FICHA TÉCNICA



Título obra A puerta cerrada

Autoría Jean Paul Sartre

Notas de autoría Álvaro Arauz / traducción

Dirección Álvaro Arauz

Elenco Lina Santamaría, Martha Elba Fontdevila, Nemesio de la Torre, Eduardo Segoviano

Espacios teatrales Sala Molière de La Casa de Francia

Eventos Temporada de teatro francés en castellano

Referencia Armando de Maria y Campos, “Platón, San Agustín y... Sartre existencialistas. El teatro de La Casa de Francia presenta A puerta cerrada de Jean-Paul Sartre en la inauguración de la temporada de teatro francés en castellano”, en Novedades, 11 octubre 1949.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Platón, San Agustín y... Sartre existencialistas. El teatro de La Casa de Francia presenta A puerta cerrada de Jean-Paul Sartre en la inauguración de la temporada de teatro francés en castellano

Armando de Maria y Campos

En la Sala Molière del teatro de La Casa de Francia se ha inaugurado –octubre 8– una temporada de teatro francés en castellano, bajo la dirección del escritor español Álvaro Arauz, representándose –por segunda vez en México– la obra A puerta cerrada de Jean-Paul Sartre, traducción de Arauz, y se anuncia como inminente, por primera vez en México y por Les comédiens de France que dirige André Moreau, en la misma sala Molière, la de Les mains sales, la más reciente pieza de este pontífice del existencialismo.

Desde hace algún tiempo nos llega insistentemente el nombre de Jean-Paul Sartre, asociado al "existencialismo" y a la presencia, en París y en todo el mundo de un teatro más o menos escandaloso, en el que predomina un cierto estilo "naturalista" que recuerda de manera viva los experimentos del Teatro Libre de Antoine en París. ¿Qué es –se ha preguntado con frecuencia el hombre medio– el "existencialismo"? En apariencia más que una filosofía parece una moda. ¿Es Sartre filósofo o sólo un afortunado dramaturgo? Se habla de un "existencialismo cristiano" asociado al nombre de Gabriel Marcel; Heidegger (en esta misma columna se ha tratado el tema con ocasión de la primera representación de A puerta cerrada por el grupo experimental que dirigió Jebert Darien); bajo la sombra de Kierkegaard, para presidir todo este fenómeno cultural...

El escándalo acompañó a la mayoría de las representaciones del teatro de Sartre. Una de sus más famosas comedias, La putain respectuese –se ha representado en México en privado una sola noche–, ha sido prohibida en los Estados Unidos. Sartre había sido ya incluido en el Indice de Roma, como autor que atenta contra la moral, la religión y las buenas costumbres. Pero esta prohibición yanqui obedece a otros motivos. La presencia de un protagonista negro podía ser origen de disturbios raciales. Así lo ha entendido la policía de Chicago, después de haber sido representada la comedia en Broadway, acordando su suspensión.

La prostituta respetuosa fue estrenada en París el 8 de noviembre de 1946 en el Theatre Antoine. La nombró con el título de la versión mexicana de Arauz, pero me parece más acertado como título en una versión reciente La mujerzuela respetuosa, pero el eufemismo de "mujerzuela" se antoja pueril y no conserva la terrible ironía del original francés. A puerta cerrada, cuyo título más exacto pudiera ser Círculo vicioso, fue estrenada en París, en mayo de 1944, en el Theatre Vieux-Colombier; es un drama en un acto largo, tenso, profundo, inquietante, y se desarrolla en el infierno sartreano, completamente distinto al que estamos acostumbrados a ver "a lo Dante", que es la espectacularidad de una visión medieval. Mucho más que en La honorable prostituta asoma la oreja de la filosofía sartreana en esta obra que eligió La Casa de Francia para inaugurar su temporada de teatro francés en castellano, y difundir la teoría existencialista de Sartre, máxima novedad francesa.

No hay tal novedad del existencialismo como filosofía. En realidad la filosofía de Platón es una filosofía existencial. Sus ideas son el clavo ardiendo a que se agarra cuando la muerte de Sócrates y la agonía de la polis griega para encontrar fundamento a la esperanza de inmortalidad como de un modo taxativo se dice en el Fedón. En otra ocasión –recuérdese– dice Platón que la filosofía es el sumo quehacer de la existencia. Luego, si acordáramos llamar existencial a toda la filosofía, se puede afirmar que el existencialismo de Platón y San Agustín es la línea del pensamiento humano.

