FICHA TÉCNICA



Título obra Naturaleza muerta y Marlon Brando

Autoría Humberto Leyva

Dirección Martín Acosta

Elenco Mónica Dionne, Esteban Soberanes, Luis Artagnan

Referencia Bruno Bert, “Más allá de lo visible”, en Tiempo Libre, núm. 783, 11 mayo 1995, p. 31.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Más allá de lo visible

Bruno Bert

En el espacio de La Capilla —donde ya viéramos de él otro trabajo hace varios años Martín Acosta acaba de estrenar como director Naturaleza muerta y Marlon Brando, sobre libro de Humberto Leyva. Se trata de la primera obra de este joven autor que hasta ahora fungiera como intérprete, aunque en lo personal no me haya tocado apreciarlo en ese rol. El tema de su opera prima es, una vez más (hablábamos de esta reincidencia temática en nuestro medio en una crítica reciente), la pareja.

Claro que en este caso se trata de un hombre que es eje de dos relaciones: con otro hombre y con una mujer. El material resulta estimulante, al menos como está montado, por lo que en una primera visión no me queda muy claro cuánto atribuirle en virtudes al autor o al director en forma autónoma. Lo que parece seguro es que se da una buena amalgama entre ambos para un producto no convencional al que tal vez podríamos hallarle algunas raíces de carácter surrealista. No tanto en lo evidente, sino por el juego de posibilidades simbólicas que admite, permitiendo que el discurso abierto por los autores —dramaturgo y director se complete at libitum en la imaginación del espectador. De hecho, la acción sucede en la cocina de un departamento de la colonia Roma en la actualidad.

Una cocina despojada donde no hay más que un par de sillas, una mesa y una lámpara que, incluso, tienden a huir de nuestra mirada buscando un origen, literalmente, más allá de lo visible. Como es natural, podemos jugar con el valor de esa "cocina" para establecernos al interior de, tal vez, el único personaje real que es el dueño del departamento y, por ende, de ese espacio de doble significación tanto erótica como intelectual. Es allí, siguiendo estos criterios de interpretación posible, donde se dará esa "naturaleza muerta" de la que habla el título; es decir, esa amputación o intento de tal, de una parte de la propia naturaleza, en este caso el área homosexual de sí mismo, vivida como la más poética, la más libre y, por ende, también la más amenazadora (al menos en apariencia) frente a los requerimientos de la cultura posiblemente de origen europeo-español, heredada y heterosexual.

Es interesante remarcar algo que ya habíamos notado en montajes anteriores de Martin Acosta: creo que lo que realmente interesa de él es que está generando una estética y articulando un lenguaje gay que, de alguna manera se vincula con los intentos anteriores de otros artistas, nacidos éstos simplemente dentro de un panorama de oposición al rechazo social que esta opción afectiva puede provocar. La originalidad de Acosta es crear, desde el interior, y no pensar desde la cabeza ajena. Hecho, como todos los importantes, aparentemente obvio, pero de ninguna manera ejercido hasta el presente, al menos con los intereses y perspectivas de su generación.

Yo llamaría al suyo —como búsqueda de continuidad y no sólo en este espectáculo de un teatro de umbral, ya que articula, con inteligencia, dos espacios vivenciales permitiendo ubicarnos en ese ámbito transicional sin importar cuál es nuestra propia preferencia o ubicación afectivo-ideológica, reconociendo lo que nos es habitual desde una luz que resulta, al mismo tiempo, simple y novedosa. De allí su capacidad de captar en estos momentos la atención y el interés de los espectadores y los críticos. No se trata de un hecho intrascendente aunque pudiera resultar coyuntural. Lo interesante es que está y podemos apreciarlo. De allí también que el espacio de sus trabajos tienda a ser muy despojado y concebido por el propio Acosta y el plantel de sus actores se nutra entre gente joven.

En el caso de Naturaleza muerta...el protagónico se halla en manos de Luis Artagnan, al que ya hemos visto en otras oportunidades, si mal no recuerdo vinculado al teatro universitario. Junto con él, en igualdad de importancia en cuanto a intervenciones y labor, están Mónica Dionne —que nos gustara mucho el año pasado en Oleanna— y Esteban Soberanes, en una labor donde me pareció ver especialmente la mano del director en cuanto a concepción y dibujo.

Un trabajo de los tres, lleno de interesantes imperfecciones. Quiero decir, que en la puesta anterior de Acosta habla un lucimiento de actores; aquí, en cambio, hay un material más homogéneo y lógico por el tipo de propuesta que se trata. Todavía restan algunas complacencias con el cuerpo, a pesar que se va encontrando —más allá de estas debilidades— una forma de abordarlo que lo hace claro pero sin obviedades. Una atractiva miniatura escénica.