FICHA TÉCNICA



Título obra Bang

Autoría Alejandro Aura

Dirección Alejandro Aura

Elenco Luis Mercado, Alejandro Aura, Benjamín Islas, Silverio Palacios

Escenografía Chac

Iluminación Chac

Vestuario Chac

Espacios teatrales Teatro Coyoacán

Referencia Bruno Bert, “¡Oh! aquel lejano oeste”, en Tiempo Libre, núm. 786, 1 junio 1995, p. 34.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

¡Oh! aquel lejano oeste

Bruno Bert

Una de las características fundamentales del teatro está en su capacidad lúdica; es decir, en su posibilidad de vincular la fiesta y la infancia, ya sea real o virtual; dos espacios directamente ligados con el crecimiento del hombre. Y es explotando esta dimensión de la escena que, Alejandro Aura —como autor, director, actor y posiblemente también como coproductor (pero afortunadamente con un nutrido elenco acompañándole en este acto de omnipresencia) —, estrenó ¡Bang!, en el teatro Coyoacán, de la Sogem.

Por supuesto, es una de cowboys que tiene como cómplice indispensable a Chac... en la escenografía, la iluminación y el vestuario. Una combinación entre dos creadores que ya habíamos visto en funcionamiento cuando Aura fuera responsable del área de Teatro y Danza de la UNAM, pero, ahora, incluso, con mejor fortuna.

El pequeño escenario se puebla de telones y trastos recortados que representan montañas y quebradas, ruinas, bares o trenes que serán indefectiblemente asaltados por los que desean el consabido oro que transporta... (Esta vez no fue la diligencia). Por supuesto, no faltan los pieles rojas, las tolderías y las pipas de la paz. Y ni qué hablar de los juegos de naipes y las mujeres; sean éstas las bailarinas del infaltable saloon o las apetecibles esposas de los guerreros apaches. Bueno, el hecho es que no falta nadie en esta narración de vaqueros que comienza como si fuera una película, es decir, con un pequeño adelanto de la historia y los créditos, en este caso en diapositiva, sobre pantalla, siempre con las ilustraciones de Chac...como base y unidad estética.

Clara y abiertamente parece .una añoranza (y un homenaje) al viejo cine de Tom Mix, con su ingenuidad, sus clichés y también la secuela cultural de imaginación y fantasía (e incluso la mordaz ironía sobre la relación entre yanquis y mexicanos, aquí explicitada y explotada a favor nuestro, por supuesto) que él mismo dejó en generaciones que ahora llegan justamente a la edad de Aura.

Naturalmente no vale la pena avanzar sobre las alternativas anecdóticas, ya que son un resumen de todas las que vimos una y otra vez durante años, con sus mismos personajes y sus constantes peripecias simpáticas e inverosímiles. Claro que también con el agregado de un humor propio de estos tiempos, sobre todo en lo político y en lo sexual. Un teatro ligero sumamente agradable, con muy buenas ideas, imágenes atractivas e ingeniosas resoluciones.... y una insoportable duración que echa a perder la mitad de lo logrado.

Antes mencionaba las películas de Tom Mix y también el juego de los niños —dos afluentes directos y explícitos en este trabajo que tiene como característica principal, su brevedad, así como su capacidad de asombrar, crear complicidad, hacer sonreír y también dejar un dejo de añoranza por lo que ya acabó... al menos hasta la próxima entrega en el viejo cine o la reunión con la pandilla del barrio en el baldío cercano. ¡Nótese que estoy evocando acciones en un mundo retrospectivo! Supongo que aquí venció el deseo de seguir jugando. Comprensible, pero lástima que eso aleja de complicidades y acaba por aburrir al mismo espectador que hubiera salido encantado de cortarle a la obra el cincuenta por ciento (¡No más de una hora por favor!) para este simpático émulo de los spaguetti western con salsa mexicana.

No voy a nombrar a todos los actores que intervienen porque son legión y, en general, todos lo hacen muy bien. Pero podemos destacar no sólo al omnímodo Alejandro, sino también a Silverio Palacios (al que me parece recordar en un muy acertado papel, dirigido hace un par de años por Pepe Caballero) convertido en un villano de caricatura, sumamente simpático y eficaz. Y también a Perico, el Payaso Loco, al que hacía mucho no veía actuar, y que aquí lo hace en una suma de roles con la velocidad de un corre-caminos; sobre todo en el indio cortador de cabelleras, ansioso por la bailarina pelirroja, interpretada por Mariana Velazco con gracia y buena figura.

¿Qué más puede agregarse? Tal vez cortar ese extenso material y transformarlo en episódico, como lo era el cine en aquel tiempo. Fuera de su duración, todo funciona y se agradece.