FICHA TÉCNICA



Título obra Sorpresas

Autoría Dan Goggin

Dirección Alejandro Oribe

Elenco Olivia Buzio, Maru Dueñas, Laura Luz, Marga Lopez

Espacios teatrales Teatro Fernando Soler

Referencia Bruno Bert, “Excepciones comerciales”, en Tiempo Libre, núm. 799, 31 agosto 1995, p. 32.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Excepciones comerciales

Bruno Bert

El sentido del humor del teatro comúnmente llamado "comercial" suele dejarme bastante indiferente, sobre todo por lo adocenado. Y si a eso le sumamos la frecuencia con que nos encontramos con actores deficientemente preparados o ya deformados por el pésimo uso del oficio, más una ausencia casi absoluta de lo que llamamos dirección, es claro que la visita a esa clase de espacios no me resulta demasiado grata, al menos en el plano artístico.

Veo pocas obras de ese tipo y casi siempre me desagrada el espectáculo. Claro que puede haber excepciones y es bueno dar con ellas, a veces un poco por casualidad. Me pasó este fin de semana, al cubrir Sorpresas de Dan Goggin, que se está presentando en el teatro Fernando Soler del Centro Teatral Manolo Fábregas.

El material suena muy de los sesenta y a las monjas liberales del inmediato pos conciliarismo que la publicidad y el cine intentó imponer en aquel momento, como estrategia de acercamiento de la iglesia a las capas más jóvenes y en esa época muy efervescentes. Naturalmente se trata de una comedia que se vertebra en apoyo a la imagen de las religiosas y a la idea general de compatibilidad entre la fe institucional y un mediano destrampe así sea imaginario, de visión un tanto coloreada y hollywoodense. Claro que lo que me pareció interesante no es esto, ni los niveles ideológicos, que en última instancia resultan absolutamente conservadores bajo traje liberal, sino la capacidad de mantener siempre atrapada la atención del espectador y además divertirlo a partir de las herramientas teatrales que director y actrices manejan con soltura en escena.

La buena destreza en el oficio siempre me atrae, ya que como decía Brecht, sin ella es imposible intentar un teatro que esté vivo.

Casi no hay una estructura anecdótica propiamente dicha, sino más bien una excusa para un show que las religiosas —las "hermanas menores de San Tito"— han preparado para el público presente, que así resulta inmediatamente involucrado. Pero resulta gracioso que esta excusa sea nada menos que la necesidad de recaudar fondos para el entierro de varias monjas muertas por intoxicación en la cocina del convento y a las que se tiene en la congeladora mientras se teme la visita de un inspector municipal, que podría multarlas por guardar cadáveres junto con la comida. Naturalmente es la provocación lo que atrae; la promesa, incluso explícita por parte de las actrices, de transgresión a la imagen tradicional a la que, sin embargó, por supuesto se termina rescatando plenamente. Entonces, en primer instancia el libro: un mero soporte para lo lúdico pero hecho con habilidad, con buen enganche para público, con algunas puntadas capaces de hacer sonreír y provisto de lo necesario para interesar a una asistencia familiar clase mediera. Luego, la dirección de Alejandro Orive, muy profesional dentro del género, muy ligera, apoyando sobre todo el ritmo del trabajo, no permitiendo ninguna caída y sin falsas tentaciones de ambiguo carácter artístico: práctico, efectivo y directo.

De la escenografía no es necesario hablar, como tampoco de la iluminación, porque en estos casos son estructuras estandarizadas e intercambiables que bien puede hacerlas cualquiera o se rescatan de los depósitos del teatro y ni siquiera figuran personalizadas en el programa de mano. Nos queda entonces la actuación. El elenco, exclusivamente femenino y extraordinariamente conciso, tratándose de una comedia musical, está encabezado por la Madre Superiora, asumida por la actriz Marga López a la que acompañan Olivia Buzio, Marcela Páez, Maru Dueñas y Laura Luz. Realmente se trata de un equipo parejo capaz de bailar, cantar, zapatear, actuar... y además hacerlo bien, con simpatía y en entera complicidad con los presentes. Cada una de ellas dispone de sus pequeños momentos de lucimiento personal dentro del espectáculo, como es habitual en la comedia musical, y lo aprovecha, estableciendo esa sólida base común que da interés al trabajo y marcando luego los matices diferenciales entre los personajes y también entre las respectivas habilidades de las actrices. En dos oportunidades bajan a platea y platican con los espectadores, les regalan estampitas y hasta rosarios, hacen bromas e incluso concursos de preguntas y respuestas, además de poner letra católica a una tradicional música judía en un "abierto" criterio sobre los credos. ¡Bah, que se ponen a los asistentes en el bolsillo y logran una despedida muy cálida al final! Y conste que había monjas reales en platea. No es de asombrarse: tanto la religión como el teatro han sabido sobrevivir a todo tipo de crisis. Evidentemente no es la primera vez que arman "alianzas estratégicas". Sólo que en este caso, al menos resulta divertido.