FICHA TÉCNICA



Título obra Tiro de dados

Autoría Gerardo Velázquez

Dirección Héctor Mendoza

Elenco Julieta Egurrola, Luis Rábago, Ricardo Blume, Omar Ramírez

Espacios teatrales Teatro Casa de la Paz

Referencia Bruno Bert, “Tiro de confusión”, en Tiempo Libre, núm. 785, 25 mayo 1995, p. 32.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Tiro de confusión

Bruno Bert

En La Casa de la Paz, se está presentando una obra de Gerardo Velázquez, bajo la dirección de Héctor Mendoza. Me refiero a Tiro de dados, una propuesta nada complaciente. Como en los últimos montajes de Mendoza, nos hallamos frente a la negación de la posibilidad de espectáculo; quiero decir, de ese entramado de imágenes que asombra, conduce y genera un juego que tensa y complementa el texto aquí, una vez más, la palabra reina y las sugerencias, nacen casi exclusivamente de ellas, aunque esto signifique un terreno ambiguo y brumoso para el espectador.

¿De qué trata la propuesta? No lo sé con seguridad. Posiblemente de un concreto quiebre de los paradigmas de conocimiento que hemos utilizado hasta el presente y un re encaje en el 'pensamiento mágico', como compensador de este tiempo de razón que cada vez más naufraga junto con el siglo. De allí tal vez los referentes utilizados, como la 'trajinera'; el Museo Nacional de Antropología y de esa muerte que no responde a las preguntas clásicas sino que, por el contrario, reformula otras sobre la realidad. Todo aparece impregnado con un hálito de impotencia ante lo mítico y una frustración frente a los pedestres límites de la cotidianidad. Tal vez el lector comienza a desorientarse, porque pareciera que en lugar de hablar de una obra de teatro, nos hemos puesto a divagar sobre una serie de abstracciones. Ocurre que algo así sucede también con Tiro de dados, ese juego reflexivo en un acto y ningún cuadro.El espacio —muy bien logrado, por cierto, a través de la participación de Arturo Nava como iluminador y escenógrafo— nos muestra un ámbito de transición que tal vez se encuentre a la entrada del museo mencionado y que puede ser resignificado de cualquier forma. Lo importante, en realidad, es que está totalmente rodeado de puertas y vanos, ubicándonos como en un corredor siempre hacia otra parte.

Sentimos físicamente que él hombre que allí se detiene, sólo lo hace en forma transitoria, sin que tengamos claro la orientación de su movimiento ni espacial ni temporal. A esta vaguedad, se le suma la de los propios personajes, actores en la pareja principal, que improvisan una supuesta obra que los contiene con los nombres que tienen los actores en la vida real. Es un juego invertido de cajas, donde asumir al personaje aparece como asumir a la persona.

Como verá, estimado lector, no avanzamos demasiado por el camino del teatro, y esto bien podría tratarse de una novela, ya que tanto la imagen como la acción, quedan supeditadas a una pura especulación intelectual-afectiva, en un juego que intenta involucrar al espectador pero que muy pocas veces lo logra. Es interesante dentro del plano especulativo, pero sumamente monótono como producto a compartir desde el pasivo espacio de una platea. Creo que más bien tiene las características de una ceremonia secreta que no llega a concretarse plenamente por exclusión de los invitados.

Aquí Mendoza se halla, a partir justamente de estas predilecciones, no tanto en la habilidad consumada que le viéramos en sus últimos trabajos. Siento que en Tiro de dados paradójicamente el director (supremo ordenador de un espectáculo), intenta realizarse, negándose, lo que da como resultado una obra confusa, excesivamente intelectualizante, con demasiadas "puertas" a medio abrir y cerrar, incluso, con los actores. Tenemos a cuatro: Luis Rábago, Julieta Egurrola, Ricardo Blume y Omar Ramírez. Los dos primeros fungen como protagónicos; Blume como un profesor suicida, padre de Julieta, y Ramírez como guardia y, posiblemente, también hermano de la misma. Hay como un vacío de composición en los protagónicos. Una experiencia extraña porque he visto en más de una oportunidad a un actor interpretarse a sí mismo, y no pareciera el caso, al menos no exactamente. Son dos excelentes intérpretes que parecen como vaciados. Blume es quien se perfila más entre los cuatro y el guardia resulta como una sombra, pertinente, pero sin demasiado peso.

En fin, no me quedan claras muchas cosas...y la confusión tampoco me parece como una posibilidad fértil, a juzgar por los resultados. Posiblemente se trate de una "flecha en vuelo", es decir, de una idea que el autor o los autores están elaborando y por ende sólo nos muestran un producto de transición. Confío en el equipo, pero el espectáculo en sí me deja fuera del juego y del goce por ese juego siempre apasionante que debe ser el teatro. Otra vez será.