FICHA TÉCNICA



Título obra Los árboles mueren de pie

Autoría Alejandro Casona

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas

Eventos Función en homenaje a Alejandro Casona por fin de temporada

Productores Cipriano Rivas Cherif

Notas Palabras de Ricardo de Alcázar (Florisel) en homenaje a Alejandro Casona por la última representación de Los árboles mueren de pie

Referencia Armando de Maria y Campos, “Los autores en su salsa, una carta de Alejandro Casona. Loa de Casona por Florisel”, en Novedades, 4 octubre 1949.




Título obra Los árboles mueren de pie

Autoría Alejandro Casona

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas

Eventos Función en homenaje a Alejandro Casona por fin de temporada

Productores Cipriano Rivas Cherif

Notas Con motivo de última representación de Los árboles mueren de pie el autor cita parte de la carta que le envía Alejandro Casona en respuesta a las críticas mexicanas de su obra

Referencia Armando de Maria y Campos, “Los autores en su salsa, una carta de Alejandro Casona. Loa de Casona por Florisel”, en Novedades, 4 octubre 1949.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Los autores en su salsa, una carta de Alejandro Casona. Loa de Casona por Florisel

Armando de Maria y Campos

Días antes de que fuera retirada del cartel –y de la escena– del teatro Virginia Fábregas la comedia de Alejandro Casona Los árboles mueren de pie, el príncipe promotor del estreno en México de esta pieza, Rivas Cherif, organizó una función en homenaje a Casona, en día en que los cronistas de teatro oficiales no tienen obligación de asistir a los espectáculos; en consecuencia, la función en homenaje de Casona la ignoraron y nada se dijo de ella en los periódicos. Sin embargo...

Conviene no extraviar las palabras que en homenaje de Casona dijo antes de levantarse el telón para la última representación de Los árboles mueren de pie el hombre de letras "Florisel" –en el mundo cotidiano Ricardo de Alcázar–, que forman una admirable semblanza del autor y de su obra. Por la modestia de "Florisel" y... porque así somos, estas bellas palabras permanecerían inéditas si el responsable de esta columna no se las hubiera sacado materialmente del bolsillo, para colgarlas, como un cartel, de esta columnilla.

"Si la amistad que le liga a Alejandro Casona –dijo "Florisel"– y la vieja admiración creciente que tengo por él no bastasen a justificar mi presencia y mi voz, en esta fiesta pública del espíritu, no hallo ninguna otra razón legítima que cohoneste mi requerida intrusión en este acto de homenaje a la belleza y al ingenio. Porque, a más de que mi opinión artística no cuenta, si, por acaso contara, la recusaría el afecto que tanto suele estorbar al acierto del juicio. Pero... en fin, pues si estamos a bordo, naveguemos...

"Si obras son amores y no buenas razones, no hay duda de que las obras de Casona son eso –obras y amores–, a pesar de las espaciosas razones, más o menos peores, que la falacia o la incomprensión intenta oponer al congénito modo original de Casona. Tener un modo... (La moda, por contraposición femenina, es el efímero capricho versátil de todos los días, lo que pasa; y el modo es lo intemporal, lo que queda). Tener un modo –decimos–, y atenerse a ese modo, y sostener en él, cuesta arriba, a lo largo de una sostenida vocación, con aplauso unánime de propios y extraños, es ya contar, sin más, con el asenso universal, que es siempre el premio del arte puro ilusionado. El arte puro ilusionado –he dicho–. Porque el realismo rudo, crudo, no es, propiamente arte. La realidad, la naturaleza, es obra de Dios. Pero la obra del hombre es el arte, que sólo a fuerza de ilusión, de ideal y de engaño logra realizarse. Esto no hace falta decirlo ahora, ni mucho menos que lo diga yo. Lo dicen, a voces milenarias, todas las grandes obras inmortales con que el espíritu del hombre va marcando, al hillo de la historia, el rastro de su afán de ideal. El arte que no escamotea a la naturaleza se queda en naturaleza, y a veces en mala naturaleza.