Pascal fue un existencialista auténtico; la forma que tomó un cristianismo desgarrado y desesperado cuando Europa se desangró con las guerras religiosas tras la Reforma. Kierkegaard también fue un existencialista auténtico, cuando Europa, tras el desastre de la Revolución Francesa y sus guerras, se jugó la penúltima carta. Heidegger es un existencialista auténtico, que previendo la muerte de Europa, la cual es un hecho, y creyendo en la premisa nietzscheana de que "Dios ha muerto" –lo cual es verdad, pero en el calvario, por salvarnos a todos–, hizo su grandiosa y desoladora metafísica, olvidando el hecho decisivo de la fe en la sustancia de las cosas que esperamos, o sea, se olvidó de la Resurrección de la carne. O más claro –y perdone el lector de informaciones sobre espectáculos de evasión, la línea de la filosofía existencial que la humanidad necesita continuar es la de San Agustín ante la muerte de su amigo, primero; ante la muerte de su madre, después. Para hallar consuelo y la esperanza en la Resurrección.

En el "existencialismo" sartreano –igual en el teatro: Las moscas, A puerta cerrada, Muertos sin sepultura, La prostituta respetuosa, Las manos sucias; que en sus relatos (novela o cuentos), hay una mezcla de macabrismo romántico, un poco de carroña baudelariana –¡sin su temblor cristiano y su poesía!–, y mucho del viejo naturalismo zolesco, mixtura que se resuelve, en realidad, en una ideología de bajos fondos.

Dejando a un lado la doctrina existencialista, el teatro de Sartre es excelente como teatro. La audacia de sus argumentos o tema no es inferior a los recursos emocionales de que se vale para estrujar al espectador. En A puerta cerrada Sartre nos hace ver "la vida" en el inescapable círculo vicioso del infierno. "Un salón estilo Segundo Imperio. Sobre la chimenea una figura de bronce". Esto es todo lo que exige Sartre al director de teatro. Una habitación cualquiera en un hotel de primera. Los "huéspedes" tendrán que sufrir, sin embargo, algunas molestias físicas: el timbre del servicio no funciona, la luz nunca se apaga, y los ojos nunca se cierran. Un diálogo vivo, violento, agresivo, por excepción tierno va revelando la verdadera situación de los tres condenados que han de habitar esa estancia hasta ¿la Resurrección de la carne?

¿Quiénes son estos personajes? Un cobarde, una lesbiana y una infanticida que el azar reúne en una cámara cerrada, han de continuar "viviendo" eternamente atormentados unos a otros sin evasiva posible, forjándose sin reposo su propio infierno, prolongación del que empezaron a labrarse en vida. Formidable situación dramática, ya iluminada, ya oscurecida, por relámpagos de desesperación inútil o por nubarrones de angustia infinita. El infierno existencialista que Sartre propone, no está hecho por Dios, sino por el hombre mismo. El infierno a que están condenados los personajes sartreanos lo forjaron en la vida que sólo a ellos pertenecía, y que ¡ay! no supieron vivir con dignidad espiritual. "Tú eres tu propia vida", afirma –y define el existencialismo de esta pieza– uno de los personajes.

Como obra dramática, A puerta cerrada es un rotundo, irreprochable acierto de Sartre. Gran pieza de teatro, lo reúne todo, como teatro. La versión de Arauz conserva la zigzaguente agresividad de un diálogo espectacular. La interpretación, a cargo de una actriz profesional: Lina Santamaría, de una inquietante periodista: Martha Elba Fontdevila, y de dos aficionados: Nemesio de la Torre y Eduardo Segoviano, muy sobria, emocionante en ocasiones, pero sin rebasar el borde de una discreción estricta. Dominó mejor su personaje –la lesbiana Inés– la actriz española Lina Santamaría, porque pisa la escena con dominio indudable. Revelóse actor de espléndidas posibilidades, dueño además de rica y bella voz, Eduardo Segoviano; la inteligente y bella escritora cubana Marta Elba completó con prístina dignidad la difícil interpretación que exige obra de tan audaz argumento. Nemesio de la Torre se mantuvo en el exigido segundo término de su papel, que rompió al salirse de la escena y hacer mutis innecesario por la sala de espectadores, detalle con el que el director enmienda la plana al autor y pretende espantar al odiado burgués..., único espectador constante de teatro en México.