FICHA TÉCNICA



Título obra La condesa llegó a las cinco

Autoría María Luisa Medina

Dirección María Luisa Medina

Elenco Margarita Sanz, Mario Ficachi, Alejandro Calva, Perla de la Rosa, Evelyn Solares, Carmen Vera

Espacios teatrales Teatro de la Conchita

Referencia Bruno Bert, “Cita poco afortunada”, en Tiempo Libre, núm. 807, 26 octubre 1995, p. 33.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Cita poco afortunada

Bruno Bert

Estamos en el año de Sor Juana ya que se cumplen tres siglos de su muerte, y si bien los homenajes tal vez no han sido tan abundantes como los previamente esperados, no han dejado de existir tanto en el ámbito oficial como privado. Entre los montajes que pueden ser considerados "para la circunstancia", se encuentra el que recientemente se estrenara en el foro de La Conchita. Se trata de La condesa llegó a las cinco, un material de María Luisa Medina (Corazón marchito, Tren nocturno) dirigido por ella misma.

La obra imagina una conferencia dictada por Virginia Woolf, la escritora inglesa que se suicidara en 1941, sobre el tema de la mujer y la necesidad en ésta de un mínimo entorno que le permita realizarse como artista y como ser humano. Se trata de un texto basado en otro de la misma Woolf (Una habitación propia) que la autora mexicana adapta a la circunstancia. A la plática —que tiene por público al espectador real— se acerca una vieja monja que es un personaje ficticio tras polado en el tiempo. Se trata de la Condesa de Paredes, la Virreina protectora de Sor Juana que en la vejez tomó los hábitos, y que ahora —más allá de las épocas— se pone a evocar a su amada poetisa frente a la circunstancial conferencista, en la que encuentra una aliada en talento y feminismo a la altura de su antigua amiga. Para "presentársela" inaugura la obra de teatro propiamente dicha, que muestra distintos momentos biográficos y algunas circunstancias de su historia.

El peligro de estos trabajos es la visión que aportan sobre un personaje que es por todos muy conocido: se corre el riesgo de no decir nada nuevo y por ende de recorrer un poco gratuitamente los caminos ya trillados de la apología. En lo personal creo que esto es lo que sucede con lo tramado en el espectáculo de María Luisa Medina. No habiendo nada nuevo que agregar, la otra posibilidad sería hallar un sesgo original en el aspecto formal, en la manera en que se narra. Aquí ese renglón no es muy afortunado.

Ese espacio está ocupado por un enorme códice sobre una especie de atril giratorio que funge casi corno único elemento en el espacio escénico. Algo así como los libros mágicos de cuentos infantiles donde se sumergen aquellos que habrán de vivir una aventura de la mano de los seres de ficción para regresar finalmente a la realidad con restos de esas vivencias de ensueño. Un recurso por demás socorrido —sobre todo en el cine— que en teatro se vuelve pesado y muy poco imaginativo. Así, las escenas quedan encadenadas a lo discursivo, con los previsibles personajes, circunstancias y proposiciones; con las convencionales entradas y salidas, sumamente transitadas en un espacio tan pequeño como es el foro de La Conchita. Lo único que se agrega, en relación a otras versiones ya vistas, es el sentido de culpa de la condesa de Paredes y la imagen de la Woolf. Lo primero resulta muy primario en su desarrollo, con su duplicación de actrices para el tiempo pasado y presente, y lo segundo —mucho más atractivo— no es suficientemente explotado como para realmente contrabalancear el espectáculo. La dirección está totalmente comprometida con la autoría (independientemente que se conjunten en una sola persona) y sufre sus mismas limitaciones, que se trasladan a su vez a la concepción del vestuario —francamente terrible, bajo la responsabilidad de Ignacio Aranda— y al manejo de espacio y objetos. Entonces, apenas si nos queda el aspecto actoral, que cuenta con Margarita Sanz en el protagónico de Virginia Woolf —condesa de Paredes joven—. Sumamente interesante como maneja el rol de la conflictuada escritora británica. Un verdadero deleite, breve y casi único dentro de todo el trabajo, que como está al inicio nos promete una altura artística que estamos lejos de reencontrar más tarde. El rol de la noble española también asumido por ella, se ve sumamente opacado por el concepto de puesta, al igual que el resto de los personajes; salvando, tal vez un poco, a la contraparte monjil de la condesa, que encarna Evelyn Solares, sobre marcada en muchos momentos y Perla de la Rosa en el papel de Sor Juana, también fluctuante en la consistencia de ese rol tan difícil si queremos evitar las burdas simplificaciones. Mario Ficachi, como el confesor de la monja poeta, no logra escapar de una rígida marcación convencional, a pesar que sabemos de su capacidad como actor. Los demás —Carmen Vera y Alejandro Calva— destacan por momentos para desaparecer luego en ese conjunto poco afortunado que resulta La condesa llegó a las cinco.

No hay mucho para concluir, salvo desear mayor altura en los próximos trabajo de María Luisa Medina, una afortunada autora de la que estamos viendo una continuidad de presencia en nuestras carteleras. Tal vez una menor cantidad de roles ayudaría a una mayor profundidad en el desempeño de los mismos.