FICHA TÉCNICA



Título obra El juego de la pasión

Autoría Peter Nichols

Dirección Mario Espinosa

Elenco Angélica Aragón, Daniel Giménez Cacho, Fernando Balzaretti, Laura Almela, Norma del Rivero, Pilar lxquic Mata, Lino Von Saenger

Escenografía Gabriel Pascal

Espacios teatrales Teatro Helénico

Referencia Bruno Bert, “Lo clásico vuelve por sus fueros”, en Tiempo Libre, núm. 784, 18 mayo 1995, p. 28.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Lo clásico vuelve por sus fueros

Bruno Bert

El tema de la triangulación en la pareja es uno de los más viejos del mundo, y si no preguntemos a la Biblia; pero es claro que cuando el discurso estrictamente social decrece en el arte como ahora, por ejemplo: Adán, Eva y La Serpiente vuelven a instalarse con mil caras en los escenarios del mundo. Al hombre le encanta el espejo intimista, y si es burgués mucho más.

Aquí, en nuestro medio, acaban de estrenarse varias obras centradas en los conflictos que conlleva esta primaria célula social, algunas con el deseo explícito de captar un público que la crisis vuelve evasivo para el teatro. Una de ellas es El juego de la pasión, del inglés Peter Nichols, bajo la dirección de Mario Espinosa, en la sala grande del Helénico.

La estructura dramatúrgica plantea a una pareja cincuentona. Ella relacionada con la música y él con las artes plásticas, especialmente con la restauración de cuadros. Y el medio social que los contiene: una burguesía acomodada, compuesta de artistas, dilettantes y galeristas, seres que manejan el chisme a nivel de pasión complementaria a la tarea artística. Naturalmente, después de tantos años, todos han notado en la pasión efímera de los demás, en relaciones de un secreto que la más de las veces es a voces. Muy al estilo de Traición, de Harold Pinter, que bien podría ser el maestro conductor.

Aquí, la tentación se viste de una joven y provocadora viuda que raudamente se lleva a la cama al marido de la pareja protagónica... sin excluir la posibilidad de incorporar a la esposa en el mismo affaire. Las circunstancias de esta relación componen la estructura anecdótica, mientras que los temas se centran en la crisis de edad en la pareja burguesa y los valores que ésta es capaz de manejar, quedando claro que en definitiva los rangos individuales de libertad de acción y pensamiento son realmente mucho menores de lo que solemos suponer: pensamos y reaccionamos sobre todo como producto social, aún si estamos dentro del club de los intelectuales. En este sentido la pieza da un interés renovado al viejo tema, mostrando algunos clichés de comportamiento que la lucidez de criterio de los protagonistas haría impensable.

Hay una constante apelación al humor y la ironía, lo que aligera el tono y presta ritmo a la obra, con un recurso suplementario que si bien no es nuevo, resulta suficientemente poco utilizado como para verlo con placer. Me refiero a la duplicación de los protagónicos con dos actores más jóvenes, que funcionan como alter ego simultáneos de cada uno, capaces de expresar las sub textualizaciones sin tapujos, como pensamiento y deseos que el otro no alcanza a percibir. Esto quiere decir que Espinosa, como director, recibió un rico material para instrumentar, a nivel de montaje, una comedia de pronta conexión con el público.

Gabriel Pascal, como escenógrafo, diseña un espacio amplio, al mismo tiempo casa y taller de trabajo, al que agrega algunas "trampas" evidentes, que juegan sobre la misma línea de los personajes duplicados. Lo suyo resulta efectivo... aunque se nos desmesure un poco la enorme escalera. Y es aquí, en este ámbito, donde la dirección da vida a la obra de Nichols. Recordando las puestas en escena anteriores de Espinosa, pienso que tal vez no sea la más profunda, pero sí seguramente la más sólidamente profesional, afinada en cada una de sus partes y con buenos resultados globales.

Los protagónicos están asumidos por Angélica Aragón y Fernando Balzaretti, acompañados por Daniel Giménez Cacho, Laura Almela, Norma del Rivero, Pilar lxquic Mata y Lino Von Saenger.

Buen trabajo, sobre todo, de la pareja principal, jugado con matices y muy adecuados al rol que desempeñan. Los demás, parejos en su rendimiento, pero con algunas estridencias que tal vez convendría limar como ajuste. Tal vez esto se dé, con apoyo de la dirección, en el correr de las primeras semanas.

En definitiva, El juego de la pasiónse nos presenta como una alternativa ágil y actualizada de un teatro que podríamos llamar "tradicional"; dé ese al que podemos rastrear a lo largo de todo este siglo que ya concluye a través de vestuarios y formas que tal vez abriesen dramaturgos como Bernard Shaw hace ya cien años. Cambiando de piel, lenguaje y entorno coyuntural, se mantiene incólume hasta hoy, como la pareja social que lo justifica. Cuando las vanguardias toman recambio, lo "clásico" vuelve por sus fueros. Está bien...si está bien hecho, como en este caso.