FICHA TÉCNICA



Título obra La cueva de Montesinos

Autoría José Ramön Enríquez

Dirección José Ramön Enríquez

Elenco Mauricio García Lozano, Juan Ybarra, Eugenia Farías

Espacios teatrales Centro Universitario de Teatro

Referencia Bruno Bert, “Gruta de cenáculo hermético”, en Tiempo Libre, núm. 789, 22 junio 1995, p. 38.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Gruta de cenáculo hermético

Bruno Bert

La cueva de Montesinos. Naturalmente, el nombre tiene por referente a la fantástica narración que hace Cervantes, en la segunda parte del Quijote, del descenso de éste al encantado espacio donde media hora se vuelve tres días, en asombrosa plática con medievales caballeros fijados allí por un maligno sortilegio. Pero lo que realmente importa es que la cueva -espacio reminiscente por antonomacia para el ser humano, a niveles tanto históricos como biológicos- se vuelve excusa para un juego de complicidades intelectuales que convocan al teatro como vehículo privilegiado para su confrontación con el público. Si esto es siempre pertinente, en el CUT, un centro formativo de actores, lo es mucho más, sobre todo porque ha sido construido por Enríquez conjuntamente con el grupo de alumnos de una nueva generación que egresa con este trabajo.

Entonces, La cueva de Montesinoses como un acertijo inteligente, complejo y no siempre traducible en sus significaciones inmediatas, que convoca sobre el escenario a un conjunto sumamente heterogéneo de personajes -entre los que podríamos incluir al propio autor- que esgrimen la ambigüedad como una de las normas de la búsqueda.

La construcción tiene reminiscencias de variados géneros, pero tal vez lo que más pueda acercarnos es la imagen medieval del teatro, donde en lugar de desarrollarse en un espacio previo, lo genera a través de la acción, en cuadros unitarios y consecutivos, de manera totalmente distinta a nuestra forma narrativa "moderna" y con una abierta teatralidad. Y tal vez es este concepto —el de una explícita teatralidad— el que prevalece, incluso bromeando a través de las nociones adquiridas en los periodos de aprendizaje recién concluidos por los jóvenes actores. Y así Brecht, Freud, Valle Inclán y muchos más, aparecen libremente mencionados junto con Calderón, no sólo por el "¡Ay mísero de mí...!" declarado en el programa de mano, sino sobre todo por el barroquismo de la construcción y la complejidad de místicas y libertades a la que constantemente se acude a través de Cristo-Quijote-Actor y sus acólitos víctimas victimarios.

También podemos decir que se trata de un multimedia y que éste empata con la comedia musical. O al menos a una reminiscencia muy libre de ésta. Aunque hay que admitir que los fragmentos de historia del cine que se rescatan en un par de escenas, compiten con lo que sucede en el escenario provocando un cierto grado de distracción. En fin, que el protagonismo está en la fiesta, en la transgresión y en la complicidad por los referentes, lo que naturalmente tiende a dejar en exclusión a los que no captan rápido de qué se trata.

Lo que personalmente me sucedió, fue encontrar el espectáculo equiparable a una plática sabrosa, heterodoxa y desordenada, vino de por medio y muchos gritos, con gente joven, llena de impulsos, confusiones, intereses y también errores. Una charla viva en donde el arte se vuelve como el transcurso de una vivencia-pensamiento. Y creo profundamente que de eso se trata el arte, todas las artes. ¿O acaso el cubismo no fue una conversación a gritos entre Picasso y Gris y el surrealismo una charada entre amigos talentosos, provocadores y desfachatados y muchas veces falsarios hasta los huesos? Y eso es válido, aunque a veces, como en este caso, el juego tienda al hermetismo y al cenáculo.

No se trata de un gran espectáculo, porque en realidad valida el proceso más que los resultados finales; se entusiasma con la pirotecnia y no con los altos hornos que funden y transforman; se queda en el ingenio, en el enlace, en la calentura más que en el amor. Pero no hay por qué pedir a todas las obras que sean monumentos imperecederos y, en cambio, sería sumamente saludable que todas fueran contagiosas y detonadoras de nuestros aspectos más bióticos, como se da en este caso con La cueva de Montesinos. Y claro, habrá quien comparta y quien no este trabajo, pero es bueno recordar que es una nueva generación de actores que emerge al medio y ésta es su primera voz pública o su postrer ejercicio de despedida con un director-maestro. Podemos cerrar con un texto del manco español de barbas de chiva que se halla en el espectáculo: "En la ética futura se guardan las normas de la futura estética y tres lámparas alumbran el camino: temperamento, sentimiento y conocimiento..."