FICHA TÉCNICA



Título obra Diálogo entre el amor y un viejo

Autoría Rodrigo de Cota

Dirección Antonio Algarra

Elenco Miguel Flores

Escenografía Arturo Nava

Iluminación Arturo Nava

Espacios teatrales Foro Sor Juana Inés de la Cruz

Referencia Bruno Bert, “Diálogo en un espacio íntimo”, en Tiempo Libre, núm. 805, 12 octubre 1995, p. 32.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Diálogo en un espacio íntimo

Bruno Bert

Antonio Algarra —al que sólo le habíamos visto como director de Un día nublado en la casa del sol (UNAM-94) acaba de estrenar en el foro Sor Juana Inés de la Cruz del Centro Cultural Universitario, un material del medioeval Rodrigo de Cota. Me refiero al Diálogo entre el amor y un viejo.

Se trata de un autor español del siglo XV que no resulta muy familiar, simplemente porque este Diálogo... es prácticamente lo único que se le conoce a ciencia cierta. Suelen atribuirle obras más importantes —incluso el primer acto de La Celestina— pero no hay testimonio que demuestre de manera fidedigna alguna otra autoría suya. Así y todo, este pequeño poema dramático ha sido muy gustado e incluso ha influido en la literatura tardo medieval o del primer renacimiento. La propuesta —muy de la época en sus resonancias conceptuales, al estilo de las "disputas", y con raíces que se remontan hasta los griegos en lo que hace a la estructura formal es un diálogo entre dos personajes alegóricos. El uno abiertamente simbólico, como es "el amor", y el otro genérico: el hombre tomado en su estadio de vejez.

Acertadamente los historiadores suelen señalar en este trabajo la similitud que contiene con la leyenda de Fausto, de la que se constituye en uno de sus primeros antecedentes. Y esto nos resulta indicativo de su ubicación como en un parteaguas histórico entre las estructuras medievales evidentes y algunas prefiguraciones renacentistas. Un autor de tiempos confusos que tal vez en esto justamente tenga algo que ver con nosotros.

Algarra transforma este diálogo en monólogo sin modificarlo, es decir, que el mismo actor hace ambos papeles en forma alternada sin prefigurar un interlocutor evidente y en ausencia. Casi un pensamiento en voz alta, con muy poca variación de cuerpo, pero sí marcado cambio en la voz e intención del discurso. Genera para esto un espacio semi circular que tal vez recuerde el interior de una gruta, con un poyo como único elemento en el espacio acodado al muro frontal. La concepción —al igual que la iluminación del trabajo se debe a Arturo Nava, que con muy pocos elementos logra aquí un ámbito sumamente sugestivo y propicio a las necesidades de puesta; equidistante está entre un rescate arqueológico del teatro del siglo XV y una idea completamente contemporánea.

Así, el actor viste una especie de sayo con reminiscencias de época que le da un aspecto acomodado y también un tanto alquímico, acentuado esto último posiblemente por un breve ritual de inicio y fin con relación al encendido y apagado de unas velas. La caverna, el fuego, el sucinto y coherente manejo del espacio, todo confluye en la imagen "fáustica" dentro del laboratorio natural que es la tierra en sus entrañas (cercanas a los espacios de la transformación y también a las fuerzas demoníacas e incitadoras) del que busca lo fuertemente deseado y prohibido por la moral de su momento. De hecho, "Amor" seduce primero, frente a las reticencias del hombre para zaherir; luego, al saberlo ya en manos de la pasión, contraría ésta a la naturaleza tratándose de un viejo. Aquí, más que el valor mismo del texto —curioso indudablemente, aunque alejado por su forma de nuestras expresiones y preocupaciones— apreciamos la habilidad del director y el actor para trasmitirnos, en un castellano plagado de arcaísmos, el interés por ese material y el gusto por una expresión que, aun manejándose en el complejo lenguaje del verso viejo, logra conmovernos y mantenernos atentos y participativos durante todo el espectáculo. Se agrega a esto la brevedad como virtud que se aprecia.

El Diálogo... se halla asumido por Miguel Flores, un actor ampliamente conocido —sobre todo por sus trabajos en el ámbito del teatro universitario que aquí se permite sumar a su indudable habilidad profesional una interesante cuota de talento. Su flexibilidad para crear este personaje, distante en su lenguaje, comportamiento e intereses, y sin embargo cercano a nuestra capacidad de apreciación estética, nos da en este monólogo una oportunidad de ver un material clásico gratamente acondicionado para el espectador atento de hoy.

Lo reducido del espacio y el carácter intelectual de la mayor parte de su público habitual, hace que la elección del foro se encuentre plenamente acertada, como también la decisión de la UNAM de apoyar este montaje.

En definitiva, un acertado ejemplo de un teatro artesanal en el mejor sentido del término; con un entendimiento entre las partes que valoriza inteligentemente la globalidad sin ceder un ápice al destaque de cada labor. Bien por todo el equipo.