y a la polémica.