FICHA TÉCNICA



Título obra Fuga en mi

Autoría José Acosta

Dirección José Acosta

Notas de dirección Néstor Galván / director de actores

Elenco Rodolfo Arias, Mónica Ribeiro, Olga González, Javier Escobar, Citlalli Huezo, Gloria Medina, Saúl Meléndez, Gabriel Acosta

Escenografía Mónica Kubli

Grupos y compañías Taller del Sótano

Espacios teatrales Teatro Casa de la Paz

Referencia Bruno Bert, “Marcha hermética y abierta”, en Tiempo Libre, núm. 809, 9 noviembre 1995, p. 33.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Marcha hermética y abierta

Bruno Bert

José Acosta es un interesante director de nuestro medio que suele construir sus propias obras a partir de largos procesos con su grupo: el Taller del Sótano; nombre que tanto puede aludir al primer espacio que le conocimos —efectivamente un desvencijado subsuelo donde estrenó Alicia allá por el 89 o 90— como abarcar asimismo upa intención más amplia, en lo que hace a manejos de contenidos emocionales fuertemente enclavados en lo profundo de los actores. Lo cual es otra de las características de su teatro. No es de abundante producción, y ésta es de una calidad sostenida aunque con algunos tropiezos.

En general se puede ir a ver sus estrenos seguros de hallar un teatro serio, ya con un estilo reconocible y un margen propositivo que lo hace un artista y no sólo un director de escena. Ahora tiene en temporada —en la Casa de la Paz— un material que ha llamado Fuga en mí, de nuevo con la ambigüedad de lectura, incluso en su nombre, como parte constitutiva del espectáculo.

Consta de dos actos, que son también dos tiempos no sólo para el espectador, sino al parecer para los mismos creadores del trabajo, porque es notoria la diferencia entre ambos. El primero tiene toda la fuerza del lanzamiento, un particular sentido del humor y una síntesis constructiva que hace a lo mejor del lenguaje de Acosta y su grupo. Allí se plantea al espectáculo como un juego, entendiendo en esto al homo ludens como el gran constructor de acertijos para su consumo, que lanza el desafío de la comunicación con el otro a partir del compromiso con lo que nos es más propio: los recuerdos, ese maleable material que nos permite reinventar el pasado una y otra vez, tanto sea para crecer o para quedar encadenados a la nostalgia y a la culpa.

Este tipo de propuestas son al mismo tiempo herméticas y abiertas, dado que contienen a quienes las construyen, con sus muy personales historias de vida, y también —al menos potencialmente— a quienes las observan y van resignificando la historia a partir de su propia sensibilidad y experiencia. Claro, para que esto se dé y la obra fluya, es necesario el compromiso de los actores (ver vida en la escena, más allá de la técnica a la que echen mano), la existencia de un sólido lenguaje (que nos conduzca coherentemente, enclavado en una poética definida, cualquiera sea), la habilidad del director para no cortar puentes (y quedarse en un regodeo entre hedonista y masoquista con sus propias imágenes), y un sentido de unidad global fuertemente seductor, enclavado en el juego de contrarios que da profundidad a. la obra en cuestión. Todo esto se halla en Fuga en mí... sobre todo en el primer acto. Luego el material empieza a fragmentarse, a repetirse, a recordarse a sí mismo con una notoria complacencia que lo vuelve mucho más lento, con una clara pérdida del sentido del humor y una tendencia acentuada hacia lo discursivo. Una saturación de los componentes intelectuales que hacen imposible digerir semejante cantidad de información conceptual y una caída en la solemnidad con recursos formales válidos en definitiva, pero muy por debajo de la originalidad y frescura de los primeros.

La sensación que se percibe es la de haber trabajado demasiado tiempo el mismo material, por lo que se lograron dos tiempos emocionales y creativos que luego se intentaron amalgamar sin resultados positivos. Hay parte de las escenas que muestran algo así como cansancio. Pero en definitiva éstas son meras conjeturas, válidas sólo porque el mismo espectáculo incentiva a manejarlas. Lo que realmente importa es marcar en Fuga en mí una composición comprometida, pero quebrada y despareja. Mónica Kubli, como escenógrafa, tiene la enorme virtud de contener eficientemente sin mostrarse. No siempre se logra. En cuanto a los actores, son un equipo de siete personas —ocho contando un niño— que naturalmente manejan un idéntico encuadre técnico, y lo hacen bien. Destaca entre ellos una actriz brasilera —creo que se trata de Mónica Ribeiro— con una fuerte presencia y un interesante sentido del humor que la hace grata en casi todas sus apariciones, sobre todo cuando se asume en el rol de "comodín". También atrae el desempeño de alguien que durante todo el tiempo 'me recordó la energía y el modo de Teresa Rábago, un excelente miembro de ese grupo que no se haya presente en este caso: me refiero —supongo, porque no son claras las identificaciones— a Olga González. Los demás —Rodolfo Arias, Javier Escobar, Citlalli Huezo, Gloria Medina, Saúl Meléndez y Gabriel Acosta—forman un eco repetido y cambiante perfectamente integrado seguramente por Nestor Galván, otro miembro al que habitualmente hemos visto como intérprete y que aquí funge en la dirección de actores.

En definitiva, un espectáculo para ver, gozar y también discutir.