"Es lo que burla burlando, y como quien no quiere la cosa, nos dice tan ingeniosamente en esta perfecta comedia –perfecta porque es comedia, o sea ficción–, Alejandro Casona, con sólo un leve estremecimiento de dolor rápido, tan rápido que se expone a no ser ni advertido siquiera: el arte no es la verdad; es la falsificación de la verdad, el truco, el trampantojo, el engaño. El artista no ha de meter el corazón en la comedia –dice Casona– si quiere (se debe añadir), que la comedia se meta en el corazón del público... Bastaría con esta comedia...; bastaría –para mayor y más elocuente simplificación– con ese habilísimo mutis final del segundo acto de la comedia, para juzgar a Casona; para juzgar el arte de Casona; para tener idea, en fin, de lo que debe ser el arte, in genere. Añádase a esto –que no parece nada, y que es todo lo que el arte puede ser: el alma y la esencia misma del arte– que todas las obras de Casona arraigan y florecen en la virtud inmortal de la salvadora ilusión. Y añádase, por fin, a lo añadido, las siguientes dotes de técnica, de idioma, de poesía, de humorismo, de gracia de Dios y picardía del diablo que hacen, de consumo, que este mago de la escena, este ilusionista de la vida, este pararrayos del dolor, este joven de siempre y para siempre, lleve optimistas mensajes de consolación, en todas las lenguas cultas del mundo, a todos los hombres esperanzados que pugnan por crear un mundo mejor hecho de ilusión y de ideal.

"Porque el teatro de Casona –continúa "Florisel"– es poesía y viva bajo un aparente cielo azul de verdad, que ni es cielo ni es azul, y sobre una bronca tierra de vivas crudezas que el poeta tiende a idealizar. Lo que el mundo necesitó siempre y lo que ahora, más que nunca, necesita, si ha de persistir viviendo aquí abajo, cada vez más abajo, donde todo lo real, del hombre tiene una butaca para ver el cielo".

Ahora, un poquillo de ángulo íntimo. De una carta de Casona, a entrañable amigo, copio. "Las críticas que me envías –dice– me satisfacen totalmente, más por el halago, por el estudio a fondo que intentan y el respeto cordial que producen. Especialmente la de Arturo Mori, cuyas palabras tienen una mayor autoridad profesional (Aquí, un párrafo sobre este cura, que suprimo). En cuanto otros... He podido enterarme de que mi obra había sido escrita antes por ¡Chesterton! en El hombre que fue jueves; por Pirandello en Cómo tú me deseas; por Edgar Wallace en no sé qué novela policial; por Flers y Caillavet en La loca aventura... y por Werfel en Estafa del cielo. Baroja llamaba a esta clase de gente "críticos de bautizo", recordando a esos invitados papanatas que ante el recién nacido sólo saben decir; tiene las orejas del padre, la frente de la madre, el hoyuelo de la tía Felisa, y el mismo dedo pulgar, con sólo dos falanges, de su primo el de la botica..."

"Las últimas noticias de Los árboles... –continúa hablando Casona en su carta– son las siguientes: después del clamoroso éxito de La dama del alba en Zurich, ha sido admitida por el Schauspielhaus para la próxima temporada juntamente con La barca sin pescador. En París irá para el próximo otoño; están interesados y en gestiones Marcel Herrand, Raymond Bouleau y Pierre Fresnay; en Brasil va a montar la versión portuguesa Dulcina de Moraes, y la ilustre italiana Emma Gramatica la lleva para debut en Roma; me invita al estreno en Italia.

"Del resto de mis cosas, la que sigue `agrandando Castilla al paso de su caballo' en La dama; en Bruselas ha sido un feliz acontecimiento, en Londres la prepara el gran director Roure. También por el Transvaal, en una versión de ese inglés especial que se habla en Sudáfrica, y Kubbenga, que ha hecho la traducción holandesa, la anuncia en su teatro de Amsterdam. Afortunadamente no es verdad que en Flandes se ha puesto el sol..."

Finalmente, dos noticias editoriales, que nos llenan de pena, porque seguramente que esas ediciones no llegarán a México: "Saldrán pronto aquí Retablo jovial –cinco farsas en un acto– y La molinera de Alarcos con Sinfonía inacabada, esta última nacida en San Angel, de México, como El romance de Dan y Elsa y Prohibido suicidarse en primavera.

Y nada más, por ahora, a propósito de este gran autor universal que escribe en español, que no ha dejado de ser astur, y que tan vinculado se halla con México.