FICHA TÉCNICA



Título obra Entre piernas

Autoría Michael Fray

Notas de autoría Flavio González Mello / adaptación

Dirección Carlos Warman

Elenco Lourdes Villarreal, Farnesio de Bernal, Álvaro Guerrero, José Carlos Rodríguez, Dobrina Liubomirova, María Luisa Vázquez, Bárbara Eibenschutz, Rodrigo Vázquez

Escenografía Carlos Trejo

Iluminación Carlos Trejo

Espacios teatrales Teatro Julio Castillo

Referencia Bruno Bert, “La ironía de la risa”, en Tiempo Libre, núm. 782, 4 mayo 1995, p. 29.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

La ironía de la risa

Bruno Bert

En el teatro Julio Castillo se acaba de estrenar la obra del escritor británico Michael Frayn Entre Piernas (Noises Off), bajo la dirección de Carlos Warman. El libreto toma como base el montaje de una típica comedia de enredos por parte de una compañía de teatro comercial, desarrollando en forma paralela y satírica todos los clichés que caracterizan a este tipo de montajes al vapor y el correlato que esto tiene con las relaciones amorosas y conflictivas entre los integrantes del elenco. Así, el título de la adaptación mexicana (a cargo de Flavio González Mello y del mismo Warman), termina haciendo un doble juego de referencias a la teatralidad y al erotismo simple y chabacano que campea en ciertos títulos "con gancho".

En realidad, lo que va mostrando es una homologación entre un tipo de teatro y un tipo de vida que terminan siendo tan coherentes entre sí que acaban confundiéndose en una especie de caos indiferenciado hacia el final del espectáculo. Tan intrascendente y superficial es el desempeño de los actores como el de los personajes. Tal vez es justamente esta capacidad de generar humor y cuestionamiento simultáneo, al interior mismo del escenario, lo que le abrió las puertas de los teatros del INBA, afortunadamente no muy frecuentados por "comedias ligeras" que tienen en nuestro medio variados espacios ya tradicionales. A niveles de autoría, lo que cojea es la extensión global del trabajo, sobre todo por el mantenimiento largos párrafos de ¡Todos juntos ya!, la comedia supuestamente representada por el elenco ficticio. Si bien para lograr la homologación de la que hablábamos arriba, es necesario mostrar parte del falso libreto en escena; respecto a éste, siento que se extiende mucho más de lo conveniente, puesto que no tiene interés en sí mismo, ni tan siquiera la verosimilitud mínima que nos permita seguir con placer el contenido del juego de cajas; recurso que tanto entusiasmara a Shakespeare y a las comedias de su tiempo. Así, se suceden momentos de interés por la burla al constante estereotipo, combinados con secuencias ramplonas que hacen decaer la atención general, ya que la obra real termina en un nivel cercano a la que sirve como objeto de sátira. En el segundo acto sucede algo similar, en cuanto que la extensión mina el efecto de los gags.

En esta parte el juego de los ritmos es primordial y llega a ser enloquecedor, pero también interminable, como una película cómica muda pero sin la indudable sabiduría de su brevedad.

Carlos Warman se vuelve esencialmente orquestador de ritmos, como un mago que cuidó las entradas y salidas de sus conejos y palomas de la galera, por aquello que decía Aragón de que "Lo bello es lo inesperado". No hay mucho más qué hacer, y esto es bastante, por la complejidad que implica... aunque no suficiente a la hora del recuento final donde efectivamente nos queda mucho más ruido que nueces.

Con este concepto lúdico de montaje, Carlos Trejo (responsable de la escenografía e iluminación) diseña uno de esos ambientes impersonales a dos plantas que comúnmente encontramos en las comedias comerciales; sólo que en este caso, durante el segundo acto, el aparato escénico se invierte y podemos verlo desde su parte posterior, cambiando en forma simple pero ingeniosa la posición tradicional del espectador en el momento de función, con lo que esto debiera implicar para el mismo.

El elenco cuenta con una decena de actores, algunos de larga trayectoria. Patricio Castillo asume al director en la ficción, entre simpático y vale madrista; con Lourdes Villarreal, Farnesio del Bernal, Alvaro Guerrero, José Carlos Rodríguez, Dobrina Liubomirova, María Luisa Vázquez, Bárbara Eibenschutz y Rodrigo Vázquez como elementos a conducir en la comedia y, en algunos casos, también en su vida privada, ya que resulta ser un Don Juan, coincidiendo con el cliché tradicional de los directores comerciales. El grupo es bastante homogéneo, sosteniendo bien la estructura y el juego de roles que van mimetizándose. Tampoco aquí hay demasiado donde hincar el diente, ninguna composición especialmente ingeniosa o memorable, sólo un rutina de actor cómico en este juego de puertas que se abren y cierran constantemente sin que ciertamente pase nada sustancioso.

Resulta muy simpático el programa de mano ,ironía ,él mismo que, como el título, complementa perfectamente la obra y sus intenciones con sus pequeñas biografías "estelares", sus agradecimientos absurdos y comentarios ridículos. En lo personal creo haberme reído más leyéndolo que viendo el espectáculo. Lo cual indica que la orientación global es efectiva y correcta pero tal vez en porciones excedidas; y sin un ajustado calibraje final.