FICHA TÉCNICA



Título obra A los cuatro vientos

Autoría G. Rosas Suárez

Dirección Mario Ficachi

Elenco Guido Rosas, Paco Roustand

Espacios teatrales Foro La Gruta

Referencia Bruno Bert, “Mariposas de vuelo limitado”, en Tiempo Libre, núm. 779, 13 abril 1995, p. 24.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Mariposas de vuelo

Bruno Bert

Una de las principales características del teatro es su capacidad para volverse elemento de identificación para el espectador. Ver, reconocer y reconocerse. Y a través de esto, jugar a la complacencia o intentar el cambio. Esa es la base.

Reflexiono sobre esto, porque acabo de ver otra obra —hay varias en cartelera— que tiene por tema el amor homosexual y el sida. Se trata de A los cuatro vientos, de G. Rosas Suárez, bajo la dirección de Mario Ficachi, un interesante director que procede de nuestro teatro independiente.

Ni la anécdota, ni el lenguaje literario ni la estructura de montaje se hallan particularizadas por algo especialmente destacado. Más bien se plantean como eficaces vehículos de las propuestas conceptuales del autor. Y esto merece una reflexión. Es claro que nos hemos acostumbrado rápidamente a encontrar el tema de la homosexualidad en los espacios teatrales, tratado éste como una opción afectiva perfectamente válida y sin tener que pedir perdón por ello o justificarlo como una especie de condena genética. Pero hace apenas una generación atrás, mostrarlo así era bastante irritante para la moral clase mediera. Clase que es la principal consumidora de teatro en nuestro medio defeño. Es natural entonces, que todavía se encuentre mezclada en la visión de estas obras una cierta complacencia de auto reconocimiento, un cierto reafirmar posiciones sobre los prejuicios remanentes; sobre todo, por parte de la minoría gay, que a su vez asiste con gusto a estos trabajos y aquí es bastante amplia y significativa.

Sin embargo, es evidente que esto no resulta suficiente a la hora de juzgar la calidad de un espectáculo, y es necesario dar un paso más para transformar lo que en sí se muestra como un hecho sociológico, en un verdadero evento artístico. Decíamos que el otro elemento, que suele acompañar al tema homosexual con cierta frecuencia, es el sida. Esto es paradójico ya que esa "enfermedad de maricones", como aparece llamada en otro montaje de similar temática, ha sufrido un verdadero retroceso entre los homosexuales, mientras que se halla en expansión en áreas como las amas de casa, por ejemplo. Esto demuestra un cierto anacronismo en los escritores que siguen insistiendo en la vinculación permanente de ambos temas. Prevención válida por un lado y recurrencia en los clichés por otro. De todas maneras, al igual que el caso anterior, también es justificable y comprensible un empeño didáctico de difusión de los principios de cuidado y tratamiento de esta enfermedad mortal. Pero también esto está un paso antes que el hecho creativo y se halla más en el plano de la profilaxis y la salud que del arte. Es decir, que lo artístico no se deja reducir a un simple medio para la difusión de lo que sea. Y, si no, recuerden el caso de lo político y lo lamentable de esas obras de barricada que soportábamos hasta hace quince años, en nombre de la revolución y la libertad de los pueblos. El arte se entrelaza con todo, pero no se subordina a nada. Y es importante tenerlo en cuenta a la hora de decidir nuestros objetivos como artistas o activistas prácticos de nuestras ideas.

A los cuatro vientos nos narra el encuentro y desencuentro de una pareja gay. Las alternativas habituales de ligue en un bar o en una disco, el enamoramiento, las promesas, la convivencia, las infidelidades (que terminan por producir la enfermedad) y la separación final con su corolario. Y no está mal contado, sólo que su vuelo es muy limitado por la inmediatez. Pienso que Mario Ficachi, como director responsable, se demuestra hábil en la conducción de los actores y en manejo general del espectáculo. Ocurre simplemente lo que ya hablamos. Pregunté a la salida a un espectador su opinión y me dijo haberle impactado profundamente. Quise saber el motivo: "Porque me vi reflejado como gay. Y, además, tengo amigos que se están muriendo de sida". Le pregunté si le hubiera interesado la misma obra sustituyendo a uno de los hombres por una mujer y al sida por cáncer. Me miró asombrado y contestó un no rotundo.

Los intérpretes son Guido Rosas y Paco Roustand, en un espacio prácticamente vacío en contacto inmediato con los espectadores. Una tarea correcta.

En fin, no hay mucho que agregar y creo que posiblemente se trate de un trabajo que guste a la minoría para la que fue creada, que la premiarán con su presencia. Cumple objetivos concretos y lo hace con honestidad. En lo demás, nos queda la apetencia de una visión más profunda sobre las disyuntivas humanas frente a los sentimientos y las responsabilidades.