FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios del autor sobre los espectáculos y presentación del himno nacional en los teatros de la capital con motivo de las fiestas patrias e invitación de Carlos Prieto al estreno de Otra vez el diablo de Alejandro Casona

Referencia Armando de Maria y Campos, “La noche del 15, áncora de salvación. Cómo se cantó el Himno en el Arbeu y Bellas Artes. Alegría por el grito en todos los teatros. Otra vez el Diablo”, en Novedades, 8 septiembre 1949.




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Novedades

Columna El Teatro

La noche del 15, áncora de salvación. Cómo se cantó el Himno en el Arbeu y en el Bellas Artes.Alegría por el Grito en todos los teatros. Otra vez el Diablo

Armando de Maria y Campos

Los empresarios metropolitanos, tranquilos y confiados en que el público mexicano no es capaz de romper su tradición patriótica de "dar el grito" en su teatro favorito, y por esto año con año llena las salas de espectáculos, y paga, a veces, precios exorbitantes –como esta vez en el Follies: $ 20.00 luneta– se limitaron, con la sola excepción del Arbeu, que sí presentó un espectáculo nuevo, a organizar programas sin más atractivo que los artistas huéspedes que a las 11 en punto cantarían, en unión de las compañías actuantes, las estrofas del Himno Nacional de Nunó y Bocanegra...

En el veterano teatro Arbeu –que el año próximo cumple 75 años, y que será motivo de un largo homenaje por las autoridades de la ciudad, público y artistas–, la compañía de Pepita Embil, única que ha logrado ver favorecido su espectáculo por un público que noche a noche llena la sala, repuso dos zarzuelas de abolengo La dolorosa y Los claveles, y organizó un acto mexicano durante el que Pepita Embil, la garbosa tiple vasca ya tan mexicana, dijo magistralmente una poesía sobre "el rebozo", de Gregorio de Gante como elemento central de una divertida composición escénica. A las 11 en punto se cantó el Himno Nacional por la Embil, la Ramallo, Rosa María Rivas –cuyo verdadero nombre es Carmita Vázquez–; Florencio Calpe, Jesús Freyre, Guillermo Palomar, Manuel Castell, Plácido Domingo, cada uno en distinta estrofa, secundados por los magníficos coros que tan acuciosamente han organizado los maestros, Rosado y Muguerza. Una emoción y una alegría indescriptibles encendió y sacudió el gran teatro Arbeu como en sus mejores tiempos; la emisora de Arsenio Tuero que difundió a todo México este acto, y llevó hasta los más remotos confines de la república el extraordinario suceso, que contó con la colaboración de una gran público, español y mexicano unido por idéntica efusión, que llenaba en todas sus localidades y pasillos el coliseo; cada espectador ondeando una fina banderita tricolor, exitándose desde todas las localidades al arrojarse cientos de serpentinas multicolores, haciendo sonar los pitos de ocasión, ensombreciendo la sala durante una relampagueante batalla de confeti, que, sin hipérbole, cubrió a los espectadores de las localidades bajas y amenazó con sepultar en la escena, bajo cientos de miles de disquillos de color a los artistas de la Compañía Embil, cuya titular parecía pedir paz al entusiasmo unánime, ondeando con gallardía femenina el lábaro tricolor de los mexicanos libres.

Siguió en importancia al "Grito" dado en el Arbeu por la Embil, el que en el Bellas Artes dieron los jilgueros oficiales después de cantar la ópera Mefistófeles, de Boito. Cantaron las estrofas del Himno Nacional, Irma González, Celia García, Concha de los Santos, Roberto Silva y Joaquín Alvarez; la Orquesta Sinfónica Nacional y los Coros del Conservatorio, bajo la dirección de Luis Sandi, contribuyeron a darle al acto una solemnidad imponente.

Los cuatro teatros de comedia suspendieron sus representaciones para que artistas huéspedes cantaran el Himno. En el Fábregas, Esperanza Iris y Paco Sierra; en el Iris, Fernando Fernández y Lupita Palomera; en el Ideal, Raquel de la Torre, y en la Sala Latina, Beatriz Ramos, Teté Cuevas, el mariachi Vargas y el trío Los Rebeldes. En el Fábregas se representa La muerte en vacaciones de Alberto Casella, por Prudencia Grifell y Carlos López Moctezuma; en el Iris, Un tranvía llamado Deseo de Williams, por María Douglas; en el Ideal, El infierno de Paso y Abati, por la compañía de Carlos Lavergne, y en la Sala Latina, Teatro de Maugham, por Blanca de Castejón.

En los cuatro teatros frívolos intervinieron todos los componentes de sus heterogéneos elencos para entonar, alternándose, las estrofas de Bocanegra; en el Lírico, María Conesa, Irma Vila y sus mariachis, y Antonieta de Lorca; en el Follies, cantaron las estrofas Gloria Cosío, Tanis Lugo y el chanssonier francés Jorge Ulmer; la "exótica" Tongolele, vestida "de noche", hizo ondear la bandera tricolor únicamente. En el Tívoli, toda la compañía de Manccini coreó las estrofas que cantaron Emilio Tuero y Los Panchos, y en el flamante teatro Margo fue una italiana, Rina Valdarno, la que cantó la estrofa inicial de nuestro himno: "Patria, Patria, tus hijos te juran..." En el gran centro nocturno El Patio, los flamencos hicieron "mutis"; don Vicente Miranda no se atrevió a presentar el Himno Nacional de México por bulerías o soleares, y cubrió su programa con un "mosaico lírico coreográfico mexicano", producido por el coreógrafo Rafael Díaz y titulado Así es México, cantando en tiempo oportuno las estrofas del Himno la joven soprano mexicana Josefina Garfias. Para esta "brillante e inolvidable noche mexicana" don Vicente Miranda preparó un "selecto menú internacional con vinos y champañas franceses".

En tanto que los empresarios metropolitanos, alegres y confiados preparaban sus programas para "la noche del 15", el Diablo continuaba apareciéndose en el salón de lecturas del Casino Español, de la ciudad de México, a propósito de los lunes lectivos –gran ciclo dramático universal– a cargo del insuperable lector que es Florisel.

Con El mágico de Calderón, y el Fausto de Goethe, hemos dado fin –dice Carlos Prieto en la invitación para asistir a estos lunes lectivos–, hemos dado fin a la lectura de los más famosos diablos, teólogos y magos, que pasan, haciendo de las suyas, por la escena de la preocupación universal. Pero hay un diablo nuevo más tratable, más humano, más comprensivo, que nos dulcificaría agradablemente el paladar, quitándonos ese resabio a azufre que nos han dejado otros. Este simpático diablo, postre o fin de fiesta se llama Otra vez el diablo (en tres gratas jornadas y un buen amanecer) y es del moderno poeta español Alejandro Casona. Un diablo ingenuo, infantil, lleno de buena gracia lírica, que ayuda a los hombres generosamente, sin pactos con firmas de sangre, y que nos pone a bien con el diablo, con Dios y con la vida; un diablo, en fin, como para contar con él y regocijarnos de haber nacido. Invitamos a usted nuevamente a esta última entrevista con el "buen diablo" los días lunes –como siempre– 12, 19 y 26 actuales, a las 19 horas. Allá nos veremos como todos los lunes...