FICHA TÉCNICA



Título obra Vincent... autorretrato

Autoría René Pereyra

Dirección René Pereyra

Elenco Gabriela Murray

Escenografía Jarmila Maserova

Espacios teatrales Teatro Actores del Método

Referencia Bruno Bert, “Ilustración de la locura creadora”, en Tiempo Libre, núm. 781, 27 abril 1995, p. 29.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Ilustración la locura creadora

Bruno Bert

En nuestro espacio teatral, donde constantemente surgen nuevas alternativas en cuanto a propuestas grupales, son pocos los que logran, como organización, una persistencia que llegue al décimo cumpleaños. Los Actores del Método acaban de alcanzar esta cota, y para festejarla montaron en su sede en La Condesa un espectáculo del que es autor y director René Pereyra, el fundador colectivo.

Su nombre es Vincent... autorretrato. Por supuesto se trata de la vida de Vincent Van Gogh (1853- 1890), como de inmediato las dos palabras sugieren todo de las cartas a su hermano Theo. Sin embargo lo de "autorretrato", también puede entenderse hacia el propio Pereyra en tanto creador, en el sentido en el que el trabajo postula que todo artista contiene una cierta dosis de locura, sin que aquí se profundice sobre lo que esto realmente significa fuera de ese lugar común del habla cotidiana.

Quiere decir que el espectáculo intenta vertebrarse sobre dos ejes: la relación, entre creación y locura, y la biografía del pintor holandés. Prevalece claramente el segundo, es decir lo narrativo- biográfico como fundamento esencial, sólo intercalado una con reflexiones sobre la demencia y el arte. Para esto, Jarmila Maserova que tradicionalmente funciona como escenógrafa del grupo, adaptó el pequeño espacio con grandes imágenes tomadas de los cuadros de Van Gogh. Y sobre esta amplia superficie, articuló una serie de ventanas y puertas, que al abrirse, dejan formados en su vano -con actores- los cuadros que representan los distintos autorretratos del pintor, enmarcados por segmentos de girasoles, muebles y aquellos objetos cotidianos y de paisaje, que reflejó en sus pinturas, sobre todo las de Arlés, en sus últimos dos años de trabajo y de vida. Una atractiva labor de ambientación.

Así como el espacio es único y se resignifica tan solo mencionando los tiempos y lugares de la acción; así también los actores visten todos una bata y gorra de internado decimonónico, sobre la que colocan pequeños aditivos para asumir a los distintos personajes que cada escena requiere. Todos, hombres y mujeres, son consecutivamente (y a veces también al mismo tiempo) Van Gogh y el o los individuos con quiénes éste va viviendo los momentos más significativos y dramáticos; mientras que el conjunto de los rostros aparece maquillado con la misma técnica entre impresionista y expresionista que el pintor usaba en sus retratos.

Tomada como propuesta, Vincent... resulta interesante, porque es capaz de lograr la traslación teatral del clima en el que suponemos inmersos a los que habitualmente llamamos locos, y de rescatar una poetización sobre el entorno de Van Gogh. Sin embargo, a este primer resultado alentador y que se da de inicio, le falta una progresión, un crecimiento que evite la mera ilustración de las distintas circunstancias de su vida, siempre sobre un tono repetido y constante.

A su vez, esta historia ordenada cronológicamente, pareciera perder la perspectiva desde la cual es rescatada, es decir que la tesis de vinculación entre locura y acto creativo queda apenas postulada, sin la visualización de alternativas en el discurso psicológico o filosófico, con su consecuente correlato de imágenes. Y así planteada, la narración se vuelve simplista y pierde vuelo, se desgasta sobre su materia prima, transformándose en una acumulación de anécdotas más o menos previsibles, no alcanzando la intervención de un personaje simbólico-poético (un señor muy viejo con unas alas ni los pocos comentarios extrapolados, para suplir esta carencia.

El trabajo de los actores es solvente, tal vez con algunos desniveles, pero creo que es la dirección la que presenta realmente dificultades sobre un planteamiento de base que, seguramente, daba mayores alternativas. Como ya dijimos otra vez. Pereyra resulta mejor maestro que director. La decena que jóvenes integrantes se entrega de buena ley rindiendo seguramente según su capacidad y también su altura en el proceso formativo o de adecuación a las técnicas vivencia-les que manejan en el grupo.

Las preguntas fundamentales siguen en pie, ¿Es una idea romántica la que vincula los "desordenes emocionales" y la creación artística? ¿Toda transgresión creativa implica alteraciones que podrían ser consideradas patológicas? y, por sobre todo ¿cuánto hay de retardatario en esas posturas que comercializan pero también vuelven inocuas las terribles tensiones de los genios alterados como Van Gogh?