FICHA TÉCNICA



Título obra La tarántula Art Nouveau de la calle del Oro

Autoría Hugo Argüelles

Dirección Luis Francisco Escobedo

Elenco Mariana Karr, Benito Perkulis, Evelio Arias, Nora Velázquez, Juan Manuel Velazco, Víctor Beltrand, Francisco Alzúa, Juan Carlos Beyer

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Espacios teatrales Foro Coyoacanense

Referencia Bruno Bert, “La tarántula art noveau”, en Tiempo Libre, núm. 800, 7 septiembre 1995, p. 32.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

La tarántula art noveau

Bruno Bert

En el Foro Cultural Coyoacanense se reestrenó una obra de Hugo Arguelles bajo la dirección de Luis Francisco Escobedo. Estoy refiriéndome a La tarántula Art Nouveau, y casi podríamos hablar de estreno a secas porque, en realidad, fueron contadas las funciones que de ella se dieron en la temporada pasada, e incluso esta versión, se halla no sólo adaptada al nuevo y mucho más amplio espacio escénico, sino también "retocada" en el texto por el propio autor con el fin de darle mayor ligereza y contundencia.

En un interesante prólogo a la edición de esta obra publicado por la UNAM, Eduardo Luis Feher nos comenta que en ella "saltan muchas máscaras, empezando por la de los personajes y terminando con las del mismísimo público". Entiendo lo que quiere significar, ya que el juego de la doble moral es uno de los ejes por donde se vertebra el teatro de Argüelles. Pero complementariamente, otro de sus elementos más ricos es justamente su absoluta teatralidad. Es un teatro donde la persona es la máscara, jugando incluso con los términos, ya que alguna vez estas dos palabras quisieron decir lo mismo. Ninguna sobresale porque de lo contrario queda el vacío. Lo interesante y valioso resulta más bien el mostrar los mecanismos —sin reduccionismos naturalistas, ajenos a este escritor— con los que la burguesía sueña que pudiera quitarse, intercambiarse o modificar su propio "destino de clase", para usar términos cercanos al "art nouveau" de las ideo-logias. A ello se debe que en los textos de toda la obra se perciba un aire de ingenuidad como burla a esas, un tanto ridículas, transformaciones mágicas de "buena conciencia". Esta Tarántula... es una fábula moralizante en argot, mirada con una lente deformante... según la habilidad, perspectiva y estilo de Arguelles, en donde la abuelita del cuento cumple su sueño de ser reiteradamente violada —en su cuerpo y valores— por el lobo feroz.

La obra tiene dos grupos de personajes: la familia protagónica y el entorno. En el caso de este último, el hecho resulta bastante claro: el travesti, el chichifo, el transexual, la prostituta... son seres inexistentes como tales, no tienen carnadura ni profundidad. Más bien son máscaras prototípicas bidimensionales con un nombre y un estereotipo de comportamiento, que fungen para el autor como una llamada a los fantasmas de la moral burguesa, a los que rotula como pueblo aunque aquí se trata más bien del lumpen. Ocurre que, en definitiva, el dominador acude fácilmente al nombre invocador de los dominados y a la seducción de los desclasados. La magia del lenguaje, aplicada al público. No se pretende de ella matices, sino que, por principio, son rígidas imágenes estridentes, destinadas a la seducción y el horror de quien maneja esa doble moral que mencionábamos antes.

Aquí, el entorno —entre lo visible y lo imaginable— es aquelárrico, desmesurado y en sí mismo indoloro y de claro signo teatral. De allí la importancia de una correcta dirección en la puesta. Y en este caso hay una clara superación de Escobedo frente a su mismo trabajo del año pasado, en el que se nota la mano de Arguelles en lo textual, que pule y contiene en los momentos oportunos —incluso el final dando mayor congruencia a la propuesta.

En lo que hace a los personajes centrales —sobre todo Artemisa de la Flor y su marido— son (dentro de la escena) los productores de esos "monstruos del entorno", ya que, en definitiva, estos nacen de sus deseos reprimidos como seres individuales y de sus devaneos políticos como personas sociales, ya que ellos integran el poder en su aspecto más decadente. El terremoto, que hace notoria la invasión y colindancia del lumpen, se basa, por supuesto, en el hecho real, pero la distancia queda como un interesante efecto insertado por el autor para remarcar el sacudimiento de la conciencia frente al ingreso de los "indeseables". Necesidad y culpa frente al miedo y la vejez.

Rosita Quintana asume el protagónico, con interesantes momentos y un manejo provocador del personaje. Cuidado tan sólo en los "ríos de palabras", tan propios de Arguelles, que exigen un dominio muy preciso del texto. La acompaña Benito Perkulis, superando ampliamente al Ubaldo anterior y formando un buen dúo con la actriz. El único consejo sería matizar un poco más esa especie de enojo perenne, excesivamente gritado. Juan Carlos Beyer, en el hijo, mejora su propuesta anterior aunque no logra vencer totalmente lo opaco de su papel que se transmite peligrosamente del personaje al actor. Evelio Arias destaca en la creación del travesti mientras que a Mariana Karr se la ve insegura en su personaje sadomasoquista. Compacto el trabajo del coro, compuesto por Nora Velázquez, Juan Manuel Velazco, Víctor Beltrand y Francisco Alzúa.

En definitiva, una tarántula con ciertos tras tabilleos pero indudablemente mejor que la anterior y en condiciones de intentar picar el interés de nuestro público en esta temporada.